Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra temblorosa

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra temblorosa en el contexto de una oración.

Término temblorosa: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "temblorosa" aquí tienes una selección de 27 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra temblorosa para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Preguntó con voz temblorosa Anita.
  • Dijo con voz temblorosa y ruborizándose.
  • Juan la vio temblorosa y sin poder respirar.
  • Decía Ana con humilde voz, suave, temblorosa.
  • Fortunato, temblorosa la voz, solicitaba un préstamo.
  • Volviose a punto que la temblorosa voz del otro decía.
  • Era la de Ana, desfigurada, obra de una mano temblorosa.
  • Tía dijo Maximiliano con voz alterada y temblorosa, no pue.
  • En un momento que cogió a Fortunata sola, le dijo temblorosa.
  • De pronto la vela se agitó temblorosa, se distendió como con un latigazo.
  • Miró sin pestañear a Fortunata, y cogiéndole una mano, le dijo con voz temblorosa.
  • Vamos, cállate dijo doña Manuela con voz temblorosa, sin ocultar ya su irritación.
  • Y entonces se recoge en su asiento, toda arrugadita, toda temblorosa, y llora como una niña.
  • ¡Madre, dame pan! Cantaba un anciano junto a un confesonario, con voz temblorosa, grave y dulce.
  • Pues yo exclamó solemnemente Orgaz padre, puesto en pie y con voz temblorosa yo no hago nada de eso.
  • El otro infeliz murmuró algo, con marcado acento extranjero, llevándose a la gorra la temblorosa mano.
  • Foja, pálido, desencajado, con voz temblorosa, sostenía que no había moral de ninguna clase y también se puso de pie.
  • ¡Si no lloro! y se enjugaba los ojos con el dorso de la mano izquierda mientras con la otra temblorosa, sostenía el vaso de la medicina.
  • La carta de don Juan escondida en el libro devoto, leída con voz temblorosa primero, con terror supersticioso después, por doña Inés, mientras Brígida acercaba su bujía al papel.
  • Porque la idea de que se pudiera ir, dejándola sola, era como la muerte, y la de que se acercaba y la cogía en brazos con apasionado atrevimiento, también la ponía temblorosa y asustada.
  • Pálido, temblorosa la barba hasta que la sujetó mordiendo el labio inferior, don Fermín miró a su enemigo con asombro y con una expresión de dolor que llenó de alegría el alma torcida del Arcediano.
  • Y, con cierto miedo de que su marido se hubiera vuelto loco, pudo ver la Regenta que don Víctor, entusiasmado, levantaba un brazo cuya mano oprimía temblorosa el puño de una espada muy larga, de soberbios gavilanes retorcidos.
  • Y en los oídos del joven agolpáronse en tropel las vergonzosas confidencias, hechas en voz baja, temblorosa, no por el remordimiento, sino por la humillación que suponía confesar la situación de la casa, aun a su propio hijo.
  • Y en el centro de la mesa el ramillete de casa Burriel, arquitectura de turrón, y merengue que afectaba la forma de un castillo surgiendo de un montón de flores y rematado por una bailarina que, montada sobre un alambre, danzaba temblorosa sobre la obra maestra de confitería.
  • Y sin embargo, la pobre hilandera, al llegar cerca de allí, deteníase indecisa, temblorosa, como las heroínas de los cuentos ante la cueva del ogro, dispuesta á meterse á campo traviesa para dar vuelta por detrás del edificio, á hundirse en la acequia que bordeaba el camino y deslizarse agazapada por entre los ribazos.
  • Señores pudo decir al cabo con voz temblorosa si un juramento solemne no me obligara a permanecer en el ostracismo que voluntariamente me impuse hace tantos años, o mejor dicho, que me impusieron el fanatismo y la injusticia, si eso no fuera, yo volvería con mil amores al seno de aquella sociedad de la que fuí fundador con otros seis o siete amigos.
  • Después de visitar a otros dos Pacos de importancia y a una Paca beata, el Magistral, con un tantico de hambre, de hambre sana, entró por los pórticos de la plaza Nueva en la calle de Los Canónigos, atravesó la de Recoletos y llegó a la de la Rúa, y al portero del marqués de Vegallana, que era un enano vestido con librea caprichosa, le preguntó con voz temblorosa.