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Ejemplos de oraciones con la palabra siglos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra siglos en el contexto de una oración.

Término siglos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "siglos" aquí tienes una selección de 54 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra siglos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Así transcurrieron muchos siglos.
  • Pero tardaba años, tardaba siglos.
  • Montero mayor, diríamos hace siglos.
  • Viene pasando hambres desde hace siglos.
  • Pero se necesitan muchos siglos para eso.
  • Al fin no en balde habían pasado tres siglos.
  • Representaba a través de tantos siglos un duelo sublime.
  • Hay horas en la vida, que parecen siglos por las mudanzas que traen.
  • Si no, vas a andar de mano en mano hasta la consunción de los siglos.
  • Lo menos hay dos siglos que no ha corrido por estas paredes una mirada humana.
  • Y no importaba que hubiesen pasado tantos siglos, el amor no cuenta el tiempo.
  • La justicia era respetada con un terror supersticioso heredado de muchos siglos.
  • El verdadero don Juan del siglo, y de todos los siglos tal vez, vence como puede.
  • Era grande, construida siglos después que las otras capillas, en el diez y siete.
  • Era como un dosel de piedra fabricado para cobijar una institución de cinco siglos.
  • Infantes, como tantos otros pueblos del Centro, se arruinó rápidamente en dos siglos.
  • Sobre este fangal, desde hace años, según algunos, siglos, está instalado un astillero.
  • Ni en su tiempo ni siglos ainde, yo creo que no serán muchos los que imiten a doña Teresa.
  • Una y otra cultura, la de la tierra y la de la ganadería, se han hostilizado durante siglos.
  • Aquí, en la ancha cocina de la posada, esta noche, al cabo de tres siglos, un viejo me dice.
  • Desengáñese Vuestra Majestad, han de pasar siglos antes de que esta nación sea presentable.
  • Más viejo es un perro de diez años que un cuervo de ciento, si es cierto que los cuervos duran siglos.
  • Los cuarenta años y pico eran como los de los árboles que duran siglos, una juventud, la primera juventud.
  • Y entonces volviendo al egoísmo de sus sentimientos, deploraba no haber nacido cuatro o cinco siglos antes.
  • Estudiando bien la vida total, el entendimiento se limpia de las telarañas que en él han tejido los siglos.
  • Los tambores vibraban fúnebres, tristes, empeñados en resucitar un dolor muerto hacía diez y nueve siglos.
  • Su eterno adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por los siglos de los siglos, amén.
  • ¡Absurdo! ¡absurdo! gritaba don Víctor jamás se hizo cosa por el estilo en los gloriosos siglos de estos insignes poetas.
  • Yo quisiera decir algo de ese clérigo que he visto en Maqueda, sucesor, a través de los siglos, del buen clérigo del Lazarillo.
  • Una costumbre árabe, transformada y mejorada a través de los siglos hasta convertirse en caricatura audaz, en protesta de la plebe.
  • No oía al jesuita, oía la elocuencia silenciosa de aquel hecho patente, repetido siglos y siglos en millares y millares de pueblos.
  • Las banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida, pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo xvi.
  • La mujer era el sujeto poético, como él decía, pues se preciaba de hablar como los poetas de mejores siglos y al asunto solía llamarlo sujeto.
  • Su historia anda escrita en los cronicones de la Reconquista, y gloriosamente se pudren poco a poco víctimas de la humedad y hechas polvo por los siglos.
  • ¡qué alegre! ¡qué revoltosa! nada de encerrarse en la capilla horas y horas, nada de rezar siglos y siglos, nada de leer a su Santa Teresa eternidades.
  • Hoy, después de siglos de dominación semítica, el mundo vuelve a la cordura, y la verdad aparece como una aurora pálida tras de los terrores de la noche.
  • Con las antiguallas que allí se pudrían, pudiera escribirse la historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un par de siglos acá.
  • IV Era jueves, y según una costumbre que databa de cinco siglos, el Tribunal de las Aguas iba á reunirse en la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia.
  • La puerta de los Apóstoles, vieja, rojiza, carcomida por los siglos, extendiendo sus roídas bellezas á la luz del sol, formaba un fondo digno del antiguo tribunal.
  • Pero no pueden, porque delata la relativa juventud de estos caserones su arquitectura que revela el mal gusto decadente, pesado o recargado, de muy posteriores siglos.
  • La muchedumbre, legítima descendiente del pueblo que dos siglos antes presenciaba los autos de fe, aplaudía con gozosa ferocidad la caída de los monigotes en la hoguera.
  • Cuando Fortunato bajaba de la cátedra deseando a todos la gloria por los siglos de los siglos, la unción del prelado corría por el templo como una influencia magnética.
  • Cegado por el humo y contando los minutos como siglos, abrió Batiste la puerta, y por ella salió enloquecida de terror toda la familia en paños menores, corriendo hasta el camino.
  • Hubieran sido parte a despertar de su sueño de siglos a los reyes allí sepultados, a ser cierto lo que el arqueólogo dijo respecto del descanso eterno de tan respetables señores.
  • Creyérase que Mauricia lo había olido, porque de improviso alzó la cabeza, adquiriendo tal animación y vida su cara que parecía mismamente la del otro cuando, señalando las pirámides, dijo lo de los cuarenta siglos.
  • En cuanto la dejaban sola, y eran largas sus soledades, los ojos se agarraban a las páginas místicas de la Santa de Ávila, y a no ser lágrimas de ternura ya nada turbaba aquel coloquio de dos almas a través de tres siglos.
  • Veinte siglos de religión, millones de espíritus ciegos, perezosos, que no veían el absurdo porque no les dolía a ellos, que llamaban grandeza, abnegación, virtud a lo que era suplicio injusto, bárbaro, necio, y sobre todo cruel.
  • Pasaba por pariente, circunstancia poco extraña en un país donde las familias, residiendo siglos y siglos pegadas al mismo terruño, acaban por confundirse, y llamaba la atención por su aire avispado y la ligereza de sus movimientos.
  • El pecado original, la expulsión del paraíso, la encarnación, la redención, eran una serie de representaciones poéticas y naturalistas que se reproducían al través de los siglos, lo mismo a orillas del Éufrates que del Nilo que del Jordán.
  • ¡Como que son dos nacionalidades distintas y antagónicas! Levante es una región que se ha desenvuelto y ha progresado por su propia vitalidad interna, mientras que el Centro permanece inmóvil, rutinario, cerrado al progreso, lo mismo ahora que hace cuatro siglos.
  • Hemos de sumar aún a estas causas y concausas de abatimiento las continuas y formidables plagas de langosta, que, desde hace siglos, caen sobre estas campiñas, como las de 1754, 55, 56 y 57, de que habla Bowles en su Introducción a la geografía física de España.
  • Allí se había agitado en otros siglos, vociferante y rojo de rabia, el valencianismo levantisco, y los santos de la portada, mutilados y lisos como momias egipcias, al mirar al cielo con sus rotas cabezas, parecían estar oyendo aún la revolucionaria campana de la Unión ó los arcabuzazos de la Germanías.
  • La noticia se transmitía á grito pelado de un campo á otro campo, y un estremecimiento de alarma, de extrañeza, de indignación, corría por toda la vega, como si no hubiesen transcurrido los siglos y circulara el aviso de que en la playa acababa de aparecer una galera argelina buscando cargamento de carne blanca.
  • Sin poder él remediarlo, mientras el aire fresco el viento había cambiado del mediodía al noroeste le llenaba los pulmones de voluptuosa picazón, la fantasía, sin hacer caso de observaciones ni mandatos, seguía herborizando y se había plantado en los siglos primeros de la Iglesia, y el Magistral se veía con una cesta debajo del brazo recogiendo de puerta en puerta por el Boulevard y el Espolón las ricas frutas que Páez, don Frutos Redondo y demás Vespucios de la Colonia, arrancaban con sus propias manos en aquellos jardines que, en efecto, iba viendo a un lado y a otro detrás de verjas doradas, entre follaje deslumbrante y lleno de rumores del viento y de los pájaros.