Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "serían" aquí tienes una selección de 52 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra serían para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿serían calabazas?
- ¿Serían los perros?
- ¿Serían los nervios?
- ¿cómo serían las monjas?
- ¿Qué cosas serían aquellas?
- ¿O serían cigarras, grillos.
- Sin mí, ¿qué serían ustedes?
- ¿Cómo serían aquellos mundos?
- Si había habido algo, serían niñerías.
- Pero estos serían tratados a cuerpo de rey.
- Pero, ¿no serían tampoco más que nervios?
- ¿Cómo serían aquellos amores de Petra y el molinero?
- Las seis de la tarde serían cuando Rubín volvió a su casa.
- Las once y media serían cuando sintieron la voz de Ballester.
- ¿Qué serían, cómo serían en adelante sus relaciones con Ana?
- Otras hipotecas y las tierras serían para Nicolás y Maximiliano.
- Serían las diez de la noche cuando llegamos al borde del pantano.
- Al pronto sospechó la señora de Jáuregui si serían falsos los billetes.
- Podían reir sus amigos hasta reventar, pero tales risas serían las últimas.
- Serían cerca de las nueve cuando comenzó a bajar las escaleras cautelosamente.
- Serían las diez cuando la desposada se quedó sola con su marido y con Patricia.
- Viéndolos, yo me figuraba que así, en gran tamaño, serían los océanos del mundo.
- Una bacante como serían las de verdad, si las hubo allá, en esos países que dicen.
- Pero las trazas antiguas serían imposibles ahora, si llegara el caso de necesitarlas.
- Serían las nueve de la mañana siguiente, cuando Nicolás pidió a Papitos su chocolate.
- Doña Lupe, que ya la conocía bien, estaba segura de que sus órdenes serían cumplidas.
- I ANDRÉS HURTADO COMIENZA LA CARRERA SERÍAN las diez de la mañana de un día de octubre.
- ¿Serían indicios peligrosos de un espíritu aventurero, exaltado, torcido desde la infancia?
- Las fiestas, a que él haría que don Víctor llevase a su mujer, serían aguijones del deseo.
- Las once serían ya, cuando desde su cuarto sintió un grande altercado entre doña Lupe y Papitos.
- Serían las cuatro y media, cuando vi al capitán y a su hija, que volvían, hacia su casa, por la playa.
- Pero juro a Dios que llegado el caso, mis atrocidades serían dignas de ser puestas en décimas calderonianas.
- Sus derechos de orfandad, que le dijeron que serían una ayuda irrisoria, poco más que nada, tardaría en cobrarlos.
- ¡Sabría Dios cuántas serían ya! Aquel Glocester y su don Custodio habrían tenido buen cuidado de hacer rodar la bola.
- Hasta le consintió nuevas caricias de gratitud que él se juró serían las últimas, por lo de la economía, que le tenía maniático.
- Como las tierras del tío Barret no serían nunca para los hombres, debían anidar en ellas los bicharracos asquerosos, y cuantos más, mejor.
- Serían las cinco o cinco y media cuando el mar comenzó a rizarse con olas redondas, blandas, que fueron tomando anchura y cuerpo con rapidez.
- Soñaba con viajar por el Oriente, y aseguraba siempre que, de tener dinero, los primeros países que visitaría serían Egipto y el Asia Menor.
- Presentían que desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente.
- Serían las tres cuando el Delfín abrió los ojos, despabilándose completamente, y miró a su mujer, cuya cara no distaba de la suya el espacio de dos o tres narices.
- Serían las nueve de la noche cuando se encontraron dentro de la romántica y alegre ciudad, en medio de aquel idioma ceceoso y de los donaires y chuscadas de la gente andaluza.
- La tienda estaría en una casa nueva de la subida a Santa Cruz, frente por frente a la calle de Pontejos, y sus escaparates serían de seguro los más vistosos y elegantes de Madrid.
- Pero en caso de que se pudieran hacer aquí esos barcos dije yo con viveza, conociendo la fuerza de mi argumento, los ingleses los harían también, y entonces las proporciones de la lucha serían las mismas.
- A pesar de la delicadeza de don Víctor, quedó decretado que su mujer y él y los criados que quisieran llevar, irían a pasar aquellos meses que pedía Benítez en el Vivero, donde serían dueños absolutos.
- ¡Soñaba! la fortaleza de la vigilia desvanecíase por la noche, y sin que ella pudiese remediarlo, la mortificaban visiones y sensaciones importunas, que a tener responsabilidad de ellas serían pecado cierto.
- Las nueve serían de la siguiente, cuando entró en el establecimiento de la Plaza de Antón Martín, que lleno de gente estaba, con una atmósfera espesa y sofocante que se podía mascar, y un ensordecedor ruido de colmena.
- Aquellas tristezas, aquellos arranques mal disimulados de impaciencia, de despecho, que yo observaba con el rabillo del ojo ¡ay! ¡sí, esto era lo cierto, con el rabillo! ¿serían ilusiones mías, nada más que ilusiones?
- Aunque no se había tratado nunca directamente del asunto, se había convenido, por un acuerdo tácito, que las dos niñas últimas no serían monjas, a no haber en ellas una vocación superior a toda resistencia prudente y moderada.
- Al farmacéutico le agradaba que su cara mitad anduviera en aquellos trotes de beneficencia, viese buenos ejemplos y se familiarizara con aquellos cuadros hondamente humanos de la miseria y de la muerte, pues sin duda serían más provechosos a su espíritu que los saraos, bullangas y diversiones.
- ¡Si serían aquellos los brotes del amor por la hermosura del alma! Lo que más consolaba a Fortunata era la esperanza cada día más firme, porque el capellán se lo había dicho no pocas veces en el confesonario, de que cuando se casase y viviese santamente con su marido a la sombra de las leyes divinas y humanas, le había de amar.
- Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos.
- Conviene apuntar, antes de pasar adelante, que aquella abnegación de Juan Pablo y el asiduo interés que por la salud de su hermano mostraba, serían absolutamente inexplicables, dado el egoísmo del señor de Rubín, si no se acudiera, para encontrar la causa, a ciertas ideas relacionadas con la economía política o la ciencia que llaman financiera.