Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "seductores" aquí tienes una selección de 11 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra seductores para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Si se castigara a los seductores y a los petimetres.
- Después de Mesía, pocos seductores había tan afortunados como el Marquesito.
- Y no eran escépticos sino cínicos, ni seductores más o menos auténticos, sino compradores de carne humana.
- Los seductores de la clase media que anhelaban siempre meter la cabeza en la aristocracia, declararon lo mismo.
- No conozco seductores corcovados ni enanos decía, encogiéndose de hombros, las pocas veces que con sus amigos íntimos hablaba de estas cosas.
- Bien sabía él la fuerza que tenía que emplear para resistir la tentación que salía de aquellos labios más seductores cuanto menos maliciosos.
- Dormía con plácido reposo, la cara seria, como si aprobase inconscientemente las perrerías que el otro decía de los seductores, y aprovechara la lección para cuando le tocara.
- El inspirado y entusiasta mancebo hacía hincapié en lo malos que son los señoritos y en la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas inocentes contra los seductores.
- El curita Rubín había reconciliado dos matrimonios que andaban a la greña, había salvado de la prostitución a una niña bonita, había obligado a casarse a tres seductores con las respectivas seducidas.
- Luego se apretó mucho el corsé, como si no le oprimiese aún bastante aquel armazón de altas palas, un verdadero corsé de labradora, que aplastaba con crueldad el naciente pecho, pues en la huerta valenciana es impudor que las solteras no oculten los seductores adornos de la Naturaleza para que nadie pueda pecaminosamente suponer en la virgen la futura maternidad.
- Bailarinas de desecho, cantatrices inválidas, matronas del género serio demasiado sentimentales en su juventud pretérita, eran perseguidas, obsequiadas, regaladas y hasta aburridas por aquellos seductores de campanario, incapaces los más de intentar una aventura sin el amparo de su bolsillo o sin contar con los humores herpéticos de la dama perseguida, o cualquier otra enfermedad física o moral que la hiciesen fácil, traída y llevada.