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Ejemplos de oraciones con la palabra sabían

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sabían en el contexto de una oración.

Término sabían: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sabían" aquí tienes una selección de 67 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sabían para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Sabían a qué atenerse.
  • Todas las vecinas lo sabían.
  • No sabían más que discutir.
  • Las pobrecillas ya sabían vivir.
  • Ya sabían que era una buena mujer.
  • Le sabían a gloria a la del Banco.
  • Se sabían muchos escándalos nuevos.
  • ¿No sabían las otras á quién esperaba?
  • Muchos no sabían que era de otra provincia.
  • Esto lo sabían hasta los perros de la calle.
  • Lo sabían ellas por una dolorosa experiencia.
  • Ya sabían dónde estaba el tocador para tales casos.
  • Los adoradores de la viuda lo sabían y le envidiaban.
  • Todos sabían que aquél era el vicio de doña Visita.
  • Joaquín y Obdulia sabían que todo el mundo era patria.
  • Ellos, que sabían el misterio, apretaron conmigo, diciendo.
  • Ya sabían que la dueña de la casa arreglaba bien las cosas.
  • Las virtudes que había allí sabían defenderse a bofetadas.
  • Empezaban a sentirse avergonzados y no sabían por dónde tirar.
  • Pero muchos capitanes no sabían usarlos y navegaban a la antigua.
  • ¡Vaya unos chicos atentos! ¡Cómo sabían obsequiar a las muchachas.
  • Aquellos cinco céntimos que ahorraba de esta manera, le sabían a gloria.
  • Nuevas sin duda, pues no sabían que aquella tarde no se sentaba don Fermín.
  • No sabían si era un Fidias o un Praxíteles, pero sí que era una real moza.
  • El viejo dejaba hablar á los hijos, que sabían expresarse con más energía.
  • Obra suya era aquel lujo, y había que reconocer que las niñas sabían lucirlo.
  • Todos sabían que llegando el viejo con su ganado había un par de horas de asueto.
  • Esto era todo lo que las tías sabían del novio que se les preparaba a escondidas.
  • Y todos sabían que aquel gesto de señalar a la puerta y tales palabras significaban.
  • Estas humildes devotas ya sabían cuáles eran los días de descanso para el Magistral.
  • Ellos ya sabían lo que había más allá, ya habían resuelto el gran problema de Hamlet.
  • No sabían adonde ir, y al fin, insensiblemente, sin ponerse de acuerdo, encamináronse allá.
  • ¡Ya lo sabían! estaban en confianza y había que respetar las costumbres que todos conocían.
  • Y los calaverillas de la Bolsa, que sabían lo de la riña, le enteraron con una exactitud cruel.
  • Ya sabían en la huerta que el pobre padre había muerto en el presidio de Ceuta hacía dos años.
  • Nuestros vecinos sabían el proyecto, y esperaban ver el resultado, como en una función de teatro.
  • Insistió más la otra en dejarlo en manos que tan bien lo sabían aumentar, y así quedó el asunto.
  • Las vetustenses tampoco creían en la metafísica, no sabían de ella, pero no pasaban por ciertas cosas.
  • Los dos mayorcitos sabían defenderse, y con arañazo más ó menos, hasta salían en ciertas ocasiones vencedores.
  • ¿Quería dar por nulo todo lo que ambos sabían, las citas, sin citarse, en tal iglesia, en el teatro, en el paseo?
  • Cuando se trataba de estas, lo mismo él que don Juan, sabían proceder con todos los requisitos del punto de honor.
  • Lo mismo que hacen las parisienses más pervertidas, lo sabían y hacían las meretrices de Babilonia y de Cerbatana.
  • Un chico y una chica que han estado abrazaditos cuando no sabían nada del mundo, cuando no sabían ni que existían.
  • Se elogiaba, sin gran entusiasmo, a los ciudadanos que sabían ser comedidos, corteses e incapaces de exagerar cosa alguna.
  • Pero no como hoy, nunca me dijo usted que era un desaire que yo le hacía y que ya sabían estas señoras el negarme a venir.
  • Y si el trayecto fuera más largo, el martirio de aquellas seis piernas que no sabían cómo colocarse habría sido muy grande.
  • Los marqueses de Vegallana sabían tratar a sus convidados con todas las reglas de la etiqueta empalagosa de la aristocracia provinciana.
  • Los muebles sin orden, en posturas inusitadas, parecían amotinados, amenazando contar a los sordos lo que sabían y callaban tantos años hacía.
  • Pero Gumersindo e Isabel habían llegado un poco tarde, porque las novedades estaban en manos de mercaderes listos, que sabían ya el camino de París.
  • Los largos ejercicios piadosos de las distintas épocas del año, como octava de Corpus, sermones de Cuaresma, flores de María, les sabían siempre a poco.
  • Aquellos desdichados no comprendían todavía que la solidaridad del pobre podía acabar con el rico, y no sabían más que lamentarse estérilmente de su estado.
  • Claro que había en el mundo mujeres, virtuosas como la que más, que ya sabían a qué atenerse respecto de la letra de la ley moral que condenaba aquel amor de Mesía.
  • Todas las personas relacionadas con la familia de Rubín sabían la historia de la mujer de Maxi, y el dramático papel que desempeñaba en ella el señorito de Santa Cruz.
  • Iba tomando cierta confianza al verse sola con su ama, en medio de los prados, por caminos de mala fama, solitarios, que sabían de ella tantas cosas dignas de ser calladas.
  • Yo la conté su dinero y, estándosele dando, la desventura, que nunca me olvida, y el diablo, que se acuerda de mí, trazó que la venían a prender por amancebada, y sabían que estaba el amigo en casa.
  • Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos refinamientos, y no sabían pedir del vino que hierve y hace espuma, como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del Borde.
  • Aquella pechera, aquel plastón (como decía Ronzal) inimitable, de un brillo que no sabían sacar en Vetusta, que no venía en las camisas de Madrid, atraía los ojos del diputado provincial como la luz a las mariposas.
  • Pero aquel sesgo religioso que tomaba la cosa daba por supuesto que había algo traía complicaciones que ofrecían novedad para la misma Petra, que había visto lo que ella y Dios y aquellos y otros caminos solitarios sabían.
  • Bautista y Martín sabían la reputación del Cura y su enemistad con algunos generales carlistas y convinieron en que era peligroso llevar el alijo a Vera o a Lesaca, mientras anduvieran por allí las gentes del ensotanado cabecilla.
  • Olvidó repentinamente todas las precauciones de su carácter económico, y dejó el puñado de pesetas que llevaba en el chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no sabían cómo oprimir la lluvia de plata.
  • Pero una vez que el siglo estaba metalizado y las muchachas no sabían enamorarse, ella quería utilizar, si era posible, la hermosura de Ana, que si se alimentaba bien sería guapa como su padre y todos los Ozores, pues lo traían de raza.
  • Mesía al decir esto encogía los hombros con un gesto de desesperación humorística que a él y a sus adoratrices se les antojaba muy interesante, byroniano (si las adoratrices sabían de Byron.) Y ella es hermosa, Alvarín, hermosa, hermosa.
  • Paco resistía con dificultad el empuje violento de su prima, que gozando lo que ella y el diablo sabían, se incrustaba en la carne de su primo, más blanda que la suya, empeñada en vencerle y hacerle andar hacia adelante mientras ella andaba hacia atrás.
  • Demasiado sabían todos el camino de la casa, y las metódicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los descuentos que se hacían por pronto pago, los plazos que se daban, y todo lo demás concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y parroquiano.
  • Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y su nombre había servido al padre de la sacristana, viejo chusco que odiaba a Tellagorri, de motivo a una canción que hasta los chicos la sabían y que mortificaba profundamente a Tellagorri.
  • Contemplando por primera vez a la hija de mis amos, discurrí que tan bella persona no podía haber venido de la fábrica de donde venimos todos, es decir, de París o de Inglaterra, y me persuadí de la existencia de alguna región encantadora, donde artífices divinos sabían labrar tan hermosos ejemplares de la persona humana.
  • No sabían hacerlo sino los que de antiguo tenían la costumbre de manejar aquel artículo, por lo cual muchas damas, que en algún baile de máscaras se ponían el chal, lo mandaban al día siguiente, con la caja, a la tienda de Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase según arte tradicional, es decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y visible en el cuartel superior el dibujo central.