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Ejemplos de oraciones con la palabra sacristán

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sacristán en el contexto de una oración.

Término sacristán: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sacristán" aquí tienes una selección de 32 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sacristán para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Márchate, o llamo al sacristán.
  • Detchesarry, el sacristán de Biriatu.
  • Y después, sacristán y fieles, a coro, dicen.
  • Subiendo la escalera, la santa dijo a su sacristán.
  • Aquí no lo pudo sufrir el sacristán y levantándose en pie, dijo.
  • ¿Es que tú no tienes sangre en las venas, sacristán de los demonios?
  • Y porque el sacristán de San Ginés sea un dormilón, ¿me he de fastidiar yo?
  • Los señoritos, el sacristán y la gente carlista de los caseríos por el Cacho.
  • Ya pronto se levantará Plácido para ir a despertar al sacristán de San Ginés.
  • Como que va a despertar al sacristán de San Ginés, que tiene un sueño muy pesado.
  • El clérigo se ha puesto una estola y los tres, con el sacristán, han salido a la iglesia.
  • A la salida del pueblo estaba aguardando el señor vicario con el sacristán y los monaguillos.
  • En medio, delante del altar mayor, la cerora y el sacristán iban vistiendo de negro un catafalco mortuorio.
  • El sacristán va delante, alumbrando con un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen fantasmas.
  • El sacristán se había asomado varias veces por la reja de la sacristía que da al vestíbulo diciendo sucesivamente.
  • Por una reja de la sacristía que da al patio, asomó la cara del sacristán, y poco después la de Don León Pintado.
  • Como el sacristán era un simple, la cerora disponía lo que había de hacerse en los altares y color de las casullas.
  • La Iñure tenía una hermana, la Joshepa Iñashi, que era, al mismo tiempo, cerora de la iglesia y mujer del sacristán.
  • Premática del desengaño contra los poetas güeros, chirles y hebenes Diole al sacristán la mayor risa del mundo, y dijo.
  • Te nombro sobrestante de mis obras, administrador de mis colectas y sacristán mayor de mi capilla nueva, cuando esté concluida.
  • Si el sacristán de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que la señora abadesa se ponía mitra y gobernaba a los curas, risas.
  • Después, bien embozado en la pañosa, se iba a San Ginés, a donde llegaba algunas veces antes de que el sacristán abriera la puerta.
  • Un día se presentó en la casa un sastre con facha de sacristán, que era de los que hacen ropa ajustada para toreros, chulos y matachines.
  • Al fin, yo llamaba ya señora a la abadesa, padre al vicario y hermano al sacristán, cosas todas que con el tiempo y el curso alcanza un desesperado.
  • Pero como mi cabeza no estaba buena, a causa de los vapores del maldito aguardiente, al levantarme me caí, y un sacristán empedernido me puso bonitamente en la calle.
  • Yo no te digo más que una cosa, que si pasa algo entre ese sacristán y tú, te despellejo a ti y a él, y le pego fuego a la casa, aunque me lleven a presidio para toda la vida.
  • Estaba con dos varas de gaznate más del que tenía cuando entré en los amores, a puro estirarme para ver, gran compañero del sacristán y monacillo y muy bien recibido del vicario, que era hombre de humor.
  • Qué tan doctos, que habiendo más de catorce años que hago yo en Majalahonda, donde he sido sacristán, las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento, no me premiaron en el cartel unos cantarcicos, y porque vea V.
  • Pichía parecía natural que se indignara y no sólo no se indignaba como cerero y religioso, sino que azuzaba a su amigo para que dijera cosas más fuertes contra el vicario, los coadjutores, el sacristán o la cerora.
  • El sacristán, también arrodillado, invita a los fieles con voz plañidera a que consideren el lugar donde unas piadosas mujeres, viendo al Señor que le llevaban a crucificar, lloraron amargamente de verle tan injuriado.
  • El sacristán y el acólito subiendo al retablo, hombreándose con la imagen de madera, colocando los cirios con simetría, consultando las leyes de la perspectiva, le parecían al cabo cómplices de no sabía qué engaño.
  • En la misma catedral, cuando les quitaba la vista de encima el sacristán que les enseñaba alguna capilla o preciosidad reservada, los esposos aprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas, frente a la santidad de los altares consagrados o detrás de la estatua yacente de un sepulcro.