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Ejemplos de oraciones con la palabra sonrió

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sonrió en el contexto de una oración.

Término sonrió: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sonrió" aquí tienes una selección de 53 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sonrió para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Teresina sonrió.
  • Orgaz hijo sonrió.
  • El Magistral sonrió.
  • Doña Águeda sonrió.
  • El sacerdote se sonrió.
  • El sonrió estúpidamente.
  • Ana sonrió a la Marquesa.
  • Están de monos y sonrió.
  • Su padre sonrió cruelmente.
  • Fortunata se sonrió un poco.
  • Parcerisa sonrió satisfecho.
  • Sonrió al Magistral, y dijo.
  • Sonrió con amargura y añadió.
  • Fortunato levantó la cabeza y sonrió.
  • La Regenta sonrió a don Fermín y dijo.
  • Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió.
  • Doña Paula sonrió, sin que su hijo lo notase.
  • Fortunata se sonrió, afectando entender la cita.
  • El Magistral sonrió como un mártir entre llamas.
  • Petra sonrió torciendo la boca, y bajó la cabeza.
  • Contracayes sonrió como un oso que supiera hacerlo.
  • El Magistral no sonrió, pero su mirada fue intensa.
  • Don Antonio sonrió al hacer doña Manuela la pregunta.
  • Catalina sonrió a Martín y le felicitó varias veces.
  • Sonrió con dulzura al capellán, y le señaló una silla.
  • ¡Ahora, ánimo, y a otra! La enferma sonrió tristemente.
  • Pero la hilandera sonrió ruborizándose, y ya no hubo más.
  • Frígilis sonrió como un filósofo y echó a andar delante.
  • Don Anacleto encogió los hombros con mucha gracia y sonrió.
  • ¡Bah! Don Álvaro sonrió, mirando con cariño paternal a Paco.
  • La señora que parecía un fraile sonrió satisfecha y murmuró.
  • Sonrió a su imagen con una amargura que le pareció diabólica.
  • Ana sonrió y le explicó el instrumento griego a su buen esposo.
  • Sonrió un momento Trabuco, pero recobrando la serenidad exclamó.
  • Tan inaudito resultaba esto para el pobre tío Barret, que sonrió con incredulidad.
  • Petra sonrió de un modo que ella creyó discreto y retorció una punta del delantal.
  • La Regenta le sonrió como hubiera sonreído muchas veces a su madre si la hubiera conocido.
  • Petra le miró cara a cara y sonrió con la mayor gracia que supo y sin perder su actitud humilde.
  • Ana volvió hacia De Pas, que estaba cerca del balcón y le sonrió como poco antes en la catedral.
  • Y Julio Aracil sonrió, remedando a la madre de Niní, con su sonrisa de hombre mal intencionado y canalla.
  • Dicho esto, el buen Dios sonrió en su bella barba blanca y despidió a sus hijos, que partieron contentos.
  • Batiste aguantó el disparo con calma, como hombre acostumbrado á tales discusiones, y sonrió socarronamente.
  • A todos los recibió afablemente, sonrió a todos, pero contaba los minutos que faltaban para las diez de la noche.
  • Don Baldomero II se sonrió con aquella bondad patriarcal tan suya, y sacando otra vez lista y lápiz, dijo en alta voz.
  • Vio entrar en él a su amigo, a su De Pas, a quien sonrió cariñosa, con la dulzura que a él le entraba por las entrañas como si fuera fuego.
  • Y entonces este hombre sonrió con una sonrisa divina, y los miró con una mirada dulce, y cogió sus manos, y las estrechaba blandamente contra su pecho.
  • Ana le sonrió con dulzura franca y noble y con una humildad pudorosa que aludía, con el rubor ligero que la mostraba, a los secretos confesados la tarde anterior.
  • Y el Magistral sonrió como un ángel, mientras aspiraba con delicia el perfume de rosa de Alejandría, que Ana sin resistencia había dejado en manos del clérigo.
  • Machín, el joven, sonrió, queriendo echárselas de malicioso, y el viejo siguió dando vueltas en su cabeza al pensamiento de si podía sacar alguna cosa más de la señora de Aguirre.
  • Sonrió el cochero, sacudió un latigazo al aire, el caballo extenuado saltó sobre la carretera dos o tres minutos, y como si aquello fuese una falta de formalidad indigna de sus años, que eran muchos, volvió al paso perezoso sin protesta de nadie.
  • No habrían transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detrás de los visillos registraba el teatro del combate, sonrió silenciosamente, o más bien regañó los labios, descubriendo la amarilla dentadura, y apretó con nerviosa violencia la barandilla de la ventana.
  • Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el atavío de la jueza, que pasaba por el figurín vivo de Cebre, y a hurtadillas sonrió a Julián mostrándole con imperceptible guiño los collares, dijes y broches que lucía en el cuello la señora, mientras ésta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la recién casada santiaguesa.
  • Del E.) Entonces aquel insigne varón, que había derramado su sangre en cien combates gloriosos, sin que por esto se desdeñara de tratar confiadamente a su leal criado, sonrió ante mí, hízome seña de que me sentara, y ya iba a poner en mi conocimiento alguna importante resolución, cuando su esposa y mi ama Doña Francisca entró de súbito en el despacho para dar mayor interés a la conferencia, y comenzó a hablar destempladamente en estos términos.