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Ejemplos de oraciones con la palabra sospechaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sospechaba en el contexto de una oración.

Término sospechaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sospechaba" aquí tienes una selección de 37 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sospechaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y sospechaba.
  • A veces lo sospechaba.
  • Cierto que sospechaba.
  • Tan sólo lo sospechaba.
  • Ya sospechaba él aquello.
  • Nadie sospechaba su estado.
  • A fe, no sospechaba nada, nada, nada.
  • Yo no sospechaba el estado de la Shele.
  • Yo también sospechaba que usted vivía.
  • Mi hermano sospechaba que usted no le era fiel.
  • En Santiago se decía lo que él sospechaba ya.
  • ¡miserables! yo no sospechaba que se pudiera hablar de eso.
  • Pero Orgaz sospechaba que había heredado aquellos amores Paco.
  • Doña Paula no sospechaba nada contra la lealtad de la doncella.
  • Y tan ladinamente lo hacía, que la sagaz doña Lupe no sospechaba nada.
  • No sospechaba que en el mundo, en el pícaro mundo se podía gozar así.
  • Doña Paula, aunque sospechaba, no sabía qué, no se atrevió esta vez a insistir.
  • El Provisor no sospechaba que don Álvaro pudiera ser el enemigo tentador de la Regenta.
  • Sin duda no sospechaba que pudieran mirarle y realizaba su operación de un modo concienzudo.
  • Miró todo el arcaz de un cabo a otro y viole ciertos agujeros por do sospechaba habían entrado.
  • Pero la criada, fingiendo creer los motivos que alegaba su ama para ocultar la devoción, sospechaba horrores.
  • Solamente que ahora no da con mi Fenelón, que era un santo y no sospechaba de nadie más que de los prusianos.
  • El juez me interrogó por si sospechaba quién podía ser el secuestrador, pero yo declaré que no tenía ningún indicio.
  • ¡Una liga de su mujer! El Magistral abrió la boca estupefacto, admirando la estupidez de aquel hombre que aún no sospechaba nada.
  • Sospechaba quizás que en su ausencia los tunantes hablaban de otro asunto, y se alejó con ánimo de volver y aproximarse cautelosa.
  • ¡Indudablemente! corroboraba doña Petronila, que no sospechaba cómo quería pagar Obdulia aquella vida que decía deber al Magistral.
  • Decía que estaba por cosas de aire, y así, sospechaba yo si era por algunos fuelles, chirimías o abanicos, y decíale si era por algo de esto.
  • ¡Valiente fiasco habían tenido sus facultades educatrices! La idea de este fracaso encendía su furor más que el delito mismo que en su sobrina sospechaba.
  • No veía la tostada, ni sabía en rigor lo que era la filosofía, aunque sospechaba que fuese una cosa muy enrevesada, incomprensible y que vuelve gilís a los hombres.
  • A pesar de esto, doña Manuela no quería consultar su voluntad ni revolver los recuerdos del pasado, pues sospechaba que todavía sentía algún afecto por aquel hombre.
  • Sin duda sospechaba algo, y como persona de mucho pesquis, no se tragaba ya aquellas bolas del estudiar fuera de casa y de los amigos enfermos a quienes era preciso velar.
  • No sospechaba aquel ciego, tan inoportunamente alegre y decidor, que su amigo, su mejor amigo, al romper la marcha el tren había tenido tentaciones de arrojarse al andén.
  • Pero encontró muy gracioso y picante el molestar al señor Magistral, si, como Visitación sospechaba, a este ilustre canónigo le disgustaba ver a la Regenta entregada al brazo secular de Mesía.
  • Y como no sabía lo que era, aunque sospechaba por las palabras que acaso era el huésped de quien me había salido con la traza de la Inquisición, o el carcelero burlado, o mis compañeros huidos.
  • Yo no sé si fue la fuerza de la verdad de ser yo el mismo pícaro que sospechaba don Diego, o si fue la sospecha del caballo del letrado, u qué se fue, que don Diego se puso a inquerir quién era y de qué vivía, y me espiaba.
  • Que era absurdo que la vida pasase como una muerte, que el amor era un derecho de la juventud, que Vetusta era un lodazal de vulgaridades, que su marido era una especie de tutor muy respetable, a quien ella sólo debía la honra del cuerpo, no el fondo de su espíritu que era una especie de subsuelo, que él no sospechaba siquiera que existiese.
  • Después de comer, mi amo estaba en la galería contemplando una carta de navegación, y recorría con su vacilante dedo las líneas, cuando Doña Francisca, que algo sospechaba del proyecto de escapatoria, y además ponía el grito en el Cielo siempre que sorprendía a su marido en flagrante delito de entusiasmo náutico, llegó por detrás, y abriendo los brazos exclamó.