Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "sufría" aquí tienes una selección de 28 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra sufría para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Su trigo sufría sed.
- Veía que sufría y se alegraba.
- ¿Cómo sufría aquella jaqueca?
- Sufría sus impertinencias con calma.
- Ramiro sufría y Gertrudis le sentía sufrir.
- Don Álvaro sufría el tormento pensando en la venganza.
- Allen era un hombre afectivo, tenía un gran cariño por la familia y sufría al verla en la miseria.
- Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera.
- Don Alfonso érale antipático, porque su imagen estaba asociada a la horrible pena que la infeliz sufría.
- Gertrudis sufría al ver la atención con que los pequeños, sus sobrinos, seguían los juegos del averío.
- Pude notar que la Shele sufría y que las comisuras de sus labios temblaban, como por un sufrimiento contenido.
- El poeta sufría como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya lectura nunca había podido terminar.
- Dos o tres veces miró hacia su cama, y otras tantas el recuerdo de la pobrecita, que sufría allá abajo, le detuvo.
- Pero quien más sufría era el señor Cuadros, que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida de bolsista.
- Sufría frecuentes embaimientos, desmayos, y durante días enteros lo veía todo como en niebla, como si fuese bruma y humo todo.
- Poníase triste y como preocupada en espera de que le preguntasen qué era lo que tenía, y como nadie se lo preguntaba sufría con ello.
- Si tiene algo de verdad y más que gana de mimo y de que nos ocupemos especialmente en ella, ya reventará! Y la preocupada sufría con ello.
- La gente arremolinábase en las entradas, y allí fue donde doña Manuela se dio cuenta por primera vez de la molesta persecución que sufría.
- Pero cuando algún audaz la sufría, el Magistral la humillaba cubriéndola con el telón carnoso de unos párpados anchos, gruesos, insignificantes, como es siempre la carne informe.
- Aquel resentimiento que se inició en su alma iba trocándose poco a poco en lástima, porque Manolita le repitió hasta la saciedad que Jacinta sufría desdenes y horribles desaires de su marido.
- Por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a familiaridades más despóticas que tiernas, parecíale al capellán que la esposa sufría mucho, herida en su cándida modestia, en su decente compostura.
- Después de decirle que su enfermedad no había sido nada, la chulita se sentó junto a él, haciendo propósito de contarle la verdadera dolencia que sufría, que era puramente moral, y con los más graves caracteres.
- Julián, que sufría la inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la sensación de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos estuvo dotado de sensibilidad y vida, experimentó de pronto gran turbación.
- Su inteligencia sufría eclipses, y la memoria se le perdía en ocasiones casi por completo, quedándose en la tristeza del instante presente, sin ayer, sin historia, como si cayera de una nube en mitad de la vida, a la manera de un bólido.
- Así como en la infancia se refugiaba dentro de su fantasía para huir de la prosaica y necia persecución de doña Camila, ya adolescente se encerraba también dentro de su cerebro para compensar las humillaciones y tristezas que sufría su espíritu.
- Estaba ocupado en vender un tapabocas a dos mujeres que llevaban de las manos a un chiquillo barrigudo, y era de admirar la paciencia con que aquel hombre, siempre sonriendo, sufría a las feroces compradoras, que por seis reales regateaban durante ¿media hora.
- Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parecían contrastar con la situación, con la mujer que sufría atroces tormentos, medio agonizando, a corta distancia de allí.
- ¡Cómo sufría el pobre señor! ¡Él que cifraba los triunfos de la enseñanza en su finura, en su distinción de modales, en lo bienhablado que era, según declaración de su esposa! Cada palabra que sus discípulos pronunciaban mal y no decían bien una sola le hacía dar bufidos y levantar las manos con indignación hasta tocar el ahumado techo de su vivienda.