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Ejemplos de oraciones con la palabra temblar

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra temblar en el contexto de una oración.

Término temblar: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "temblar" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra temblar para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Esta idea le hacía temblar.
  • Guimarán volvió a temblar.
  • Me eché a temblar, lo confieso.
  • Nos hacía temblar, pero le oíamos.
  • Me hace usted temblar (alarmándose).
  • Pues si yo le dijera quién soy, la haría temblar.
  • La brisa ligera hacía temblar los maizales de Izarte.
  • La muerte de Barinaga le hacía temblar al recordarla.
  • Soy muy miedosa, y de sólo ver eso me pongo a temblar.
  • Al verla, Andrés se estremecía y se echaba a temblar.
  • El Deán era un viejo que no hacía más que comer y temblar.
  • La mano de la Regenta tocó la de Mesía sin temblar, fría, seca.
  • Sólo mirando el plano hay para echarse a temblar por aquellos parajes.
  • A lo lejos, un clarín guerrero hacía temblar el aire de Roncesvalles.
  • Si tienes alguna cuestión con él, nómbrame a mí y le verás temblar.
  • La idea de que el niño estuviera tuberculoso le hizo temblar a Andrés.
  • En la sala vecina habían sonado unas pisadas que hacían temblar el pavimento.
  • Era hombre que cuando se ponía a toser hacía temblar el edificio donde estaba.
  • Era hombruna, descarada y cuando se ponía en jarras hacía temblar a medio mundo.
  • El pistoletazo con que don Juan saldaba sus cuentas con el Comendador le hizo temblar.
  • Eran dos hombres valientes de veras que se echaban a temblar en cuanto sonaba un trueno.
  • Y tras el relámpago, que le había deslumbrado, retumbó un trueno que hizo temblar las paredes.
  • Una ráfaga de aire frío hizo temblar a la Regenta y arremolinó hojas secas a la entrada del cenador.
  • El choque de las olas hacía temblar las rocas, y su ruido iba repercutiendo en todos los agujeros y anfractuosidades de la gruta.
  • Estrépito de ruedas que hacen temblar los cristales, rechinar las piedras y que se pierde a lo lejos como el gruñir de las olas rencorosas.
  • A mi amo apadrináronle unos colegiales conocidos de su padre y entró en su general, pero yo, que había de entrar en otro diferente y fui solo, comencé a temblar.
  • Los escalofríos que le hicieron temblar en el cementerio y se repitieron, cada vez más fuertes, durante la enfermedad que siguió a la gran mojadura, volvían de cuando en cuando.
  • El trigo, los sacos repletos que Batiste y su hijo subían al granero y al caer de sus espaldas hacían temblar el piso, conmoviendo toda la barraca, era lo que interesaba á la familia.
  • Esta le hacía temblar con sus acerados juicios, y ya no era fácil que el habilidoso caballero triunfara de aquella alma tierna, cuya dialéctica solía debilitarse con la fuerza del cariño.
  • Don Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energía, y, haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino, donde las mesas de tresillo funcionaban día y noche.
  • Muchas veces, cuando reinaba aquel silencio de biblioteca, en que parecía oírse el ruido de la elaboración cerebral de los sesudos lectores, de repente un estrépito de terremoto hacía temblar el piso y los cristales.
  • Pero todo entraba en la diversión, y al final, cuando estallaba el trueno gordo, haciendo temblar el suelo de la feria, la gente menuda prorrumpía en estruendosa aclamación, despertando de la pesadilla belicosa que la había enardecido durante media hora.
  • Y menos mal para ti, que no has conocido los buenos tiempos, cuando desde el amanecer reinaba aquí un estrépito de dos mil demonios, y abajo, tu abuelo y yo sentíamos temblar el techo al empuje de los telares, mientras arreglábamos cuentas o sacábamos de los armarios las ricas piezas para enseñarlas a los compradores.
  • Podían atestiguarlo los pescozones con que don Eugenio había saludado a su querido dependiente un lunes en el almacén, cuando vio a Melchor que, recordando el drama El jorobado, se creía un Lagardére, y con una vara de medir ensayaba la gran estocada de Nevers, acribillando los fardos de un modo que hacía temblar por la integridad de los géneros.
  • Parecía imposible que éste soportase las travesuras del estudiante, que traía revuelta toda la casa, persiguiendo a las criadas, entreteniendo con chistes a los tejedores e introduciendo algunas veces en su cuarto ciertos compañeros de Facultad tan levantiscos como él, que al menor descuido saqueaban la despensa, y cuando no, hacían temblar los viejos pavimentos del caserón ensayándose a saltos en el manejo de la pandereta.
  • Si la muerte de sor Teresa fue un golpe que hizo temblar al Provisor en aquel alto asiento en que se le figuraban sus enemigos, y si pudo por algún tiempo dejar en la sombra al pobre don Santos Barinaga, al cabo de algunas semanas este volvió a brillar dentro de su aureola de víctima y la compasión fementida del público marrullero se volvió a él, solícita, con cuidados de madrastra que representa la comedia de la segunda madre.