Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra tacto

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tacto en el contexto de una oración.

Término tacto: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tacto" aquí tienes una selección de 12 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tacto para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Qué tacto! ¡qué prudencia! ¡qué discreción!
  • Hay que tener tacto, amiga mía, y no herir el amor propio de los hombres.
  • La deleitaba aquel placer del tacto que corría desde la cintura a las sienes.
  • Fortunata las examina, y coge algunas telas entre los dedos para apreciarlas por el tacto.
  • Veía que me condenaba a puñados y que me iba al infierno por sólo el sentido del tacto.
  • Había en todos sus sentidos la irritabilidad y la delicadeza de la piel nueva para el tacto.
  • Los desolados campos eran el talismán que mantenía íntimamente unidos á los huertanos, en continuo tacto de codos.
  • Al tocarla la mano cuando no tenía guante, notaba el tacto el pringue de alguna golosina que Visita acababa de comer.
  • Pero convenía proceder con tacto y diplomacia, pensar bien lo que iba a decir para no ofender a su tía, y, si era posible, ponerla de su parte en aquel tremendo pleito.
  • Fíjate bien en una cosa, y es que doña Lupe la de los Pavos, que es la persona de más entendimiento en toda esa familia, no se ha de llevar mal contigo, si tienes tacto.
  • Pero bueno sería que un hombre de tanta inteligencia como el Magistral la defendiera contra los ataques más o menos temibles del buen mozo, que tampoco era rana, que estaba demostrando mucho tacto, gran prudencia y lo que era peor, un interés verdadero por ella.
  • Después que comulgó don Pompeyo con toda la solemnidad requerida por las circunstancias, teniendo a su lado al cura de cabecera, a don Fermín y a Somoza, el médico, Vetusta entera, que había acudido a la casa y a las puertas de la casa del converso, se esparció por todo el recinto de la ciudad haciéndose lenguas de la unción con que moría el ateo, a quien ahora todos concedían un talento extraordinario y una sabiduría descomunal, y pregonando el celo apostólico del Provisor, su tacto, su influencia evangélica, que parecía cosa de magia o de milagro.