Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "salí" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra salí para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Salí de estampía.
- Salí de la cárcel.
- Eché un vistazo y salí.
- Pero me salí con la mía.
- ¿Ves cómo me salí con mi idea?
- Salí de la atalaya, crucé el Rompeolas.
- Salí de casa de Recalde loco de contento.
- Yo salí en fiado, por virtud del escribano.
- No sé si salí con ello, pero yo aseguro a V.
- Salí de la taberna y eché a correr por el camino.
- Salí fuera, y pude hacerme cargo de la situación.
- Salí del cuarto y bajé con Mary al raso del caserío.
- Y por esto y por otras cosillas que no digo, salí dél.
- Me despedí de todos, y salí con don Ciriaco, entusiasmado.
- Más melancólico de lo que había llegado, salí de Madrid.
- Pues si desde que salí de las Micaelas no he vuelto a catarlo.
- Con razón se diría que salí de un soto para meterme en otro.
- Salí de allí por un armisticio, con promesas de futura victoria.
- Salí de casa, y en la carretera me encontré con el médico viejo.
- Han pasado muchos años desde que salí de mi pueblo, ¿y qué he hecho?
- Pero una vez que me serené un poco, salí avergonzadísimo de la taberna.
- Salí con la vieja, y al pasar por la muralla deteníame para ver los barcos.
- Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y entre unas matas oí así.
- Yo salí, por orden de la señora Marquesa, en su busca apenas comenzó a llover.
- Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y, entre unas matas, oí así.
- Enternecíme, y entré algo desconocido de como salí, con punta de barba, bien vestido.
- Así me crié, así salí yo, con unas ideas de rectitud y unos hábitos de trabajo, que ya ya.
- Sin perder tiempo salí de Medinasidonia, decidido a no servir ni en aquella casa ni en la de Vejer.
- Y de estas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio de poeta y no salí del mal estado.
- (solo de este instrumento), y entré por una porta y salí por otra, ¡y manda el rey que te lo cuente otra vez!
- Salí del colmado, fuí a un café de la calle Ancha, tomé unas copas de licor y me marché de allí dispuesto a todo.
- Yo que lo oí, me enojé tanto que salí allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento venir a gruñir a casa ajena.
- Salí como pude, busqué a Marcial, no le hallé, y habiendo fijado mis ojos en el alcázar, noté que el comandante ya no estaba allí.
- Llegó el día y salí en uno como caballo, mejor dijera en un cofre vivo, que no anduvo en peores pasos Roberto el diablo, según andaba él.
- Hicieron los otros que cerraban la puerta, y yo entonces salí de donde estaba y subíme a mi cama, preguntando si acaso les habían hecho mal.
- Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
- Pero pensando en ello, te lo digo ahora en confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía, me metí en el Bazar de la Unión y.
- Lo que sí puedo asegurar es que una resolución súbita me arrancó de la puerta, y salí del jardín corriendo, como un ladrón que teme ser descubierto.
- Cuando terminé de escribir, salí de la biblioteca, metí la carta en un libro, llamé a la criada y le encargué que diera aquello a la hija del capitán.
- En cuanto pude disponer de un rato de libertad, después que mi amo quedó instalado en casa de su prima, salí a las calles y corrí por ellas sin dirección fija, embriagado con la atmósfera de mi ciudad querida.
- VI Recuerdo muy bien que al día siguiente de los pescozones que me aplicó Don Francisca, movida del espectáculo de mi irreverencia y de su profundo odio a las guerras marítimas, salí acompañando a mi amo en su paseo de mediodía.
- Y una noche, viendo que aquello no se me quería calmar, salí de estampía, y en la taberna me atizé tres copas de aguardiente, arreo, tras, tras, tras, y salí, y en medio a medio de la calle caíme al suelo, y los chiquillos se me ajuntaron a la redonda, y luego vinieron los guindillas y me soplaron en la prevención.
- Mas como yo este oficio le hobiese mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo aprendí, tan suficiente discípulo salí que, aunque en este pueblo no había caridad ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di que, antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas libras de pan ensiladas en el cuerpo y más de otras dos en las mangas y senos.