Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra sentarse

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sentarse en el contexto de una oración.

Término sentarse: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sentarse" aquí tienes una selección de 56 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sentarse para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Hagan el favor de sentarse.
  • Fue preciso sentarse a la mesa sin él.
  • Lo importante era sentarse en algún sitio.
  • Don Fermín volvió a sentarse en su sillón.
  • Tenga usted la bondad de sentarse, señora mía.
  • Después de fumar tres pitillos volvió a sentarse.
  • Este amigo ha titubeado algo antes de sentarse al piano.
  • No le vendría mal sentarse, aunque fuese en el cafetín.
  • Y lo mismo era sentarse que empezar a hacer media o a coser.
  • Hasta en la manera de sentarse se diferencian de ti me decía.
  • Algunos días iba a comer allí, es decir, a sentarse a la mesa.
  • La palpitación que sentía era tan fuerte que tuvo que sentarse.
  • Espere usted un poco, señor Magistral, haga el favor de sentarse.
  • A su lado solía sentarse un caballero que tenía un vicio secreto.
  • Maximiliano la sujetó por el vestido y la obligó a sentarse otra vez.
  • Redón, con el mismo gabán que se levanta escrupulosamente al sentarse.
  • Los pantalones eran tan cortos, que al sentarse se le veía media pierna.
  • VII DE LOS FOCOS DE LA PESTE ANDRÉS solía sentarse cerca del mostrador.
  • Jacinta se echó la bata, y corrió a sentarse al borde del lecho de su marido.
  • Martín abrió la portezuela, y, al sentarse, dirigiéndose a la superiora, dijo.
  • Le dolía la cintura y al sentarse exhaló un ¡ay! Para coser usaba siempre gafas.
  • Fortunata se detuvo ante su amiga, y esta la obligó a sentarse otra vez a su lado.
  • Villaamil, invitado por su amigo, dobló su esqueleto para sentarse, y tomó café.
  • El sofá donde solía sentarse Ana llamó al Magistral con la voz de los recuerdos.
  • Allí habrá sillas, al menos, y podrán la señora y los señores sentarse a gusto.
  • ¡Vaya usted con Dios, guerrera! Andrés avanzó en el cuarto hasta sentarse cerca de Lulú.
  • Feo, tonto le dijo aguzando la jeta cuando le vio sentarse en la mesilla de pino de la cocina.
  • En aquel punto tuvo que sentarse, porque le flaqueaban las piernas, y se le desvanecía la cabeza.
  • Sentada en la butaca en que solía sentarse la difunta, contemplaba los juegos de los pequeñuelos.
  • Ronzal, que no podía sentarse, porque no tenía dónde, pensaba que aquello era una corruptela, y era verdad.
  • Este había vuelto a sentarse y se quejaba de que se le había enfriado el café, que tomaba a pequeños sorbos.
  • Dio entonces un paso más, cerrando un poco la puerta, y tentó la pared por si hallaba silla o banco en qué sentarse.
  • En esta época, los chicos no iban tanto a la escuela como ahora, y Martín pasó mucho tiempo sin sentarse en sus bancos.
  • Como no había más que dos sillas, Rafaela tuvo que sentarse en el baúl y el grande hombre no comprendido quedose en pie.
  • ¡Ah, qué desgracia! ¡Qué desgracia! y por primera vez se le vió a aquella mujer tener que sentarse y sufrir un desvanecimiento.
  • Estaba el clérigo pálido, le temblaba un poco la voz, y se movía sin cesar en la mecedora en que se le había invitado a sentarse.
  • Estos últimos párrafos ya no los leía el Magistral en voz alta, sino que había vuelto a sentarse y leía sin ruido y para dentro.
  • Doña Paula volvió a sentarse y haciendo alarde de una paciencia, que ni la de un santo, dijo, con mucha calma, pesando las sílabas.
  • Cuando mi tía Úrsula llegaba a casa, solía sentarse en una sillita baja, y allí me contaba una porción de historias y de aventuras.
  • Al menos, desdichada, confiese usted su delito dijo Rubín, que deslizándose en las tinieblas había encontrado un cajón en que sentarse.
  • El padre de Zelayeta trabajaba en su torno con un aprendiz, y, mientras él torneaba, solían sentarse a la puerta, a charlar, algunos amigos.
  • Es menester que usted se entere bien dijo Maximiliano al sentarse en el sillón, creyendo haber encontrado un buen cabo de discurso para empezar.
  • Avanzaba tímidamente, deteniéndose a cada palabra del saludo, y fue preciso que Guillermina la mandase dos o tres veces sentarse para que lo hiciera.
  • Estaba muy débil y no apetecía más que sentarse junto a los cristales del balcón del gabinete, contemplando con incierta mirada a los transeúntes.
  • Se levantó, y después de dar dos o tres paseos, volvió a sentarse junto a la mesa donde estaba la luz, porque había sentido una opresión molestísima.
  • Petra, sin atreverse a sentarse y sin querer dejar el puesto, miró al suelo ruborosa, hizo movimientos felinos, y se puso a retorcer una punta del delantal.
  • Llevaba toquilla de color corinto, que se quitaba al sentarse, y al punto se le armaba en la mesa una tertulia de hombres, compuesta de los siguientes personajes.
  • Iban a una de las principales iglesias a sentarse tras la mesa petitoria de una comunidad de origen extranjero, a la hora en que la gente elegante reza las estaciones.
  • Ésta, silenciosa e inmóvil durante la anterior escena, sacó un repleto cuenco de caldo, y el niño fue a sentarse en el borde del lar, para engullirlo sosegadamente.
  • Cuando tengo que contarte tantas cosas, chavala ! añadió Santa Cruz, que cansado ya de estar de rodillas, había cogido una banqueta para sentarse a los pies de su mujer.
  • Los que ejercen autoridad en los círculos o tertulias de café suelen sentarse en el diván, esto es, de espaldas a la pared, como si presidieran o constituyesen tribunal.
  • Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz.
  • Y así, Azorín y Sarrió, sin admiradores molestos, dan unas vueltas por una plaza, husmean las tiendas, compran unos periódicos, y acaban por sentarse en la terraza de un restaurant, bajo el cielo azul, frente al mar ancho.
  • Los huesos crujieron, hizo diferentes contorsiones que parecían un trabajo de gimnasia, y luego volvió a sentarse, abrazando a su mujer y quedándose ante ella (pues estaba sentado en una banqueta junto al sofá) en actitud semejante a la que toman los amantes de teatro cuando van a decirse algo muy bonito en décimas o quintillas.
  • Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
  • Solíamos contar a don Alonso cómo al sentarse en la mesa nos decía males de la gula (no habiéndola él conocido en su vida), y reíase mucho cuando le contábamos que en el mandamiento de No matarás, metía perdices y capones, gallinas y todas las cosas que no quería darnos, y, por el consiguiente, la hambre, pues parecía que tenía por pecado el matarla, y aun el herirla, según regateaba el comer.