Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sonriente" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sonriente para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Entró Petra sonriente.
- Dijo conmovida y al mismo tiempo sonriente.
- Reconoció a Obdulia y se inclinó sonriente.
- Pero menos sonriente que al saludar a Bermúdez.
- Ya no había en su vida nada sonriente, nada amable.
- A Teresina pálida y sonriente que decía, dentro del cerebro.
- Y doña Rufina, volviéndose a las damas, había dicho sonriente.
- Amparito escuchaba sonriente, complacida por esta letanía de poetas.
- Ella le oía sonriente, haciendo de cuando en cuando alguna objeción.
- ¡Muy bien! ¡Muy bien! Hemos hecho lo que hemos podido contestó él sonriente.
- El anciano junta su calva, en misterioso cuchicheo, a la cabeza sonriente de la niña.
- La dama, completamente tranquila, sonriente, se metió un terrón de azúcar en la boca.
- Apoyando una mano en el dintel de la puerta de la alcoba, dijo el amo sonriente como la criada.
- La recibió Teresina sonriente, más pálida y más delgada que meses atrás, pero más contenta.
- Entremos aquí dijo Mary, que, después de las lágrimas, había quedado sonriente y de buen humor.
- La Shele era muy cariñosa, y sin duda de verse mimada en aquel trance, se encontraba alegre y sonriente.
- A pesar de su apariencia sonriente y humilde, tenía un orgullo y una confianza en sí mismo extraordinaria.
- Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita.
- Era el mismo viejecillo de siempre, regordete y sonriente, con el rostro colorado, la mirada viva y la cabecita blanca y sonrosada.
- Ana, por complacerle, le escuchaba con los ojos fijos en él, sonriente, y bajaba al parque cuando se trataba de lecciones prácticas.
- Praschcu era un mocetón grueso, barbudo, sonriente y rojo, que, a juzgar por sus palabras, no pensaba más que en comer y en beber bien.
- Zalacaín, a pesar de ser templado, sintió un ligero estremecimiento en todo el cuerpo, pero se irguió y entró sonriente en el cuarto.
- ¡Qué hubiera pensado, sin ir más lejos, Petra la doncella que estaba allí, a su lado, silenciosa, sonriente, cada día más antipática, y más servicial.
- Sonriente, esbelto, armonioso al andar, enfático en el sonsonete rítmico del manteo ampuloso, pasaba desafiando el qué dirán, con imperturbable sangre fría.
- Enemigo de comunicar sus penas, se le veía siempre sonriente, bonachón, tranquilo, llevando encasquetado hasta las orejas el gorro azul que justificaba su apodo.
- Al notar la presencia de los campaneros levemente turbado, y en seguida sonriente, con una suavidad resbaladiza en la mirada y una bondad estereotipada en los labios.
- Pero no sabe que el mismo percal se lo vendió a Obdulia rebajando un perro grande, y con una ganancia superior a la que podía esperar el mancebo sonriente y con barba de judío.
- Los campos del tío Barret, ó mejor dicho para ella, del judío don Salvador y sus descomulgados herederos, eran una mancha de miseria en medio de la huerta fecunda, trabajada y sonriente.
- A pesar de que Andrés pretendía representarse el aspecto de Luisito enfermo, no se lo figuraba nunca atacado con la terrible enfermedad, sino alegre y sonriente como le había visto la última vez el día de la marcha.
- Al ver que Ana había mentido, que estaba buena y había buscado un embuste para no acudir a su cita, el mal humor de Don Fermín rayó en ira y necesitó toda la fuerza de la costumbre para contenerse y seguir sonriente.
- En vano pensaba esto, porque agudos remordimientos le pinchaban cada vez que Ana, solícita, dulce y sonriente le pedía con las manos en cruz que se cuidara, que no entregase todas sus horas al trabajo y a la penitencia.
- Aquel viernes memorable, Mourelo se presentó en el púlpito sonriente, como solía (ocho días antes se había desacreditado el Obispo), saludó al altar, saludó a la Audiencia y se dignó saludar al católico auditorio.
- Aquel encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza sonriente, encendida por el sol de Mediodía, empezó a perder terreno, aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defendía la prenda española como defendió el parque de Monteleón y los reductos de Zaragoza.
- Después de acariciarle su enorme cabeza, volvió a recuperar lo que había dejado sobre el banco y prosiguió su marcha, siempre abrumada por la fatiga, poseída por triste desaliento, pero satisfecha y sonriente al mirar a sus dos pequeñuelos, cruz abrumadora que arrastraba en el calvario de la miseria.
- Y la mamá satisfecha del éxito alcanzado por sus niñas, y a pesar del cansancio, sonriente y majestuosa con su vestido de seda, que crujía a cada paso, y encima el amplio abrigo de terciopelo, Juanito contemplaba con el cariño de un padre este desfile desmayado que iba en busca de la cama, arrojando al paso en las sillas los adornos exteriores.
- En uno de los asientos, que imitaban la barquilla de un globo, en cuclillas, sonriente y pálido, don Saturnino Bermúdez, como a una vara del suelo inmóvil, hacía la figura más ridícula del mundo, con plena conciencia de ello, y más ridículo por sus conatos de disimularlo, procurando dar a su situación unos aires de tolerable, que no podía tener.
- Adoraba como un idealista las zafias beldades con su olor a limón y tierra, gozaba oyendo sus conversaciones, prestábalas con el mayor gusto pequeños servicios, aguantaba sus groserías e impertinencias, todo a cambio de poder estarse en un rincón, tímido y sonriente, contemplando los brazos hercúleos, los ojazos insolentes y las piernas como columnas, marcadas por el discreto zagalejo.
- La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble sentido, de los guiños picarescos con que acompañaba sus palabras, y hasta le parecía ¡oh poder de la ilusión! que había en su persona un perfume extraño que comenzaba a crispar los nervios de doña Manuela, algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el protector se había traído sin duda a su hogar honrado.