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Ejemplos de oraciones con la palabra segismundo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra segismundo en el contexto de una oración.

Término segismundo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "segismundo" aquí tienes una selección de 46 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra segismundo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Ah! Segismundo, paciencia.
  • , pues a ese tarambana de Segismundo.
  • ¡Ah!, qué memoria la tuya, Segismundo.
  • Este Segismundo está ido dijo Fortunata.
  • Consolarse le dijo Segismundo en la puerta.
  • Entre usted, doña Lupe le dijo Segismundo.
  • Contestó Segismundo con cara de muy mal genio.
  • ¡Y conmigo! repitió Segismundo, con igual calor.
  • Se puso muy colorada cuando Segismundo le dijo esto.
  • Segismundo sintió nuevamente deseos de besar a su amiga.
  • Se llamará Juan, después Evaristo, y después Segismundo.
  • En el pasillo, Segismundo comunicó su pensamiento a doña Lupe.
  • Pase usted, Don Segismundo dijo reconociendo al regente de la botica.
  • Segismundo había llamado a Guillermina desde la puerta de la alcoba.
  • En la sala cuchicheó la ministra con Segismundo contándole lo ocurrido.
  • Segismundo y el comadrón trataban de algo que no querían oyese Maximiliano.
  • ¡Qué bueno es usted, Segismundo! ¡Qué agradecida estoy a lo que hace por mí!
  • Como me llamo Segismundo, se la tiene que tragar, y entonces diré como mi tocayo.
  • Segismundo observaba a su amiga, y a la verdad, no le parecía su estado muy católico.
  • Soy el mismo Segismundo de siempre y cuando usted necesite de un amigo leal y callado, acuérdese de mí.
  • Y después del primer nombre, que usted designará (poniéndose muy inflado), llevará el mío, Segismundo.
  • Aquello era la cadena que él había arrastrado representando el Segismundo de La vida es sueño, en el primer acto.
  • Era Maximiliano, quien al ver a doña Guillermina y a Segismundo sentados en la escalera, hizo el siguiente razonamiento.
  • A poco llegó el practicante que sólo hacía servicio en la botica por las noches, y llevándole aparte, le dijo Segismundo.
  • ¡Cuánto siento que se haya ido Segismundo! Él me recetaría alguna cosa, o al menos, diciéndome que esto no es nada, yo me lo creería.
  • Pero si se tocaba a los cacharros de su museo, como él llamaba aquella exposición permanente de manías, se transformaba en un Segismundo.
  • La superioridad de Perales en el teatro antiguo, su Segismundo es una revelación, concedo, revela mejor que el mío la filosofía del drama, pero.
  • Segismundo, que en aquel momento tenía poco que hacer, dejolo todo por atender cortésmente a la señora de su amigo y serle grato en lo que de él dependiera.
  • Iii El bautizo se celebró con modestia suma en San Ginés, una mañana de Abril, y le pusieron al chico los nombres de Juan Evaristo Segismundo y algunos más.
  • Pues verás, La tía esa indecente, la Fenelona, francesota, más mala que el no comer, dice que este hijo que tienes no es hijo de quien es, sino de Don Segismundo.
  • Y a punto que Izquierdo le sacaba, resonó la voz de Juan Evaristo con agudísimo timbre, y entraba Segismundo, asombrándose mucho de ver al filósofo otra vez allí.
  • Juan Evaristo Segismundo, después que le trajeron de San Ginés, estaba tan guapote y satisfecho, cual si tuviera conciencia de su dichoso ingreso en la familia cristiana.
  • Y después de saludar a Segunda como si fuera esta la señora más encopetada, pasó, y antes de decir nada a la que fue su amiga, examinó bien a Juan Evaristo Segismundo.
  • Segunda empezó a escandalizar, y en aquel momento llegaba Segismundo, quien sabedor en la escalera de lo que ocurría, entró en la casa y en la alcoba más muerto que vivo.
  • Desde su alcoba, donde continuaba encamada, Fortunata se reía de las ocurrencias de Segismundo buscándole la lengua a Platón y a Ido del Sagrario, a quien solía llamar maestro.
  • Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba más en serio que un ladrillo, Rubín se había tranquilizado tanto, que casi estaba dispuesto a oírle con benevolencia y hasta con jovialidad.
  • Segismundo fue el primero que penetró en la estancia, sin miedo alguno, y vio a Maxi en un rincón, hecho un ovillo, con más apariencias de imbecilidad que de furia, demudado el rostro y las ropas en desorden.
  • Poco a poco fue tomando el dolor de Segismundo acentos más tranquilos, y sentado a la cabecera del lecho mortuorio, habló con la santa de un asunto que necesariamente y por la fuerza de la realidad se imponía.
  • Repitió sus ofrecimientos y se fue, dejando a Fortunata la impresión de que no estaba tan sola como creía, y de que el tal Segismundo era, en medio de sus tonterías y extravagancias, un corazón generoso y leal.
  • Como apareciese en la acera de enfrente el célebre crítico, Segismundo se vio acometido a la ira cómica que le producía la presencia de aquel personaje de tan indudable importancia en la república de las letras.
  • En el largo trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur, Segismundo contó al buen Ponce todo lo que sabía de la historia de Fortunata, que no era poco, sin omitir lo último, que era sin duda lo mejor.
  • ¡Qué humanidad tan imbécil! Amigo Segismundo, ¡qué hermosa es la muerte! Si me vuelve usted a decir que es hermosa la muerte replicó el otro cogiendo la vara y esgrimiéndola cómicamente, le lleno el cuerpo de chichones.
  • El buen Segismundo se esforzaba en tranquilizarla sobre este particular, y habiendo observado que el recuerdo de otras personas excitaba y encendía su ánimo favorablemente, le habló de doña Guillermina y de su hermosa vida.
  • En esto llegaron y se dio tierra al cuerpo de la señora de Rubín, delante de las cuatro o cinco personas acompañantes, las cuales eran Segismundo y el crítico, Estupiñá, José Izquierdo y el marido de una de las placeras, amiga de Segunda.
  • FIN DE LA PARTE TERCERA Parte cuarta I En la calle del Ave María i Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al frente de la botica de Samaniego) tenía frecuentes altercados con Maxi por los garrafales errores en que este incurría.
  • Segismundo no participaba de tal opinión, y estuvieron discutiendo sobre esto con selectas razones de una y otra parte, quedándose cada cual con sus ideas y su convicción, y resultando al fin que la fruta cruda bien madura es cosa muy buena, y que también lo son las compotas, si el repostero sabe lo que trae entre manos.