Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "secretos" aquí tienes una selección de 46 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra secretos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Todo se volvía secretos.
- Precisamente por ser secretos.
- ¿Cómo que adivina los secretos.
- No debe haber secretos entre los esposos.
- En cuanto hay secretos, adiós paz del matrimonio.
- Se le trastorna más el cerebro y adivina los secretos.
- Para otras personas tendrá usted secretos, para mí no.
- Para él no tenían secretos la vida humana ni la juventud.
- No había secretos, ¿por qué se retiraba aquella señora?
- No estaba su madre acostumbrada a que hubiera secretos para ella.
- Ah, ¿pero vosotras creéis que no me percato de vuestros secretos?
- También había cuchicheos secretos, al oído, entre aquel estrépito.
- Y suspiraba como echando la llave al cajón de los secretos sentimentales.
- Porque ésta vendrá a contarme los secretos de su novio, ¿verdad, Elvira?
- En un sitio que yo sé contestaba el Roch, que no quería comunicar sus secretos.
- Ella tenía la llave de los cajoncitos secretos de la que se fué en carne y sangre.
- Oh, si la Regenta supiese quién era él, no le confiaría los secretos de su corazón.
- Yo le he dicho secretos de mi vida interior como quien revela síntomas de una enfermedad.
- Y yo aborrezco al mundo entero y me arrojo a los pies de usted a contarle mis secretos más hondos.
- De buena gana se escondería detrás de una cortina para estafarles sus secretos a aquel par de tunantes.
- Don Basilio, inclinándose de aquel lado, apoyado en el codo, les revelaba secretos con muchísima reserva.
- Había apretones de mano, golpecitos en el hombro, bromitas sempiternas, chistes, risas, secretos al oído.
- La alfombra tupida que se parecía al mismo Mesía en lo de apagar todo rumor que delatase secretos amorosos.
- Secretos, en fin, que Juanito tenía por calumniosos, y que únicamente podía revelar un canalla como aquél.
- Uno de sus secretos era, que el Magistral merecía el nombre de sabio, pero no precisamente el de arqueólogo.
- Más me fío en usted que en el ama decíale Nucha confidencialmente, desahogando unos secretos celos maternales.
- Eran la yunta viciosa, ligada por el yugo de la comunidad de gustos y la mutua posesión de secretos poco limpios.
- Nunca se le había ocurrido que aquel espectáculo era fuente de placeres secretos intensos, vivos como pasión fuerte.
- Yo, desde que entré en esta gran crisis de la razón, todo lo veo claro, y la naturaleza humana no tiene secretos para mí.
- Visitación había dicho a Paco de buenas a primeras, que ella lo sabía todo, que Álvaro tampoco para ella tenía secretos.
- Temía estas expansiones en que se toma por amigo a cualquiera y en que se dicen secretos que en vano después se querría recoger.
- Se notaba más despierto, más perspicaz para comprender, más curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes le aburriera.
- Eso de arrojar la fortuna al viento, con la esperanza de una ganancia loca, quedaba para los tontos que se creen poseedores de infalibles secretos.
- Md., que no diga nada de todos los altísimos secretos que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí, pues tiene buen entendimiento.
- Ana le sonrió con dulzura franca y noble y con una humildad pudorosa que aludía, con el rubor ligero que la mostraba, a los secretos confesados la tarde anterior.
- Y salió de la catedral haciendo cálculos por los dedos, que se le antojaban cábalas, asechanzas, espionaje, intrigas y hasta postigos secretos y escaleras subterráneas.
- A los que de esta manera se conducen, se les mira en los cafés con un poquillo de respeto y aun con cierta envidia, suponiéndoles conocedores de secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda.
- Las personas desconocidas, las mujeres de pueblo no se atrevían a tanto, y las pocas de esta clase que confesaban con él acudían en montón a la capilla obscura cuyos secretos envidiaba don Custodio.
- Afirmábase también que las señoritas de Molende estaban ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos, y a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un registro en su casa.
- Esta mostraba a la de Rubín una gran simpatía, y con esta simpatía, la dulce confianza que de ella emanaba, y por fin, con el verdadero derroche de indulgencia que en favor de sus faltas hacía, apoderose poco a poco de todos sus secretos.
- A más de un liberal de los que renegaban de la confesión auricular, hubiera podido decirle las veces que se había embriagado, el dinero que había perdido al juego, o si tenía las manos sucias o si maltrataba a su mujer, con otros secretos más íntimos.
- Las correderas, perseguidas en sus más secretos asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para no percibir el ¡ chac ! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del insecto.
- Y mirando a las damas que iban y venían, unas elegantes, lujosas, otras enlutadas o con hábito humilde, todas deseando a su modo agradar, todas procurándolo, Mesía imaginaba secretos hilos invisibles que iban de faldas a faldas, de la sotana a la basquiña, del cura a la hembra.
- ¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y, repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores secretos de mucha duración.
- En los momentos de pasión desenfrenada a que él arrastraba a la hembra siempre que podía, para hacerla degradarse y gozar él de veras con algo nuevo, obligaba a su víctima a desnudar el alma en su presencia, y las aberraciones de los sentidos se transmitían a la lengua, y brotaban entre caricias absurdas y besos disparatados confesiones vergonzosas, secretos de mujer que Mesía saboreaba y apuntaba en la memoria.
- ¡Grandes secretos son, Señor, los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañara aquella buena disposición y razonable capa y sayo y quién pensara que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lázaro trujo un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir de la halda del sayo?