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Ejemplos de oraciones con la palabra sacerdote

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sacerdote en el contexto de una oración.

Término sacerdote: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sacerdote" aquí tienes una selección de 79 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sacerdote para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Sacerdote soy.
  • Era un sacerdote.
  • Era un sacerdote.
  • ¿cómo un sacerdote?
  • Era un sacerdote viejo.
  • El sacerdote se sonrió.
  • ¡Un sacerdote pegando a una.
  • Respondióme el cruel sacerdote.
  • Él era la cáscara de un sacerdote.
  • Pero, ¿y su deber de sacerdote católico?
  • Podías considerar que tu hermano es sacerdote.
  • Al fin su hijo era un sacerdote y ella era cristiana.
  • Está aquí doña Petronila, está un señor sacerdote.
  • El sacerdote la miró más de cerca, y en alta voz dijo.
  • Sí, esto había dado a entender aquel señor sacerdote.
  • Señor Quintanar, usted es buen cristiano, yo sacerdote.
  • Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo.
  • Se veía al hombre del vicio, pero sacerdote, no víctima.
  • ¿Era aquello amor del que está prohibido a un sacerdote?
  • No volvió a parecer por allí ningún sacerdote ni beata alguna.
  • Dispénseme usted, señora, y dispense este digno sacerdote católico.
  • Yo reconozco gritaba el capellán ahogándose, que soy un mal sacerdote.
  • La interrumpió un sacerdote anciano que entró y fue derecho hacia ella.
  • Alzaba la custodia como la alza el sacerdote para que la adoren los fieles.
  • No hago la pregunta como persona de la familia ni como juez, sino como sacerdote.
  • He visto mucho mundo afirmó Feijoo, con tolerancia de sacerdote hecho al confesonario.
  • Tratándose de un sacerdote, el abad ponía estos delitos en parangón con la simonía.
  • La voz del sacerdote vibraba, su aliento quemaba, y Ana creyó oír sollozos comprimidos.
  • Por lo que hace al tercer cazador, sorprendióse el jinete al notar que era un sacerdote.
  • Por fin, gracias a Dios, pudo abrir la puerta que sólo tocan las manos ungidas del sacerdote.
  • Mal afeitados los dos, peor el sacerdote, que mostraba el rostro lleno de púas negras ásperas.
  • Un sacerdote es hombre como todos y puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca.
  • Tenía entre ellos amigos el Magistral, pero si le respetaban por sacerdote, le temían por rico.
  • Comenzaba por dudar de la virtud del sacerdote y llegaba a dudar de la iglesia, de muchos dogmas.
  • Si consigo este triunfo, será el más grande y cristiano de que puede vanagloriarse un sacerdote.
  • Y aún es peor en un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo pecado.
  • Lo haré, sí, señor contestó al fin, cuidando luego de buscar inconvenientes al plan del sacerdote.
  • La casa, todos ustedes lo saben, es una cabaña limpia, es la casa de un verdadero sacerdote de Jesús.
  • Siempre había sabido mantenerse en el difícil equilibrio de sacerdote sociable sin degenerar en mundano.
  • Allí la castidad de ella, que era viuda, y la de su hijo, que era sacerdote, se tenían por indiscutibles.
  • Se concebía el amor sacrílego de un sacerdote de ópera, ¡pero el de un prebendado con alzacuello morado!
  • Pero de cintura arriba mostrábase el señorío, la dignidad del sacerdote de la instrucción, como él afirmaba.
  • Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las que tocan a la honestidad y a la pureza.
  • La edad viril le había enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del sacerdote puro.
  • Tenemos ya una gran base de arreglo, que es su conformidad de usted con todo lo que le mande este pobre sacerdote.
  • ¡Vaya un sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afición a chiquillos, no debí abrazar la carrera que abracé.
  • Su obligación de sacerdote era enseñar, corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del archivo.
  • Y al par que sacerdote era hombre, de modo que tampoco podía penetrar en la cámara donde se cumplía el misterio.
  • Lo había sido mucho tiempo hacía, en el Seminario, en los Jesuitas y en los primeros años de su vida de sacerdote.
  • Cuando el sacerdote se aproximaba, la santa susurró al oído de la enferma, como secreto de ángeles, estas palabras.
  • Ana convino en que De Pas había llevado la galantería a un extremo ridículo, sobre todo ridículo, en un sacerdote.
  • Pero al salir, al llegar a la puerta, se volvió de repente y con ademán solemne, como sacerdote de ópera, exclamó.
  • Aquí y allí se oía el leve rumor de la plática secreta de un sacerdote y una devota en el tribunal de la penitencia.
  • Su tío, el buen sacerdote que les crió, cumplió su misión en este mundo, protegió con su presencia la crianza de ellas.
  • Al undécimo Maxi le apretó mucho la mano al entrar, y al duodécimo exclamó doña Lupe como sacerdote que entona el hosanna.
  • Éste buscó para el sitio de fray Venancio a un sacerdote brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones.
  • Pero el que se burla con artificios de nuestro código mercantil y de las leyes de la Iglesia, comerciando a pesar de ser sacerdote.
  • Era de ver a uno ponerse la camisa de doce veces, dividida en doce trapos, diciendo una oración a cada uno como sacerdote que se viste.
  • Yo no comprendo que pueda ser cosa inocente e inofensiva que un sacerdote tropiece con los codos de todas las señoritas majas del pueblo.
  • Mauricia estaba en aquel instante blanca, diáfana, y sus ojos entornados y como sin vida miraban al sacerdote y lo que entre manos traía.
  • Y como el buen sacerdote no quisiera darle la absolución, ordenó lo colgaran, sin duda para que hiciese compañía al otro fraile ahorcado.
  • Yo también vengo a hablarle a usted de lo que sé como sacerdote, pero la conciencia de quien me lo comunicó exige precisamente que yo dé este paso.
  • Afeminaciones, afeminaciones, gruñía entre dientes, convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de presentarse bronca, montuna y cerril.
  • Nicolás se calmó luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con el cual sabía él muy bien rectificar la descompostura que le producían la ira o el contento.
  • Anita, aunque en el confesonario yo me atrevo a hablar a usted como un médico del alma, no sólo como sacerdote que ata y desata, por razones muy serias, que ya conoce usted.
  • El bajo de ópera se creía en el deber de apoyar la idea religiosa, por haberla expresado tantas veces con su sábana por la cabeza, haciendo el respetable papel de sumo sacerdote.
  • Los avanzados presentaban objeciones, defendían la solidaridad del dogma y el sacerdote, y entonces el mismo don Pompeyo tenía que ponerse de parte de los reaccionarios, hasta cierto punto y decir.
  • Al fin dejó de oírse la voz cavernosa del sacerdote, y en cambio se percibió un silbido rítmico, al que siguieron pronto mugidos como los del aire filtrándose por los huecos de un torreón en ruinas.
  • Si tal hacía como hombre, en cuanto sacerdote de una religión de paz y de perdón, tenía que aconsejar y procurar, en cuanto pudiese, la suavidad, los procedimientos que la moral recomienda para tales casos.
  • Se puede asegurar que ni cuando el sacerdote alzaba en sus dedos al Dios sacramentado, estuvo Plácido tan edificante como otras veces, ni los golpes de pecho que se dio retumbaban tanto como otros días en la caja del tórax.
  • Era el sumo sacerdote de este templo del alcohol, y al querer obsequiar á alguien, sacaba, con tanta devoción como si llevase entre las manos la custodia, un vaso en el que centelleaba el líquido color de topacio con irisada corona de brillantes.
  • Si hablaba, solía, porque no me oyesen los demás que estaban en las rejas, juntar tanto con ellas la cabeza, que por dos días siguientes traía los hierros estampados en la frente, y hablaba como sacerdote que dice las palabras de la consagración.
  • Cuando murió el padre de estos tres mozos, Nicolás, o sea el peludo (para que se les vaya distinguiendo), se fue a vivir a Toledo con su tío Don Mateo Zacarías Llorente, capellán de Doncellas Nobles, el cual le metió en el Seminario y le hizo sacerdote.
  • Su pobre tío, don Primitivo, el sacerdote ingenuo que las había criado a las dos hermanas y les enseñó el catecismo de la doctrina cristiana explicado según el Mazo, sintió siempre un profundo respeto por la inteligencia de su sobrina Tula, a la que admiraba.
  • Pero se metía a interpretar a su modo los textos del Antiguo y Nuevo Testamento y hasta se atrevía a decir delante de curas y señoras, que el hombre virtuoso es siempre un sacerdote, y que un bosque secular es el templo más propio de la religión pura, y que Jesucristo había sido liberal, con otros disparates.
  • Foja, los Orgaz, Glocester como particular, no como sacerdote, don Álvaro Mesía, los socios librepensadores que comían de carne solemnemente en Semana Santa, algunos de los que asistían a las cenas secretas del Casino, los redactores del Alerta y otros muchos enemigos del Provisor visitaban de vez en cuando a don Santos.
  • Vivían las dos hermanas, huérfanas de padre y madre desde muy niñas, con un tío materno, sacerdote, que no las mantenía, pues ellas disfrutaban de un pequeño patrimonio que les permitía sostenerse en la holgura de la modestia, pero les daba buenos consejos a la hora de comer, en la mesa, dejándolas, por lo demás, a la guía de su buen natural.
  • Buscó el olor del incienso, los resplandores del altar y de las casullas, el aleteo de la oración común, el susurro del ora pro nobis de las masas católicas, la fuerza misteriosa de la oración colectiva, la parsimonia sistemática del ceremonial, la gravedad del sacerdote en funciones, la misteriosa vaguedad del cántico sagrado que, bajando del coro nada más, parece descender de las nubes.
  • Iba a confesar con cualquiera y sin saber cómo se encontraba a dos pasos del confesonario de aquel hermano mayor del alma, a quien había calumniado el mundo por culpa de ella y a quien ella misma, aconsejada por los sofismas de la pasión grosera que la había tenido ciega, había calumniado también pensando que aquel cariño del sacerdote era amor brutal, amor como el de Álvaro, el infame, cuando tal vez era puro afecto que ella no había comprendido por culpa de la propia torpeza.