Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra siento

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra siento en el contexto de una oración.

Término siento: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "siento" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra siento para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Lo siento.
  • Yo lo siento.
  • Siento pasos.
  • ¡Cuánto siento!
  • siento dije yo.
  • ¡Ah!, siento pasos.
  • No, si no siento nada.
  • Siento un leve terror.
  • Me siento ante la mesa.
  • Me siento algo aliviado.
  • Ahora siento que lo soy.
  • Siento una fatiga dulce.
  • Pero como lo siento, no.
  • Yo me siento un instante.
  • Siento grietas en la vida.
  • Lo siento yo aquí entre mí.
  • Pero es que siento un vacío.
  • No, pero te siento que lloras.
  • Calla, me parece que siento pasos.
  • Es que siento que se me va la vida.
  • Lo que siento es que no sea por mi mano.
  • ¡Ya lo creo! ¡ya lo creo! y lo siento.
  • Lo siento a par del alma, señor marqués.
  • Me siento en el roto fuste de una columna.
  • Ya siento el llavín de mi tía, que entra.
  • ¡ No digas, hija! Pero me siento derretir.
  • Sí, me vuelve, aquí está, le siento entrar.
  • Si siento morirme le decía a Andrés es por ti.
  • Pero leyendo ciertas cosas, me siento bondadosa.
  • Señor marqués, yo siento tener que advertirle.
  • Crea que me siento regular esta noche, casi bien.
  • Más, más, porque me siento muy feliz, muy feliz.
  • Siento un susurro, algo así como paso de ladrones.
  • Lo siento dijo Guillermina, asomándose a la puerta.
  • Y yo me siento ante la mesa y arreglo las cuartillas.
  • Si siento dejar el pueblo es, más que nada, por usted.
  • Hoy me siento inclinada a la historia, a los recuerdos.
  • Yo cada día me siento más indolente y más distraído.
  • Pero no quiero confesarme, señor Carraspique, y siento.
  • Yo no, yo siento en mí, aquí dentro, algo duro y fuerte.
  • Pero por dentro siento algo que me está rallando así, así.
  • ¡Ay, qué feliz me siento con esta idea que me ha dado! ¡Irme!
  • Siento yo aquí en mi corazón la voz del ángel que me lo dice.
  • Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo.
  • Pero siento dentro de mí un cierto presagio de que voy a dormir.
  • ¡Te he dicho que no me siento así! No, la postura no es cómoda.
  • Y lo que siento es irme sin ver, sin conocer, al que ha de llegar.
  • Aquella espontaneidad que yo sentía afluir en mí ya no la siento.
  • Cuando me siento muy torpe, ¡pim!, te miro y al momento me despabilo.
  • Me siento en una piedra y contemplo un instante el vetusto monasterio.
  • Pero hay días en que siento ganas de reunir a sus hijos, a mis hijos.
  • ¡Yo, yo! que siento la ofensa, que la preveo, que la huelo en el aire.
  • Yo también lo creo, y siento que no tenga usted los quinientos hombres.
  • Imagínole ausente, me veo aquí sola y tengo miedo y siento la soledad.
  • Tatiste question, como dice Trabuco, a quien siento no ver entre nosotros.
  • Cuando ella entra se decía la tía siento rumor de alas caídas y quietas.
  • No ves que siento hasta el roce en el aire de las alas quietas de Manolita.
  • Antes, cuando alguno siento que quiere decir algo della, le atajo y le digo.
  • Siento que el corazón no quiere ya marchar, a pesar de todas las inyecciones.
  • Respecto de mí, siento un poco de vergüenza al decir que soy feliz, muy feliz.
  • ¡oh! estoy segura de que, tal como lo siento, nada de lo que he dicho es pecado.
  • ¡Qué ganas siento de llorar! Sola, sin nadie que me diga una palabra de consuelo.
  • A usted solo en el mundo he abierto mi corazón, usted sabe cuanto pienso y siento.
  • Yo me siento viejo, enfermo y olvidado, pero mi espíritu ansía la juventud perenne.
  • Yo me siento conmovido y estoy a punto de sollozar cuando pienso en todas estas cosas.
  • Cuando me siento con ganas de llorar y dada a todos los demonios, ¿sabe usted qué hago?
  • Debe usted confesar entre todas, y además algunos días en que no se sabe que me siento.
  • Y entraba Plácido y le contaba mil cosas divertidas, que siento no poder reproducir aquí.
  • Lo que es hoy me tiene que hacer un reconocimiento en toda regla, porque me siento muy mal.
  • Tiene usted razón, y lo que siento ¡qué cuña!, es que no viera en mi reticencia una broma.
  • Todos los huesos me duelen, y la cabeza la siento a ratos como si estuviera vacía, sin sesos.
  • Por la mañana, cuando despierto en la Sierra y oigo pregonar el botijo e leche, me siento mal.
  • No me duele nada, me siento bien, y para colmo de felicidad no tengo ganas de comer ni de dormir.
  • Cuando me siento ante la mesa, después de levantarme, me esperan sobre ella una porción de libros.
  • ¡Pobre mujer! ¡Tener ese vicio! De veras lo siento, pues no hay otra como ella para correr alhajas.
  • ¡Ay, Dios mío!, ya siento la lógica invadiendo mi cabeza con fuerza admirable, y el talento vuelve.
  • Siento, al pensar en esto, un profundo terror, como si la vida se me escapara en un momento de desmayo.
  • ¡No, en el suelo, no! yo no me siento en el suelo, sobre la tierra, y menos junto a ti y ante los niños.
  • Pero si vienen a curiosear, siento tener que decirles que tomen la puerta y que aquí no hacen falta para nada.
  • Pero a la vista de esas pobres chicas me siento débil y no quiero que mi conciencia cargue con un remordimiento.
  • Figúrate que a ratos me siento tan estúpido, pero tan estúpido, que creo tener por cabeza un pedazo de granito.
  • Me siento tan bien como nunca me he sentido, créanmelo (demostrando en su tono y semblante la placidez de su alma).
  • Me siento capaz de leer a Maudsley y a Luys, con todas sus figuras de sesos y demás interioridades, sin asco ni miedo.
  • Puedo reír, llorar, cantar, hablar con Dios, con los pájaros, con la sangre sana y fresca que siento correr dentro de mí.
  • Yo que llegaba a mi casa dispuesto a andar otro tanto, ahora me siento fatigado a la mitad de esta condenada calle de Alcalá.
  • , y ciertas cosas acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento es el golpe que le tocó al chiquillo.
  • Después tiemblo dentro de la sábana y vuelvo gozosa al calor de mi cuerpo, contenta de la vida que siento circular por mis venas.
  • Y yo siento, al llegar aquí, el tener que dolerme de que las palabras a veces sean demasiado grandes para expresar cosas pequeñas.
  • ¡Cuánto siento que se haya ido Segismundo! Él me recetaría alguna cosa, o al menos, diciéndome que esto no es nada, yo me lo creería.
  • Yo siento cómo desaparece de una sociedad nueva todo lo que yo más amo, todo lo que ha sido mi vida, mis ilusiones, mi fe, mis esperanzas.
  • Más que odio siento por él desprecio, pero me divierte, me parece entretenido, como si viera un bicho malo metido debajo de una copa de cristal.
  • A veces, cuando me traen un papel azul, a pesar de haber abierto tantos en las redacciones, siento que resurge en mí la superstición del provinciano.
  • Yo siento como si hubieran pasado tres o cuatro horas en este ambiente de soledad, de aburrimiento, de inercia, de ausencia total de vida y de alegría.
  • Y si yo siento dentro de mí una fuerza muy grande, pero muy grande, que me impulsa a la salvación de otra alma lo he de realizar, aunque se hunda el mundo.
  • Soy tan vascongado como cualquiera, pero siento que a mis paisanos les pase lo que a los irlandeses, que son muy religiosos, pero les gusta demasiado el vino.
  • ¡Y no lo veo! Y como ya es de noche y me siento fatigado por el precipitado trajín, por el viaje, por el cansancio, me retiro a casa con ánimo de acostarme.
  • ¡Qué terrible momento! Aún me parece que siento bajo mi mano el violento palpitar de un corazón, que hasta en aquel instante terrible no latía sino por la patria.
  • Sí, tiene usted cien veces razón decía ella yo necesito una palabra de amistad y de consejo muchos días que siento ese desabrimiento que me arranca todas las ideas buenas y sólo me deja la tristeza y la desesperación.
  • ¡Bien sabe Dios que siento la profanación a que se me invita! Se vistió lo más correctamente que supo, y después de verse en el espejo como un Lovelace que estudia arqueología en sus ratos de ocio, se fue a casa de doña Obdulia.
  • Siento en el alma causarte esta pena, pero tú que eres bueno, comprenderás mis deberes y los motivos de mi resolución y encontrarás otra mujer que no tenga mis obligaciones sagradas y que te pueda hacer más feliz que yo habría podido hacerte.