Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra sonreír

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sonreír en el contexto de una oración.

Término sonreír: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sonreír" aquí tienes una selección de 50 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sonreír para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y en el sonreír parecía una santa.
  • Venía con cara de sonreír a sus ideas.
  • Parece que la veo sonreír delante de mí.
  • La mañana comenzaba a sonreir en el cielo.
  • Así debió de sonreír el griego que dijo.
  • Nucha meneó la cabeza intentando sonreír.
  • De Pas no sabía sonreír de aquella manera.
  • Y él tendría que sonreír, y besar y callar.
  • Pero Manuela se limitaba a callar y a sonreír.
  • Ánimo, chico, que hoy te va a sonreír la suerte.
  • Volvió a sonreír Patricia con infernal malicia, y.
  • No hizo más que sonreír de un modo que significaba.
  • Y concluyó por sonreír, y al cabo de un gran rato le dijo.
  • El corro no pudo menos de sonreír en señal de aprobación.
  • Aquel usía hizo sonreír al Provisor, que lo creyó muy oportuno.
  • Mas érale forzoso contenerse y sonreír cuando su suegro la miraba.
  • Una balita de poca cosa le llevó el anteojo, y esto le hizo sonreír.
  • Era un viejo que le ha saludado cortésmente, esforzándose por sonreír.
  • Mesía no pudo menos de sonreír, a pesar de que le estaban llevando los demonios.
  • Dijo Moreno mirando a Barbarita y esforzándose en sonreír para ocultar su turbación.
  • Intentaba sonreír como sí tomase a broma las palabras de Juanito, pero estaba ruborizada.
  • Tenía la boca muy grande, y al sonreír con propósito de agradar, los labios iban de oreja a oreja.
  • Pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonreír ligeramente y secar el llanto con su pañuelo.
  • Aquel sarcasmo de amor la hizo sonreír a ella misma con amargura que llegó hasta la boca desde las entrañas.
  • El Magistral no pudo menos de sonreír, recordando que los carneros de Panurgo no habían sido monjas ni frailes.
  • Así como a los delicados de la vista la claridad les hace arrugar los párpados, a don Fermín le hacía sonreír.
  • Los dulces nombres de pimpollo, remono, angelito, y otros que me prodigó con toda largueza, no me hicieron sonreír.
  • Pero lo que la hacía más joven era su afabilidad constante, aquel sonreír gracioso y benévolo con que iluminaba su rostro.
  • Ya ves, dijo luego, queriendo sonreír, me ofrecían un distrito, un distrito de cunero, sine cura admirable (sine cura, dijo).
  • El Magistral miró al beneficiado sin sonreír, pinchándole con aquellas agujas que tenía entre la blanda crasitud de los ojos.
  • Otro rayo de sol entreabría las nubes, y los santos, en sus hornacinas, parecían sonreír benévolamente al grupo del banquillo.
  • Y después de sonreír, mientras todos los concurrentes esperaban en un profundo silencio, se ha puesto por fin a hablar y ha dicho.
  • Sólo el Provisor se contentó con sonreír, inclinarse y poner cara de santo que sufre por amor de Dios el escándalo de los oídos.
  • Las carcajadas del público enardecían a los borrachos, les hacían sonreír con orgullo, y los dos redoblaban sus saltos y contorsiones.
  • La otra, que siendo cifra de todas las debilidades humanas, parecía más fuerte que la gran doctora y santa, se permitió sonreír oyéndola.
  • Pero demostraba, sin más que moverse, sonreír o mirar, que el prebendado, sin dejar de serio, podía ser hombre de sociedad como cualquiera.
  • Sor Natividad, que era mujer de mucho entendimiento y estaba acostumbrada a los pueriles entusiasmos de su compañera, no hizo más que sonreír con bondad.
  • Iban a abrirle, iba a salir ella, Ana, a su encuentro, se atrevería a sonreír como siempre, tal vez a ponerle la frente cerca de los labios para que la besara.
  • Pero la pareja de pobres hombres era impotente ante tales diablillos, y al fin adoptó la sabia determinación de sonreír con tolerancia y retirarse a un portal.
  • Pero hacía esfuerzos para sonreir, y á cada excitación de venganza contestaba con un gesto arrogante, afirmando que corría de su cuenta el castigar al enemigo.
  • Ripamilán no pudo menos de sonreír, mientras colocaba, con gran dificultad, el libro en que había de leer el Evangelio de San Lucas, sobre las alas del águila de hierro.
  • Los dos aludidos, mostrando al sonreír sus dientes blancos como la leche y sus labios más rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba, contestaron que sí con sus cabezas de salvaje.
  • La mayor parte de los penitentes volvían de aquel pueblo de pesca con la conciencia llena de pecadillos que, si tratándose de otros casi le hacían sonreír, en la Regenta le hubieran hecho muy poca gracia.
  • Fortunata estaba pasando la pena negra con aquella visita de tantismo cumplido, y un color se le iba y otro se le venía, sin saber cómo contestar a las preguntas de doña Lupe ni si sonreír o ponerse seria.
  • El Magistral, con la boca abierta, sin sonreír ya, con las agujas de las pupilas erizadas, devoraba a miradas aquella arrogante amazona de la religión, que labraba con arte la naturaleza, por fuera, y él por dentro, por el alma.
  • Linda cabeza de bebé, boca graciosa, hoyuelos en la barba y las mejillas, un puñado de rizos sobre la frente y ojos que en vez de mirar parecían sonreír a todo, revelando el inmenso contento de ser joven y que la llamasen bonita.
  • Las niñas, a pesar de sus elegantes trajes, creían que todos se fijaban en ellas para sonreír compasivamente, y doña Manuela marchaba erguida, con altivez dolorosa, poco más o menos como Napoleón en Santa Elena después de la denota.
  • Nucha, a quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los quidproquos de la conversación, producidos por la sordera de los dos respetables hermanos.
  • Y completamente solo, ocultando á la familia su situación, teniendo que sonreir cuando estaba entre su mujer y sus hijas, las cuales le recomendaban que no se esforzase tanto, el pobre Barret se entregó á la más disparatada locura del trabajo.
  • El mismo banquero confesaba que esta vez se había equivocado, aunque no por ello dejaba de sonreír, asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas sus previsiones, podía sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos son iguales.