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Ejemplos de oraciones con la palabra solían

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra solían en el contexto de una oración.

Término solían: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "solían" aquí tienes una selección de 47 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra solían para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Hablaban las murallas como libros y solían decir.
  • De Aparisi, uno de los que solían ir de tertulia a la botica.
  • Iban llegando los amigos de la casa que solían ir algunas noches.
  • Estas crisis del ánimo solían provocarlas noticias del personal.
  • Solían tener los camareros muy mala educación, también heredada.
  • Solían juntarse en el Espolón los tres mejores mozos del Cabildo.
  • Mis primos solían contar cosas de los teatros y circos de la corte.
  • Pero, además, solían visitar a la Regenta cada tres o cuatro días.
  • Los más, al salir de una junta del Salón de Antigüedades, solían exclamar.
  • Solían acompañarla doña Petronila Rianzares o alguna otra dama de su cónclave.
  • Solían también lavar en el gran artesón de la cocina, y zurcir y echar un remiendo.
  • Si la noche estaba buena, solían darse una hora más de palique vagando por las calles.
  • Se bebió, se emborracharon los que solían y se dio cuenta de los trabajos de propaganda.
  • Sus citas históricas solían referirse a las queridas de Enrique VIII y a las de Luis XIV.
  • Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían Rita y Manolita, acompañadas por su primo.
  • Por las mañanas, el capitán y su hija solían recorrer la playa desierta, los dos descalzos.
  • Si soplaba el Norte y nevaba, solían deslizarse algunos copos por la claraboya de la lucerna.
  • Cuando cogían algún negrero, solían ahorcar al capitán y vendían los negros por su cuenta.
  • Algunos de sus compañeros solían llevar al aula, para leer a escondidas, obras literarias de las más famosas.
  • De todas suertes, los días de Paquito Vegallana no solían celebrarlos con gaudeamus, ni él estaba invitado ni.
  • Cuando estaban ellos en casa de mi abuela, íbamos juntos a un caserío de la familia, donde solían darnos cuajada.
  • También solían cargar en carros, que cubrían de tejas, plomo en lingotes, que había de servir para fundir balas.
  • A otros les solían dar opio y los llevaban a los barcos de noche, por delante de la policía, como marineros borrachos.
  • En la marea baja, entre las rocas cubiertas de líquenes, solían verse charcos tranquilos, olvidados al retirarse el mar.
  • No era De Pas de los que solían quedarse al tertulín, como llamaban a la sabrosa plática de la sacristía después del coro.
  • El clérigo salió y fue a casa de un amigo donde le solían dar, en aquella crítica hora, el remedio de su debilidad de estómago.
  • Subía la escalera procurando que sus botas no rechinasen, como solían, y preguntaba a Petra en voz baja, con cierto misterio triste.
  • En otros barcos negreros solían hacer bailar a los negros el baile de homba, y, cuando no querían, les instaban a zarandearse a fuetazos.
  • Se retiró sin acercarse a su marido, que no la buscó tampoco para darle el beso en la frente con que solían despedirse todas las noches.
  • Aquella tarde no asistieron al Casino a la hora del café, como solían, ni Mesía, ni Ronzal, ni el capitán Bedoya ni el coronel Fulgosio.
  • El padre de Zelayeta trabajaba en su torno con un aprendiz, y, mientras él torneaba, solían sentarse a la puerta, a charlar, algunos amigos.
  • Sonreían a la Marquesa, asestaban los gemelos a Edelmira y hacían señas al Marqués, y a Paco, que solían visitar aquel rincón comm il faut.
  • Es vino de la Rioja solían decir en broma, al llegar a los pueblos golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario cómplices los dejaban pasar.
  • Estos furores solían concluir con risas, besos, promesas de enmienda y reconciliaciones cariñosas, porque Juanito se pintaba solo para desenojar a su mamá.
  • No estaba el suyo para escenas fuertes, le horrorizaba la idea de una filípica embozada, como solían ser las de su madre, de un discurso de moral utilitaria.
  • Estos ataques de la lujuria animal solían ser a las altas horas de la noche, cuando el enamorado salvaje se eternizaba sobre su banco, para esperar la soledad.
  • Solían verse la muchacha y el viejo en la zapatería, y el granuja de Ichtaber, para estar más libre, mandaba a Fernando, con cualquier pretexto, a la trastienda.
  • Hasta los de arriba, los del cuarto del crimen, que solían dejar que pasaran revoluciones sin darse por entendidos, mandaron sus emisarios abajo para saber lo que ocurría.
  • Llevaba patillas cortas, que entre los marinos franceses solían llamar patas de conejo, y por debajo de la manga se le veían en las dos muñecas unas anclas tatuadas, de color azul.
  • Mi abuela y mi tía Úrsula se hallaban poseídas por la manía de poner el suelo brillante, y las dos, y una muchacha, solían estar encerándolo y frotándolo hasta dejarlo como un espejo.
  • Pero como en la mayor parte de nuestros dramas modernos se exige sala decentemente amueblada, sin artesones ni cosa parecida, los directores de escena solían decidirse en tales casos por el cielo azul.
  • En la cueva de Caracas solían estar a todas horas, de tertulia, un borracho, que se llamaba Joshepe Tiñacu, y un tipo mediotonto, de blusa azul y de gorro rojo, que vigilaba las lanchas, apodado Shacu.
  • Las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto estratégico.
  • Saltando charcos, desafiando chaparrones iba de parroquia en parroquia, de novena en novena, y pasaba también mucho tiempo en la nave fría de algún templo a la hora en que los fieles solían dejarlos desiertos.
  • Sin que Ana sospechase por lo menos que se trataba de la vida o la muerte de su esposo y de su amante, salió de casa don Víctor por la puerta del parque acompañado de Frígilis, a la hora en que solían ir de caza.
  • Sobre la consola solían estar dos cajas de té de la China, una copa tallada en un coco y varios caracoles grandes, de esos del mar de las Indias, con sus volutas nacaradas, que uno creía que guardaban dentro un eco del ruido de las olas.
  • La Regenta no tuvo que cerrar la puerta del caserón a nadie, como se había prometido, por que nadie vino a verla, se supo que estaba muy mala, y los más caritativos se contentaron con preguntar a los criados y a Benítez cómo iba la enferma, a quien solían llamar esa desgraciada.