Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "siesta" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra siesta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Era costumbre dormir la siesta.
- La heroica ciudad dormía la siesta.
- A esta siesta le llama Azorín la siesta de las cigarras.
- Algunas monjas se retiraban a su celda a dormir la siesta.
- Terminada la partida volvieron a la fonda a dormir la siesta.
- Estas horas de siesta se le hacían a Hurtado pesadas, horribles.
- Habían sorprendido a la Marquesa que dormía la siesta en su gabinete.
- Y a él se consagraba principalmente aquella especie de siesta que dormían despiertos.
- Descabezaba una tarde la siesta el marqués, cuando llamaron a la puerta con grandes palmadas.
- El Magistral dormía algunos días la siesta, y doña Paula, por economía, le preparaba así la cama.
- Comparaba ella la situación a la aventura de flotar sobre mansa corriente perezosa, sombría, a la hora de la siesta.
- Respondió el porquero (que aún no la había desollado) que no era nada sino la siesta y que hacía grandes bochornos.
- Comió Martín lo que le trajeron, se tendió envuelto en la manta, y después de un momento de siesta, se levantó a tomar una resolución.
- Y una tarde salió el picador de entre un montón de banastas donde estaba durmiendo la siesta, todo lleno de plumas, y llegándose a mí me echó la zarpa, quiero decir, que me dio la manaza y yo se la tomé, y me convidó a unas copas, y acepté y bebimos.
- La filosofía de Frígilis, aquel pensador agrónomo que despreciaba la sociedad con sus falsos principios, con sus preocupaciones, exageraciones y violencias, se le presentó a Quintanar, a quien el cuerpo repleto le pedía siesta, como la filosofía verdadera, la sabiduría única, eterna.
- Mientras Quintanar duerme la siesta (costumbre nueva) y ronca (achaque antiguo y digno de respeto) yo abro la ventana y oigo el rumor de la lluvia sobre las hojas y el ruido de las alas de las palomas que se esponjan sobre los tejadillos de su palomar cuadrado, entrando y saliendo por las ventanas angostas.
- Y por delegación de Celedonio, hombre de iglesia, acólito en funciones de campanero, aunque tampoco en propiedad, el ilustre diplomático de la tralla disfrutaba algunos días la honra de despertar al venerando cabildo de su beatífica siesta, convocándole a los rezos y cánticos de su peculiar incumbencia.