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Ejemplos de oraciones con la palabra sano

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sano en el contexto de una oración.

Término sano: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sano" aquí tienes una selección de 68 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sano para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Cortar por lo sano.
  • Es decir, sano, no.
  • Si está bueno y sano.
  • Pues el Clavelero sanó.
  • Un pueblo joven, sano en suma.
  • Pero estando sano es más fácil.
  • Era el hombre más sano del mundo.
  • ¿Para qué hemos de curar lo sano?
  • A esto lo llamaban cortar por lo sano.
  • Cuando llegué estaba en su sano juicio.
  • Bueno y sano contestó Don José María.
  • Pues aquí me tiene tan sano y tan bueno.
  • Sentí cierta pena de verle sano y salvo.
  • Yo le vi tan bueno y tan sano anteayer, y.
  • Pero era algo grato, era algo jovial y sano.
  • Rita sanó pero Paula no salió de la Rectoral.
  • Como andaba más al aire libre tenía un color sano.
  • Pero yo, en mí, me recreo en lo sano de mis juicios.
  • ¡Fuego graneado! Y no le quedaba hueso sano a ese otro.
  • Y tú bueno y sano, ¡qué placer! ¿No has perdido nada?
  • El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son.
  • ¿El sentirse sano y fuerte cerca del impedido y del débil?
  • Señorita Doña Rosa, vuestro Don Rafael está bueno y sano.
  • No todo el mundo puede ser sano, ni todo el mundo puede ser bueno.
  • Por eso yo corto por lo sano, y todas mis matemáticas se reducen a decir.
  • Tan sano estoy de la cabeza, que me hago cargo de tu situación y de la mía.
  • El pobre Tellagorri se olvido de decir Pirmes, como hubiera dicho estando sano.
  • Sí, hija mía, hay que poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano.
  • En fin, dile que estoy bueno y sano, y que mi presencia aquí ha sido muy necesaria.
  • Mira, chica, ya tienes libre y sano lo que te queda, pero te advierto que no eres rica.
  • Pero Dios querrá preservarle a usted, señor Don Rafael, para que vuelva sano y salvo.
  • Las ráfagas del aire traen el olor sano de la resina y el aroma de miel de los retamares.
  • Si dejamos que vuelvan esos accesos sin tenerles preparada tarea de virtud, ejercicio sano.
  • ¡Ni atándolo, señorita, ni atándolo! Y está más sano que una manzana con la vida que trae.
  • ¡Cuánto nos alegraríamos de verle a usted bueno y sano, y qué fácil sería con buena voluntad!
  • Blanco llaman al sano de malicia y bueno como el pan y negro al que deja en blanco sus diligencias.
  • Sanó y le quedaron estas calenturas de la sesera, este dengue que le da siempre que toma sustancia.
  • Los pocos años disculpan ciertas demencias, cuando de ellas se saca el honor puro y el corazón sano.
  • ¿Cómo es que lo ha sabido Maximiliano, que está demente, antes que yo, que estoy en mi sano juicio?
  • No se hacía completamente montaraz y salvaje como hubiera deseado Andrés, pero estaba sano y fuerte.
  • Y mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas después que estuve sano, todos me decían.
  • No podía apartar de mi memoria la imagen de Churruca, tal y como le vi bueno y sano en casa de Doña Flora.
  • Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.
  • ¡Oh, qué herida tan singular!, pero a los tres días estaba sano, mandando la artillería en el ataque de Bellegarde.
  • Tú y tus hermanos heredáis a Melitona, que por mis cuentas debía tener un capitalito sano de veinte o veinticinco mil duros.
  • Vivirás más y más sano me respondió, porque como decíamos hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco.
  • Pensaba el muy tuno que lo mejor era cortar por lo sano, planteando la cuestión desde el primer momento con limpieza y claridad.
  • Porque si había dificultades considerándole demente, tratándole como sano las dificultades eran tales que rayaban en lo imposible.
  • ¿Llegaría a conformarse con tal vida, y a contenerse con aquel fruto desabrido del amor sin apetecer otro más dulzón y menos sano?
  • Se veía claramente que buscaba simpatía, cordialidad, y que se ofrecía como un hombre de corazón sano, sin pliegues ni repliegues.
  • ¿Es usted un hombre egoísta, un poco cruel, fuerte, sano, resistente para el dolor propio e incomprensivo para los padecimientos ajenos?
  • Después de oír, acerca de su salud, todas las vulgaridades hipocráticas con que el sano trastea al enfermo, como aquello de es nervioso.
  • El alejamiento, el haber dejado a su marcha a Luisito sano y fuerte, le impedía experimentar la pena que hubiese sentido cerca del enfermo.
  • Yo empecé luego, para trabar conversación, a jugar del vocablo, de tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo, y no dejé hueso sano a la razón.
  • Dábannos el hallazgo, y veníamos a enriquecer de manera que me hallé yo con cincuenta escudos, y ya sano de las piernas, aunque las traía entrapajadas.
  • ¡Sentir luego la irradiación del bien en sí, y contemplarse uno en aquel todo etéreo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso, transparente y placentero.
  • Por la mañana había despertado con fiebre, había llamado a su madre asustado y como no podía explicarle la causa de su mal había preferido fingirse sano, y levantarse y salir.
  • Pero así como el enfermo que no toma la medicina o que oculta su enfermedad, y el sano que no sigue el régimen que se le indica para conservar la salud, a sí mismos se hacen daño, a sí propios se engañan.
  • Aquella mujer mimada por Dios, que la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar más sano, hermoso y tranquilo de este valle de lágrimas, solía decir en tono quejumbroso que no tenía gusto para nada.
  • ¡Un aire corrupto en hora menguada trabajando en una viña, me trabó mis miembros, que me vi sano y bueno como se ven y se vean, loado sea el Señor! Venían con esto los ochavos trompicando y ganaba mucho dinero.
  • Rozaba al andar un lado de su busto, se sentía envuelto en el ambiente embriagador que exhalaba su cuerpo sano, y veía cerca de sus ojos el rostro de Tónica, su boca fresca, mostrando la brillante dentadura con graciosas sonrisas.
  • Sentámonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis tripas pedían justicia, como más sano y más fuerte que los otros, arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres medrugos los dos y el un pellejo.
  • Y ésta es una profunda lección de vida, porque esto significa que el pueblo, o sea el público grande, sano, bienintencionado, no estima el artificio y la melancolía torturada del artista, sino la jovialidad, la limpieza, la simplicidad de alma.
  • Y así bajó del púlpito y encomendó a que muy devotamente suplicasen a Nuestro Señor tuviese por bien de perdonar a aquel pecador, y volverle en su salud y sano juicio, y lanzar dél el demonio, si Su Majestad había permitido que por su gran pecado en él entrase.
  • Yo aun no lo puedo ser, y como no lo puedo ser, al enviarte esta dote a ti, hermana mía, para que puedas vivir con tu marido, pienso que ésta es mi venganza, la venganza del abandonado, la venganza del sarnoso contra el sano, la venganza del miserable con el descendiente de la familia considerado y mimado.
  • Rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta dificultad como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas, mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las costuras de la guerrera.
  • Don Baldomero II, que así es forzoso llamarle para distinguirle del fundador de la dinastía, heredó en 1848 el copioso almacén, el sólido crédito y la respetabilísima firma de Don Baldomero I, y continuando las tradiciones de la casa por espacio de veinte años más, retirose de los negocios con un capital sano y limpio de quince millones de reales, después de traspasar la casa a dos muchachos que servían en ella, el uno pariente suyo y el otro de su mujer.
  • Tales prendas, blanquísimas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego, templaditas al sano calor de la camilla calor doméstico si los hay las tenía el capellán muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la niña tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la esponja por las carnes de tafetán, escocidas y medio desolladas por la excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes polvos de almidón y, apretando las nalgas con los dedos para que hiciesen hoyos, se las mostraba a Julián exclamando con júbilo.