Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "somoza" aquí tienes una selección de 50 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra somoza para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Que llamasen a Somoza.
- Gr., el médico Somoza.
- Somoza había adivinado.
- Somoza llegó a las ocho.
- Somoza, furioso, gritaba.
- También respiró Somoza.
- Somoza le diría de fijo que sí.
- No había que hacer caso de Somoza.
- Llega Somoza, pulsa a la dama, pide.
- Somoza dijo que aquello no era nada.
- Somoza volvió a las ocho de la noche.
- Yo, Somoza, no puedo esperar nada bueno.
- Somoza se había equivocado como solía.
- Somoza aseguraba que moriría esta tarde.
- Está usted desmejorado le decía Somoza.
- Somoza mantuvo su opinión con energía heroica.
- Somoza solía aprobar moviendo la cabeza y diciendo.
- Somoza solía equivocarse, anticipando la muerte a sus enfermos.
- Porque él, Somoza, no leía libros, ya se sabe, no tenía tiempo.
- El señor de Somoza es tan angelical que no quería darme un susto.
- Somoza volvió a describir la falta de condiciones higiénicas del convento.
- Somoza, Paco y Joaquín Orgaz ayudaron a Obdulia a salir del cajón maldito.
- Poco después Pepe vio salir al coronel Fulgosio y detrás a Somoza el médico.
- Señor Somoza, el cariño le hace a usted, acaso, ver el peligro mayor de lo que es.
- Don Robustiano Somoza, que ante todo era higienista público, gritaba en todas partes.
- Desde la sala habían oído el diálogo Somoza y la hija menor de Guimarán, Perpetua.
- Le tocó la frente y dijo que no era nada, que tenía razón Somoza, la primavera médica.
- ¿Sabía Somoza que era él y nadie más el cura oculto, el jefe espiritual de aquella casa?
- Ana escribió primero a su médico, que era en la actualidad el antiguo sustituto de Somoza.
- El día de la Concepción, muy temprano, el médico Somoza dijo que don Santos moriría al obscurecer.
- No que él, don Robustiano Somoza, hombre científico ante todo, creyese en la eficacia material de la religión.
- Aquellos argumentos puramente humanos, mundanos, que se podían oponer a Somoza y otros como él, eran lo de menos.
- Poco a poco gritó Ripamilán en eso estoy yo conforme con la ciencia y con el señor Somoza su legítimo representante.
- Quince minutos después aparecieron entre los árboles desnudos don Álvaro y sus padrinos, más el señor don Robustiano Somoza.
- El pobre don Santos, se moría sin remedio, según don Robustiano Somoza, el médico de la aristocracia cuyas ideas no eran sospechosas.
- A fe de Somoza, que sin don Víctor ataca a mi primo Carraspique en broma, yo empuño la espada, le ataco en serio y las cañas se vuelven lanzas.
- Ya sabe que yo creo que un buen médico (no precisamente el señor Somoza, que es persona excelente y médico muy regular), podría ayudarme mucho.
- El sustituto de Somoza no era hablador, pero se divertía oyendo a Quintanar, y este llegó a profesar gran cariño a Benítez, que así se llamaba.
- XIX Don Robustiano Somoza, en cuanto asomaba Marzo, atribuía las enfermedades de sus clientes a la Primavera médica, de la que no tenía muy claro concepto.
- La hija de Carraspique, sor Teresa, agonizaba en el inmundo asilo de las Salesas, en la celda que era, según Somoza, un inodoro, por no decir todo lo contrario.
- Don Víctor tenía a su izquierda a don Robustiano Somoza, el rozagante médico de la nobleza, que comía con la servilleta sujeta al cuello con un gracioso nudo.
- El señor Somoza expuso latamente varias vulgaridades relativas a la renovación del aire, a la calefacción, aeroterapia y demás asuntos de folletín semicientífico.
- Visitación, mientras sentada a los pies de la cama devoraba una buena ración de dulce de conserva, aseguraba con la boca llena que Somoza y la carabina de Ambrosio todo uno.
- Rosa Carraspique en el mundo, sor Teresa en el convento, murió de una tuberculosis, según Somoza, de una tisis caseosa, según el médico de las monjas, que era dualista en materia de tisis.
- De aquello que don Víctor llamaba los nervios, asesorado por el doctor don Robustiano Somoza, y que era el fondo de su ser, lo más suyo, lo que ella era, en suma, de aquello no tenía que darle cuenta.
- Ha fallecido en su celda del convento de las Salesas la señorita doña Rosa Carraspique y Somoza, hija del conocido capitalista ultramontano don Francisco de Asís, monja profesa con el nombre de sor Teresa.
- No se pudo averiguar de qué se moría don Santos, pero a la media hora se corría por Vetusta que, por culpa del Provisor, se habían pegado y desafiado Foja y Somoza, y no se sabía si el mismo Ripamilán había recogido alguna bofetada.
- ¡Qué tres días! Yo me figuraba estar prostituida de un modo extraño (aquí la letra de la Regenta se hace casi indescifrable para ella misma.) ¡Todo Vetusta me había visto los pies desnudos, en medio de una procesión, casi casi del brazo de Vinagre! ¡Y tres días con los pies abrasados por dolores que me avergonzaban, inmóvil en una butaca! Llamé a Somoza que se excusó.
- La botica, los jaropes que él aborrecía, el miedo a equivocar las dosis, el pavor que le inspiraban las medicinas verdosas, creyendo que podían ser veneno (para don Víctor el veneno, a pesar de sus estudios físico químicos, siempre era verde o amarillo), las equivocaciones y torpezas de las criadas, las horas de hastío y silencio al pie del lecho de la enferma, las inquietudes naturales, el estar pendiente de las palabras de Somoza, el hablar con todos los que quisieran enterarse de la misma cosa, de los grados de la enfermedad.
- Después que comulgó don Pompeyo con toda la solemnidad requerida por las circunstancias, teniendo a su lado al cura de cabecera, a don Fermín y a Somoza, el médico, Vetusta entera, que había acudido a la casa y a las puertas de la casa del converso, se esparció por todo el recinto de la ciudad haciéndose lenguas de la unción con que moría el ateo, a quien ahora todos concedían un talento extraordinario y una sabiduría descomunal, y pregonando el celo apostólico del Provisor, su tacto, su influencia evangélica, que parecía cosa de magia o de milagro.