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Ejemplos de oraciones con la palabra sospecho

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra sospecho en el contexto de una oración.

Término sospecho: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sospecho" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sospecho para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No sé si mi madre sospechó lo que pasaba.
  • Y aun sospecho, por lo que les he oído, que es.
  • Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan ya.
  • Al pronto sospechó la señora de Jáuregui si serían falsos los billetes.
  • De su raza no sé más de que sospecho era de judío según era medroso y desdichado.
  • Si sospechó y se valió de una estratagema para alejarme, Dios se lo haya perdonado.
  • Yo sospecho continuó el doctor que mi pobre Carraspique está supeditado a la voluntad de algún fanático, v.
  • ¡Qué a tiempo aparecía el galán! Algo sospechó él de tal oportunidad al ver en los ojos y en los labios de Ana, dulce, franca y persistente sonrisa.
  • Como advirtiera la dama en los ojos de su interlocutora una lucidez y movilidad singularísimas, sospechó si aquella mujer padecería enajenación mental.
  • Pero nadie dejó de comprender lo que había pasado, y después de una lucha desesperada sostenida por el honor de la bandera, el Bahama se rindió a los ingleses, que se lo llevarán a Gibraltar si antes no se les va a pique, como sospecho.
  • Yo seguí viendo aquella gran masa informe, aunque sospecho que era mi fantasía, no mis ojos, la que miraba el Trinidad en la obscuridad de la noche, y hasta creí distinguir en el negro cielo un gran brazo que descendía hasta la superficie de las aguas.
  • Doña Lupe lo sospechó así, y mientras Fortunata se le llevaba otra vez a su cuarto, procurando calmarle, la señora cogió a la chiquilla por su cuenta, y con la persuasión de tres o cuatro pellizcos, hízole confesar que ella era culpable de lo ocurrido.
  • Sólo una vez consiguió que Andresito se esperase hasta las dos, pero al día siguiente sospechó con fundamento que en Las Tres Rosas habían estado a la espera, tras la puerta, unos ásperos bigotes y una vara de medir, para dar las ¡buenas noches! en las costillas al bailarín rezagado.