Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "santísima" aquí tienes una selección de 65 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra santísima para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¡Reina Santísima!
- Cálmate, por María Santísima.
- ¡por la Virgen santísima! también.
- Y a tratar de tú a la Santísima Trinidad.
- María Santísima, lo que bregaron para acostarle.
- ¡María Santísima!, con lo que sale usted ahora.
- María Santísima era la Madre de Dios, en efecto.
- ¡Virgen santísima! iba á deslomarla á garrotazos.
- ¡María Santísima!, cuando el temido momento llegase.
- El Santísima Trinidad era un navío de cuatro puentes.
- Hija mía, piense usted en Dios y en la Santísima Virgen.
- Porque era muy llano y más liberal que la Virgen Santísima.
- ¡Qué tormenta se prepara, María Santísima! ¡Qué viento.
- Como que siempre nos dejó hacer nuestra santísima voluntad.
- Pues si le llego a ver antes ¡hostia!, me caso con la santísima.
- ¡María Santísima, y cuánta planta tiene usted aquí! Es un jardín.
- Mi amo contó lo ocurrido en el Santísima Trinidad, y después añadió.
- ¡María Santísima! ¿Ve usted las pestañas cómo las tengo, llenas de polvo?
- Y como madre usted, que es la representante de la Madre Santísima, ¿no es eso?
- ¡que reventasen, que se hiciesen la santísima los hijos del pillo don Salvador!
- ¡La Naturaleza no! La Santísima Virgen Madre, don Juan le interrumpió Gertrudis.
- Avanzado el día, intentó de nuevo el navío Pince remolcar al Santísima Trinidad.
- ¡Ay!, cómo se le conoce la santísima sangre de su madre, que revolvía medio mundo.
- Un milagro, Virgen Santísima gemía Gertrudis con los ojos velados por las lágrimas.
- El espectáculo que ofrecía el interior del Santísima Trinidad era el de un infierno.
- Un endivido, que se pasó su santísima vida bregando porque los españoles sean libres.
- Le nombro a Nuestro Divino Redentor y a María Santísima del Carmen, y como si tal cosa.
- Eso es el pecado original, y la Santísima Virgen Madre nació sin mancha de pecado original.
- ¡Hijo, por María Santísima! exclamó doña Lupe consternada, a punto que entraba su sobrina.
- Me está haciendo unos arreglos en el distrito, que Dios tirita, y tirita toda la Santísima Trinidad.
- Medita, medita en tus pecados, reza mucho y pídele al Señor y a la Santísima Virgen que te iluminen.
- Entonces vi a algunos ingleses ocupados en poner el pabellón británico en la popa del Santísima Trinidad.
- Colgóle al cuello desde luego una medalla de la Santísima Virgen, de la Virgen Madre, con su Niño en brazos.
- ¡Que no me da la gana, que no me da la santísima gana! Bueno, bueno, no grite usted tanto, que no somos sordas.
- Tenía cincuenta años, la cabeza llena de nieve, y su corazón todavía se abrasaba en fuego de amor a María Santísima.
- ¡María Santísima y qué primer agua la que salió de aquella empecatada carita! Lejía pura, de la más turbia y espesa.
- ¿Qué mejor descanso podía apetecer que lo que le ofrecía aquella tía, que debía de ser sobrina de la Virgen Santísima?
- Yo pude observar la parte del combate más inmediata al Santísima Trinidad, porque del resto de la línea no era posible ver nada.
- La huerta estremecíase de orgullo viendo cómo se perdía aquella riqueza y los herederos de don Salvador se hacían la santísima.
- El Santa Ana, navío de 112 cañones, había sufrido también grandes averías, aunque no tan graves como las del Santísima Trinidad.
- Virgen Santísima, ¡qué novedad tan estupenda! ¡Un nietecito por detrás de la Iglesia! ¡Ah!, las resultas de los devaneos de marras.
- ¡Aquí de la Virgen! Pero ¡qué cosas! ¡Si María Santísima protegía ahora al enemigo! Esta idea extravagante no la podía echar de sí.
- Y encerrábase en su cuarto, en su recatada alcoba, a llorar al pie de una imagen de la Santísima Virgen Madre, a llorar mientras susurraba.
- Por fin, encomendole la devoción de la Santísima Virgen, como un ejercicio saludable del espíritu y una predisposición a las buenas acciones.
- Estos últimos han sido terribles y no he cesado de pedir a la Virgen Santísima y a su Hijo que me diesen fuerzas para ver claro en mi porvenir.
- Lloraba a ratos como una Magdalena, y poníase luego a recordar cuanto le dijo el padre Pintado y el remedio de la devoción a la Santísima Virgen.
- Aquel hombre que estaba junto á él, tal vez por ser nuevo en la huerta, creía que el reparto del agua era cosa de broma y que podía hacer su santísima voluntad.
- Aquí me tenéis, aquí tenéis a la personalidá del endivido verídico que se pasó la santísima vida peleando como un gato tripa arriba por las judías libertades.
- Del E.) Los presentes no pueden hacerse cargo de aquellos magníficos barcos, ni menos del Santísima Trinidad, por las malas estampas en que los han visto representados.
- ¡Por amor de Dios y su madre santísima! El contacto de aquellas palmas febriles, la súplica, turbaron al capellán de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclamó.
- Los mozalbetes más osados acercaban a ella el rostro con cierta insolencia, pero la belleza bondadosa de aquella cara de María Santísima les imponía admiración y respeto.
- El 68, cuando la santísima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no robaran, y le digo asté que si por un es caso llega a paicerse por allí algún randa, lo suicido.
- Porque el que sostenga ahora que estoy loco es el que lo está verdaderamente, y si alguien me lo dice en mi cara, ¡vive Cristo, por la santísima uña de Dios!, que me la ha de pagar.
- ¡Por vida de la santísima uña del diablo! Si consigo yo ponerte bueno, mi querida tía, alias la baronesa de Rothschild, no tendrá más remedio que hincar la jeta y darme lo que necesito.
- El nos llenó la vida casi silenciosamente casi sin decirnos palabra, con el culto de la Santísima Virgen Madre y con el culto también de nuestra madre, su hermana, y de nuestra abuela, su madre.
- Mas al saber que la escuadra combinada se apercibía para un gran combate, sintió renacer en su pecho el amortiguado entusiasmo, y soñó que se hallaba mandando la marinería en el alcázar de proa del Santísima Trinidad.
- Entonces Guillermina, poniéndole una cruz entre las manos, le preguntaba si creía en Dios, si se encomendaba a Dios y a la Santísima Virgen, y a tales y cuales santos del Cielo, y contestaba ella que sí moviendo la cabeza.
- ¡Virgen Santísima! El carro se salía del camino, atravesaba el ruinoso puente de troncos y tierra que daba acceso á las tierras malditas, y se metía por los campos del tío Barret, aplastando con sus ruedas la maleza respetada.
- Pero en aquel instante le entraron de sopetón en el espíritu unos ardores de piedad tan singulares, unas ganas de tomarse confianzas con Cristo o con la Santísima Trinidad, y aun con tal o cual santo, que no sabía lo que le pasaba.
- Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por tu Santísima Cruz redimiste al mundo, y de paso que rezaba, su mirada buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle.
- En su corazón el culto principal era el de la clase, y si hubieran sido incompatibles la Visita a la Corte de María y la tertulia de Vegallana, María Santísima, en su inmensa bondad, hubiera perdonado, pero ellas hubieran asistido a la tertulia.
- Yo estaba tan orgulloso de encontrarme a bordo del Santísima Trinidad, que me llegué a figurar que iba a desempeñar algún papel importante en tan alta ocasión, y por eso no dejaba de gallardearme con los marineros, haciéndoles ver que yo estaba allí para alguna cosa útil.
- ¡María Santísima, qué vida más deliciosa y qué bien hizo en adoptarla, porque cosa más adecuada a su temperamento no se podía imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas, aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la familia era su vida, y todo lo demás era muerte.
- Soltero y con fortuna suficiente para quien no tiene mujer ni chiquillos ni familia próxima, Feijoo vivía en dichosa soledad, bien servido por criados fieles, dueño absoluto de su casa y de su tiempo, no privándose de nada que le gustase, y teniendo todos los deseos cumplidos en el filo mismo de su santísima voluntad.
- Figúrense ustedes cuál sería mi estupor, ¡qué digo estupor!, mi entusiasmo, mi enajenación, cuando me vi cerca del Santísima Trinidad, el mayor barco del mundo, aquel alcázar de madera, que visto de lejos se representaba en mi imaginación como una fábrica portentosa, sobrenatural, único monstruo digno de la majestad de los mares.