Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra saturno

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra saturno en el contexto de una oración.

Término saturno: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "saturno" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra saturno para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Gracias, Saturno.
  • Saturno, sin don.
  • La viudita y don Saturno.
  • Don Saturno reanudó su discurso.
  • Don Saturno se apresuró a despedirse.
  • No sé cómo ese don Saturno puede saber tanto.
  • Aquí veo una tarjeta de don Saturno Bermúdez.
  • Miró don Saturno con sonrisa de lástima y dijo.
  • Saturno bebió una copa de champaña acto continuo.
  • En efecto, don Saturno se enamoró de una señora casada.
  • Necia, ¿si creerá que a mí se me conquista como a don Saturno?
  • Videor meliora, le decía don Saturno sin que Paco le entendiese.
  • Paco tomó en brazos a don Saturno y le sacó del cajón nefando.
  • En aquel momento el Magistral se acercaba a saludar a don Saturno.
  • Después de la enumeración de don Saturno, hubo un silencio solemne.
  • Don Saturno estiró las cejas y dio señales de querer besar el suelo.
  • Don Saturno se puso colorado como si estuviera en ridículo delante de una asamblea.
  • Contestaba Saturno con sonrisas muy corteses a las bromas de los envidiosos sin frac que le decían.
  • Empujó demasiado fuerte, para que se cayera Saturno y, ¡zas! subió la barquilla allá arriba y al bajar.
  • Pero la señora de sus amores no hacía caso de los ojos de don Saturno ni entendía las alegorías ni las parábolas.
  • El crujir del almidón de aquellos bajos de nieve y espuma que tal se le antojaban a don Saturno, quien los había visto otras veces.
  • A la mañana siguiente don Saturno despertaba malhumorado, con dolor de estómago, llena el alma de pesimismo desesperado y de flato el cuerpo.
  • Y dio un chillido y se agarró a don Saturno que, patrocinado por las tinieblas, se atrevió a coger con sus manos la que le oprimía el hombro.
  • A lo de siempre, a que no hagamos caso del pobre don Segundo, el cura de Tamaza, que reclama el dinero de las misas de San Gregorio que le ha hecho decir don Saturno.
  • Esta voluptuosidad ideal del bien obrar, mezclándose a la sensación agradable del calorcillo del suave y blando lecho, convertía poco a poco a don Saturno en otro hombre.
  • Él se encargaba unas levitas de tricot como las de un lechuguino, pero el sastre veía con asombro que vestir la prenda don Saturno y quedar convertida en sotana era todo uno.
  • ¡Madre! ¡Por una mala mujer! ¡Señora! Cien veces, mil veces peor, que esas que le tiran de la levita a don Saturno, porque esas cobran, y dejan en paz al que las ha buscado.
  • ¡Y que le dijeran a don Saturno que la materia no es vil y grosera! Aquel día había recibido antes de comer un billete perfumado de su amiguita Obdulia Fandiño, viuda de Pomares.
  • ¡Qué brazos! ¡qué pecho! ¡y todo parecía que iba a estallar! Todo esto encantaba a don Saturno mientras irritaba al Magistral, que no quería aquellos escándalos en la iglesia.
  • Hoy mi madre, para divertirse ya sabes lo que a la pobre le gustan estas cosas quería ver a Obdulia y a don Saturno juntos, en casa, a ver qué cara ponían, aludiendo mamá a lo de ayer.
  • Dejó caer con negligencia su bata azul con encajes crema, y apareció blanca toda, como se la figuraba don Saturno poco antes de dormirse, pero mucho más hermosa que Bermúdez podía representársela.
  • Pero ya veras como al Provisor le saben a cuerno quemado (así hablaba Visitación con sus amigos íntimos.) Le consolará Obdulia, que le asedia y le prefiere a don Saturno, al mitrado y a mi amigo Joaquín.
  • Pronto las carcajadas de Obdulia Fandiño, frescas, perladas, como las llamaba don Saturno, llenaron el ambiente, profanado ya con el olor mundano de que había infestado la sacristía desde el momento de entrar.
  • Don Saturno, cortado y sospechando algo del motivo de aquella inesperada oposición, se contentó con inclinarse a lo Magistral y torcer la boca y las cejas de una manera inventada por él mismo frente al espejo.
  • Si estuviéramos en un barco, no sería tan inoportuno pensaba ¡pero en una catedral! El Infanzón estaba en rigor como en alta mar, y cada vez que oía decir la nave del Norte, la nave del Sur, la nave principal, se creía al frente de una escuadra y se figuraba que don Saturno apestaba a brea.
  • Como lo de parecer cura no estaba en su intención, sino en las leyes naturales, don Saturno así le llamaban después de haber perdido ciertas ilusiones en una aventura seria en que le tomaron por clérigo, se dejaba la barba, de un negro de tinta china, pero la recortaba como el boj de su huerto.
  • Después de esto ¡al agua! Saturno entra en el salón, saludando a diestro y siniestro, y aunque parece que su propósito es enterarse de quién está allí, en el fuero interno bien sabe él que lo que busca es un rincón de un diván o una silla, que le sirva de puerto en aquella arriesgada navegación por los mares del gran mundo.
  • ¡Ah, cuánta felicidad había en estas victorias de la virtud! ¡Qué clara y evidente se le presentaba entonces la idea de una Providencia! ¡Algo así debía de ser el éxtasis de los místicos! Y don Saturno apretando el paso volvía a su casa ebrio de idealismo, mojando los embozos de la capa con las lágrimas que le hacía llorar aquel baño de idealidad, como él decía para sus adentros.