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Ejemplos de oraciones con la palabra santas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra santas en el contexto de una oración.

Término santas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "santas" aquí tienes una selección de 22 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra santas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y por medio de cosas santas.
  • Ahora se divierten en jugar a las santas.
  • Diría que no se debe jugar con las cosas santas y que sois unos chiquillos.
  • No había más imágenes santas que un crucifijo de marfil colgado sobre la cabecera.
  • Estaba rendida y no veía las santas horas de dar con sus fatigadas carnes en la cama.
  • Dichas otras cuantas bromas, retiráronse las dos santas fundadoras, dejando al hereje con su médico.
  • El pobre chico no veía las santas horas de que llegase el día para saber por ella pormenores de la conferencia.
  • Después vino con tila, recogió los restos de los cachivaches y los puso sobre mesas y armarios como si fueran reliquias santas.
  • El personaje de cera que yo creía mi perfecto retrato estaba allí colgado, y ocupaba su puesto con la gravedad de las cosas santas.
  • Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje.
  • ¡Dios tenga compasión de mí! Y el diablo cargue con estas santas cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para nada.
  • En el círculo aristocrático de Vetusta, a que pertenecían naturalmente las señoritas de Ozores, no se hablaba más que de la abnegación de estas santas mujeres.
  • Guerra a esa parte del clero que comercia con las cosas santas, que se vale de subterráneos para entrar con sus tentáculos de pólipo en las arcas de la Cruz Roja.
  • Y no pudiendo meditar sobre cosas santas, piadosas, poníase la mantilla y corría a la conferencia de San Vicente, o a la Junta del Corazón o al Catecismo, o a misa.
  • Puedo asegurar a usted que yo no pienso más que en la otra mitad de mí mismo, que es la que traigo aquí, la que vive en la paz dulce de la fe, acompañada de almas nobles, santas, como la de una señora.
  • Abriendo una mampara negra, entraron en el despacho, pieza empapelada de obscuro, con estantes de carpetas verdes y grandes cromos franceses de santos y santas, que parecían acicalados y perfumados para asistir a un baile.
  • El Gran Constantino sabía ya por su querido y admirado señor De Pas, quien la visitaba más a menudo ahora, que doña Ana deseaba ayudarla en sus santas labores y en la administración de tantas obras piadosas como ella dirigía y pagaba sabiamente.
  • Con la majestad de cuyo depósito creció tanto su fama, que presto se vio siendo emporio, y gozó hegemonía, digámoslo así, sobre las no menos santas iglesias de Tuy, Dumio, Braga, Iria, Coimbra, Viseo, Lamego, Celeres, Aguas Cálidas et sic de coeteris.
  • Y cuando don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad.
  • Ana pedía a la soledad y al silencio perezoso de la iglesia, algo como una inspiración, o como un perfume de piedad que creía ella debía desprenderse de aquellas paredes santas, de los altares, que a la luz blanca del día ostentaban sus santos de yeso y madera barnizada como gastados por el roce de las oraciones y el humo de la cera.
  • ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de ver a alguno de estos sabios que escudriñan el sentido de un monumento religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo.
  • , sólo cinco y no más que cinco, ni uno menos, ni uno más, ¡qué bonito! ¡Y no puede ser de otro modo, tiene que ser así!, y al decirlo me mostraba los cinco modelos en cartulina blanca, blanquísima, que ella misma había construído, con sus santas manos, que eran prodigiosas para toda labor, y parecía como si acabase de descubrir por sí misma la ley de los cinco poliedros regulares.