Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "santos" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra santos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Santos y buenos.
- Se irguió don Santos.
- Y allí estaba don Santos.
- Estampas de santos y mapas.
- Don Santos Barinaga gritó.
- Que muero, yo, Santos Barinaga.
- Vamos, don Santos, vamos a casa.
- Los santos no saben estas cosas.
- Entre ellos el de Todos los Santos.
- Don Santos, ya es hora de acostarse.
- Admita usted los santos sacramentos!
- Pero no hay que alborotar, don Santos.
- Ea, ea, don Santos basta de desatinos.
- Ve tú también con los santos cuartos.
- ¡pero ya hablaré! Bah, bah, bah, don Santos.
- ¿Tú nunca has leído vida de santos, verdad?
- Don Santos alborotó la vecindad muchas noches.
- Don Santos le convidaba a veces a echar una copa.
- Don Santos había sido siempre un buen católico.
- Don Santos era un hombre de convicciones arraigadas.
- Era don Santos que salía por última vez de su casa.
- Don Santos Barinaga no salía de casa, estaba enfermo.
- ¡Tú! Una vez hablabas de santos que hacen pecadores.
- Tenía modo diferente para pedir los días de los santos.
- ¿van a prender a don Santos después de haberle arruinado?
- ¡Devolverle los santos cuartos! Sí, para que se ría más.
- Este es el siglo de las luces, no es el siglo de los santos.
- El ministro soy yo, yo, Santos Barinaga, honrado comerciante.
- Pues el Provisor desnuda a todos los santos para vestirse él.
- ¡blasfemando así de Dios y sus santos! Ea, se había cansado.
- Y el desfile de santos continuaba, lento, monótono, aplastante.
- Si don Santos se arruina por culpa nuestra y no del aguardiente.
- Por Dios y todos los santos, no me olvide usted a ese desdichado.
- Poco trabajo le costó a Guimarán hacer un prosélito de don Santos.
- Pero el escándalo de don Santos el de los Cristos, como le llamaban.
- Don Santos levantó un poco la cabeza y conoció al cura de la parroquia.
- Aquel pobre don Santos había muerto como un perro por culpa del Provisor.
- Aquellos anaqueles vacíos representaban a su modo el estómago de don Santos.
- El sereno, aquel Pepe, conoció a don Santos y se acercó sin acelerar el paso.
- Don Santos es un borracho insolente que escupiría al Obispo con mucha frescura.
- Y después, erguidos sobre los pedestales los santos patronos de las otras rocas.
- Pero no pudieron marchar tan pronto porque la hija de don Santos cayó desmayada.
- Vamos, don Santos se atrevió a decir el cura no aflija usted a la pobre Celesta.
- Como don Santos había sospechado, Celestina no quiso darle té, ni tila, ni nada.
- ¡A ver! ¡a ver! las zapatillas y el frasco del anís, que hoy velo a don Santos.
- Preguntó don Santos con voz débil, sin más energía que la de una ira impotente.
- ¡Oh Barinaga! ¡infeliz don Santos! ¿Estará en el infierno, verdad, don Fermín?
- Sólo faltaba ya trajear decentemente a los santos y recoser ornatos y mantelillos.
- A los vetustenses, en general, les importaba poco la vida o la muerte de don Santos.
- No había más santos en el salón ni otra cosa que revelase la morada de un mitrado.
- Ni la ciencia, ni santa ciencia, tienen derecho para calumniar a don Santos Barinaga.
- Todos los presentes, menos don Santos, convinieron en que aquello era demasiado fuerte.
- La iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos y arca de sus creencias.
- ¡Me valga Dios y los santos de la corte celestial! También a mí se me acaba la cuerda.
- Soy una pecadora que me esfuerzo por hacer santos, santos a tus hijos y a ti y a tu mujer.
- La tarde de Todos los Santos Ana creyó perder el terreno adelantado en su curación moral.
- Esta señorita es hija de don Santos y con ella y con él es con quien queremos entendernos.
- Una vez que oyó decir de una que se quedaba soltera que quedaba para vestir santos, agregó.
- Pero don Santos si no bebía no daba pie con bola, no entendía palabra de lugares teológicos.
- El Magistral abrió el balcón sin ruido y se inclinó sobre la barandilla para ver a don Santos.
- Al principio fingiendo pulcritud, invocando santos intereses, después olvidando estas fórmulas.
- El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad.
- El violín calló y don Santos dio media vuelta, como buscando las notas que se habían extinguido.
- ¡Qué asco le darían! Y dentro del cerebro, como martillazos, oía aquellos gritos de don Santos.
- Pero al propio tiempo, entregar los santos cuartos a su dueña era lo mismo que tirarlos a la calle.
- Don Álvaro no recordaba siquiera que la Iglesia celebraba aquel día la fiesta de Todos los Santos.
- Recomendó particularmente la vida de algunos santos y las obras de Santa Teresa y algunos místicos.
- Don Santos está dispuesto a morir sin confesar ni comulgar, no reconoce la religión de sus mayores.
- Pero los santos escritores presentaban como tan difícil la cosa, que ya le inquietaban ciertas dudas.
- El día de la Concepción, muy temprano, el médico Somoza dijo que don Santos moriría al obscurecer.
- Don Carlos era un libre pensador que no leía libros de santos, ni de curas, ni de neos, como él decía.
- A mi marido no le quiero, ni le querré nunca, aunque me lo manden todos los santos de la Corte celestial.
- él allá dentro con Dios y los santos, bebiendo en los libros de la ciencia que le había de hacer señor.
- Teresina apareció en el umbral, seria, con la mirada en el suelo, con la expresión de los santos de cromo.
- Don Santos quedaba solo en batalla con las quimeras del alcohol, con nieblas en el pensamiento y en los ojos.
- Carraspique, aunque con mucho miedo, animado por su afán piadoso de salvar a don Santos, se atrevió a decir.
- Los que estaban furiosos eran los libre pensadores que comían de carne en una fonda todos los viernes Santos.
- ¡El mundo entero! gritó don Santos Barinaga, que siempre acudía a maldecir de su mortal enemigo el Provisor.
- No sabía éste qué hacer de su persona, y pensó que lo mejor era emprender de nuevo plática con los santos.
- Al principio es un gran peligro el desaliento que produce la comparación entre la propia vida y la de los santos.
- Además, hoy día el pobre don Santos ya no tiene dinero ni para emborracharse, ya no puede beber de pura miseria.
- El ex alcalde se multiplicaba, entraba y salía en casa de don Santos, bajaba con noticias, le rodeaban los amigos.
- Porque él, incapaz de calumniar a sus semejantes, cuando se trataba de santos y curas creía que no estaba de más.
- ¡Infame! ¡Infelices! Y don Santos se incorporó como pudo, inclinó la cabeza sobre el pecho, y lloró en silencio.
- Era don Santos Barinaga, que volvía a su casa, tres puertas más arriba de la del Magistral, en la acera de enfrente.
- Don Santos había dado plenos poderes a su amigo don Pompeyo para rechazar en su nombre toda sugestión del fanatismo.
- Don Santos volvió a su monólogo, interrumpido por entorpecimientos del estómago y por las dificultades de la lengua.
- Desde la noche de Todos los Santos, Mesía, vergüenza le daba confesárselo a sí mismo, no había adelantado un paso.
- Carraspique, a quien en otro tiempo había pedido dinero prestado don Santos, tenía alguna autoridad sobre el enfermo.
- Pero la noche de aquel día de Todos los Santos, recibió como agradable incienso el tributo espontáneo de admiración.
- Y las carnes de los santos del altar adquirían apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba artificialmente.
- Tú poseerás el principado y el imperio en el día de tu poderío y en medio del resplandor que brillará en tus santos.
- ¡Y por quién dejaba Ana la salvación del alma, la compañía de los santos y la amistad de un corazón fiel y confiado.
- Pero ahora me pesa de no haberlo hecho, y digo, y declaro, y perjuro, que quiero a Dios y a la Virgen y a todos los santos.
- Una tarde, la pobre mujer de Batiste apeló á gritos á Dios y á los santos viendo el estado en que llegaban sus pequeños.
- Don Pompeyo daba el brazo a don Santos y le acompañaba hasta dejarle bastante lejos del café, porque si no se volvía solo.
- Si Barinaga tomó de don Pompeyo su apostasía, Guimarán se contagió con el odio de don Santos al Provisor y a doña Paula.
- ¡Ábrase a la justicia! ¡En nombre de la ley, abajo esa puerta! ¡Señor don Santos, a la cama! dijo el sereno, ya de vuelta.
- Ya todos aseguraban haber encontrado a don Santos dando patadas a la puerta de la Cruz Roja y desafiando a gritos al Magistral.
- Pues si don Santos le maldice porque le roba los parroquianos de su tienda de quincalla, usted le aborrecerá por lo de la usura.