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Ejemplos de oraciones con la palabra salvarse

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra salvarse en el contexto de una oración.

Término salvarse: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "salvarse" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra salvarse para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Ay, qué gusto salvarse!
  • Sólo un marino pudo salvarse.
  • La cuestión de salvarse o no salvarse.
  • En resumidas cuentas, que usted no quiere salvarse.
  • Pero harto hacían ellos con salvarse a sí propios.
  • Que lo primerito para salvarse es perdonar a una parte y otra.
  • Si alguno de nuestros barcos puede salvarse, será una gran cosa.
  • Cuando un náufrago quiere salvarse, ¿es humano darle una patada desde la orilla?
  • Creyó salvarse cogida a aquella tabla de aquel cajón sagrado que tantos sueños y dolores suyos sabía.
  • Eran tormentos de la conciencia los que les ofrecía para el caso probable de no salvarse, a pesar de tantos disgustos.
  • Por una parte aquel dolor de atrición, aquel miedo a no salvarse a pesar de ser tan bueno, de no haber hecho mal a nadie.
  • Algo le tranquilizaba la idea de que le tostasen con símbolos en el caso desesperado de no salvarse, como deseaba seriamente.
  • Su piedad era sincera, su deseo de salvarse firme, su propósito de ascender de morada en morada, como decía la santa de Ávila, serio.
  • Era tan difícil salir del pontón, ganar la costa y salvarse, que había que pensar que teníamos cien probabilidades contra una de volver.
  • La situación no empeoraba, a pesar de que seguía el temporal con igual fuerza, pues se habían reparado muchas averías, y se creía que, una vez calmado el tiempo, podría salvarse el casco.
  • De su piedad pasajera sólo le quedaba la convicción de que son necesarias las buenas obras además de la fe para salvarse, y la costumbre de persignarse al levantarse, al salir de casa, al dormir, etc., etc.
  • Por lo mismo que estaba segura de salvarse de la tentación francamente criminal de don Álvaro, entregándose a don Fermín, quería desafiar el peligro y se dejaba mirar a las pupilas por aquellos ojos grises, sin color definido, transparentes, fríos casi siempre, que de pronto se encendían como el fanal de un faro, diciendo con sus llamaradas desvergüenzas de que no había derecho a quejarse.