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Ejemplos de oraciones con la palabra salvaje

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra salvaje en el contexto de una oración.

Término salvaje: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "salvaje" aquí tienes una selección de 64 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra salvaje para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No seas salvaje.
  • Sí, es un salvaje.
  • Sentía una alegría salvaje.
  • ¿Pero no se calla esa salvaje?
  • El salvaje nunca ha ido sereno.
  • Había perdido su salvaje fuerza.
  • Hija, no he visto un salvaje igual.
  • Caín es salvaje, Abel, civilizado.
  • Quiero decir, ordinariota y salvaje.
  • ¿Crees tú en la serenidad del salvaje?
  • El cura de Contracayes, que es un salvaje.
  • Pero en lo referente a sociedad, yo era un salvaje.
  • Pero es una salvaje que necesita que la domestiquen.
  • Con esas ideas, pronto volveríamos al estado salvaje.
  • ¡Oh, no, eso no! él sí que es un animal, un salvaje.
  • Un adorno de salvaje, igual á los de los indios de teatro.
  • ¿Digerir, guerrear, cazar, con la serenidad de un salvaje?
  • Mi humildad me inducía a creerme un salvaje entre civilizados.
  • Un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir.
  • El pelo rubio, de fuego, y la expresión entre asustada y salvaje.
  • Usted es una salvaje y pertenece de lleno a los pueblos primitivos.
  • El rapaz fijaba su atención de salvaje en los guantes de la señora.
  • Y se precipitó en los brazos del Delfín, lanzando este grito salvaje.
  • Al pasar por delante de mí me miró con un aire completamente salvaje.
  • Juan Evaristo volvió a callar, pegándose al pezón con salvaje ahínco.
  • La tengo dijo el salvaje mirando al cofre sobre el que se sentaba Rafaela.
  • He crecido salvaje como las hierbas y necesito la acción, la acción continua.
  • ¡Pero Álvaro estaba hecho un salvaje! La trataba como don Saturnino, antes de atreverse.
  • ¡La bacante! la fanática de la naturaleza, ebria de los juegos de su vida lozana y salvaje.
  • El Magistral estaba pensando en la manera de solicitar a sus penitentes que tendría aquel salvaje.
  • No se hacía completamente montaraz y salvaje como hubiera deseado Andrés, pero estaba sano y fuerte.
  • Algo que mostrase la indignación de una castidad hasta la rudeza, la insolencia de una virtud salvaje.
  • De una salvaje en toda la extensión de la palabra, formaría una señora, haciéndola a su imagen y semejanza.
  • Martín lanzó un grito, el irrintzi, como una larga carcajada, o un relincho salvaje terminado en una risa burlona.
  • Pero la salvaje africana se daba de cabezadas, asustada, contra el techo de lienzo de su jaula chata y la dejó tranquilizarse.
  • No se puede, en el monte, oir más que el rumor estruendoso del viento.) La canción de Bautista era de una salvaje melancolía.
  • Anita volvía de sus escapatorias de salvaje con los ojos y la fantasía llenos de tesoros que fueron lo mejor que gozó en su vida.
  • Al oír esto, Fortunata tuvo un retroceso en su salvaje idea, y cogiendo al chiquillo, que empezaba a rezongar, se lo llevó al seno.
  • Y echando en un vaso un poco de vino, salió con la lana y estopa un vino salvaje, tan barbado y velloso que no se podía beber ni colar.
  • Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje.
  • ¡Ah!, ya están regando esos brutos, y tengo que pasarme a la otra acera para que no me atice una ducha este salvaje con su manga de riego.
  • , a ella y a él, que también lo merece, y después de muertos (con salvaje sarcasmo), después de muertos, ¡que tengan los hijos en el otro mundo!
  • ¡ Tío morra !, repitiendo la frase un sinnúmero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere enterar a todo el mundo de su ruda castidad.
  • La vista alcanza desde allá un extenso panorama de líneas suaves, de intenso verdor, sin rocas adustas, sin matorrales sombríos, sin nada duro y salvaje.
  • Rodeaba a la casa un terreno pantanoso, antiguo jardín abandonado y salvaje, de un aire dramático y misterioso, sobre todo a la blanca claridad de la luna.
  • Estos ataques de la lujuria animal solían ser a las altas horas de la noche, cuando el enamorado salvaje se eternizaba sobre su banco, para esperar la soledad.
  • Una salvaje le había trastornado el seso, demostrando que en las islas de la Polinesia se dan casos de coquetería no menos refinada que la de los salones europeos.
  • Con sonrisa sarcástica y un expresivo alzar de hombros, dio a entender Fortunata que por ella no había inconveniente en que la sociedad volviera al estado salvaje.
  • Estaba flaca, sucia, vestía de pingos que olían mal, y la pobreza, la vida de perros y la compañía de aquel salvaje habíanle quitado gran parte de sus atractivos.
  • Tiempo hacía que él notaba cierta sequedad en su alma, y ansiaba sumergirla en la frescura de aquel afecto primitivo y salvaje, pura esencia de los sentimientos del pueblo rudo.
  • Y en el rostro, afeitado y enjuto y de enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad, de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo.
  • Tenía las carnes duras y apretadas, y la robustez se combinaba en ella con la agilidad, la gracia con la rudeza para componer la más hermosa figura de salvaje que se pudiera imaginar.
  • Los dos aludidos, mostrando al sonreír sus dientes blancos como la leche y sus labios más rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba, contestaron que sí con sus cabezas de salvaje.
  • Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa ocasión, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se ganó dos bofetadas de un guardia veterano, sin más consecuencias.
  • Nunca se había visto enfrente del Provisor, a quien temía por los rayos que manejaba, pero nada más hasta el punto que un gigantón salvaje puede temer a quien puede aplastar, en último caso, de una puñada.
  • Mirábalas el Pituso sonriendo con malicia, y los demás niños se apoderaron de ellas, tomando todo género de precauciones para librarlas de las manos destructoras del salvaje, que no se apartaba de su madre adoptiva.
  • Según le dijo una mujer de Izarte, la chica llevaba una vida salvaje, corría por las peñas, andaba tirando piedras, y muchas veces había ido con la hija del torrero, una muchacha igualmente salvaje, a pescar calamares.
  • Este barranco, que cortaba la huerta como una grieta profunda, sombrío, de aguas estancadas y putrefactas, con orillas fangosas junto á las cuales se agitaba alguna piragua medio podrida, era de un aspecto desolado y salvaje.
  • Mientras estaba lavándose, desnudo de la cintura arriba, don Fermín se acordaba de sus proezas en el juego de bolos, allá en la aldea, cuando aprovechaba vacaciones del seminario para ser medio salvaje corriendo por breñas y vericuetos.
  • Como todo es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir ellos en otras mayores.
  • Y una noche, reparando al cenar que Paula era mal formada, angulosa, sintió una lascivia de salvaje, irresistible, ciega, excitada por aquellos ángulos de carne y hueso, por aquellas caderas desairadas, por aquellas piernas largas, fuertes, que debían de ser como las de un hombre.
  • Las gaviotas juegan por encima de las olas, se meten en las concavidades abiertas entre unas y otras, descansan sobre las espumas, se acercan a la playa a mirar con sus ojos grises, en donde se refleja la luz apagada del día, y lanzan ese grito salvaje parecido al áspero chirriar de la lechuza.
  • Lo que ha comprendido el salvaje, que el niño, como más débil, como más tierno, merece más cuidado y hasta más respeto que el hombre, no lo ha comprendido el civilizado, y entre nosotros, el que sería incapaz de hacer daño a un adulto, martiriza a un niño con el consentimiento de sus padres.
  • Segura de no ser vencida por la fuerza, enamorada a su modo del señorito, sobre todo por su audacia, acostumbrada a tales devaneos mudos, gimnásticos, callaba, forcejeaba, mordía con deleite, magullaba con voluptuosidad bárbara, y encontraba placer de salvaje en el martirio de mis sentidos, que tocaban su presa, y se sentían dominados por ella.