Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra teníamos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra teníamos en el contexto de una oración.

Término teníamos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "teníamos" aquí tienes una selección de 56 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra teníamos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No teníamos ninguno.
  • Allí teníamos un amigo.
  • Comíamos bien, teníamos tabaco.
  • Teníamos las manos ensangrentadas.
  • El aspecto que teníamos era horrible.
  • Todos teníamos que andar casi desnudos.
  • Apenas teníamos sitio donde revolvernos.
  • Ya le teníamos a usted como de la familia.
  • Teníamos que sacar el agua con las gorras.
  • Que si teníamos por casualidad azucarillos.
  • La piel y la garganta las teníamos abrasadas.
  • Otros dos tipos curiosos teníamos en el barco.
  • Y así, trazamos de decir que teníamos algún mal.
  • Nos hizo señales y nos preguntó si teníamos médico.
  • Él de Elguea, yo de Lúzaro, teníamos el mismo acento.
  • Al día siguiente teníamos el vómito negro en el barco.
  • Por dentro y por fuera teníamos que limpiar el barco casi continuamente.
  • Teníamos aquí grandes hombres que producían la envidia de otros países.
  • Ugarte, cuando se vio con su traje nuevo, dijo que teníamos que marcharnos.
  • VII EL ODIO ESTALLA Avisé a Allen y a Ugarte que nos teníamos que marchar.
  • Pero como no teníamos viento favorable, decidí bajar y doblar el Cabo de Hornos.
  • Yo, por el consiguiente, decía de ella lo mismo y así teníamos engañada la casa.
  • Esto pareció casi imposible de realizar en las embarcaciones que a bordo teníamos.
  • Nosotros teníamos un perro de lanas blanco, que alimentábamos, y la marinería otro.
  • Pero nosotros teníamos que recorrer cientos de millas para alcanzar los vientos alisios.
  • Teníamos en medio una mesa, sujeta al suelo, que se podía desarmar y adaptar a la pared.
  • Hemos llegado a querernos de verdad decía Andrés, porque no teníamos interés en mentir.
  • Realmente, si no teníamos salida, nuestra situación, en vez de mejorar, había empeorado.
  • Que habíamos visto rondando la finca a uno de la policía inglesa, y que teníamos que marcharnos.
  • Afligíme yo, considerando que aún teníamos en duda la comida, y repliqué afligido por parte de mi estómago.
  • A Recalde debió parecerle, además, el procedimiento un tanto humillante, y dijo que teníamos que sacar el bote.
  • Teníamos que recoger trabajadores coolies chinos, cerca de la colonia portuguesa de Macao, y conducirlos a América.
  • Por lo que dijo Allen, teníamos que encontrar entre aquellas paredes un muro en donde estuviera esculpido un elefante.
  • Un reloj inglés que teníamos en la cámara nos acompañaba en nuestro encierro, dando las horas con campanadas muy agudas.
  • Teníamos la misma edad, poco más o menos, como he dicho, pues sólo excedía la suya a la mía en unos ocho o nueve meses.
  • Pero cuando comenzaba a subir la marea teníamos que correr, huyendo de las olas, y a veces descalzarnos y meternos en el agua.
  • Ryp suponía que teníamos algunos datos, y nos aseguró que, mientras no dijéramos lo que sabíamos, no saldríamos de allá.
  • Teníamos el recelo de que si entrábamos en cualquier puerto pudieran conocer el barco, y por primera providencia nos prendiesen.
  • De allí teníamos que saltar a la galería redonda del coronamiento de popa, adonde daban los balcones de la cámara del comandante.
  • A un lado teníamos el monte poblado de robles, de zarzas, de helechos, de toda clase de plantas salvajes y de florecillas silvestres.
  • Si queríamos ser marinos de altura, teníamos que estudiar, y, para nosotros, el ser pilotos de derrota constituía una gran superioridad.
  • Era tan difícil salir del pontón, ganar la costa y salvarse, que había que pensar que teníamos cien probabilidades contra una de volver.
  • Si por si acaso teníamos loro, para que no nos denunciase, como contaba la Iñure, le ataríamos una piedra al cuello y lo tiraríamos al mar.
  • En Junio, sí, bien me acuerdo, todo era te quiero y te adoro, y bastante que nos reíamos de la mona del Cielo, aunque siempre la teníamos por virtuosa.
  • A medida que avanzábamos hacia los dos barcos ingleses, fué diciéndonos lo que nos convenía declarar y lo que teníamos que ocultar en beneficio común.
  • Pero no teníamos fuerza para subirla hasta la cubierta del Stella Maris, y fuimos llevándola hasta el lado donde no azotaban las olas, entre el barco y Frayburu.
  • Doña Hortensia sentía una extremada debilidad por las preeminencias nobiliarias, y resultó cosa no muy rara entre vascongados, que teníamos un apellido común.
  • Pero, si se juntaban los dos bandos, teníamos que retirarnos a popa y algunas veces meternos en la cámara y cerrar la escotilla, sacar los rifles y prepararnos para la defensa.
  • Además, teníamos el cargo de cortar el tocino para el rancho del día, sacar el carbón para el cocinero, las provisiones de la despensa, el pan, el aceite para guisar y para las lámparas y el agua.
  • Cuando no teníamos mucho tiempo ni gran seguridad, avanzábamos sobre un banco de arena, en la marea alta, y en la baja, cuando se retiraba el agua, limpiábamos con una escoba de brezo lo que se podía.
  • Un desengaño, mi escasa fidelidad descubierta, de fijo la volvería a sus antiguas cavilaciones, a su desprecio del mundo, buscaría consuelo en la religión y ahí teníamos al señor Magistral otra vez.
  • Con frecuencia teníamos que batirnos, ya con los merodeadores chinos del golfo de Tonkín, como con los piratas moros que pululan por aquellas latitudes, y dan muestra de un valor y de una audacia asombrosos.
  • Antes que anocheciese salimos del mesón a la casa que nos tenían alquilada, que estaba fuera la puerta de Santiago, patio de estudiantes donde hay muchos juntos, aunque esta teníamos entre tres moradores diferentes no más.
  • Como Villalonga y yo teníamos dinero largo para juergas y cañas, unos y otros tomaron el gusto a nuestros bolsillos, y pronto llegó un día en que allí no se hacía más que beber, palmotear, tocar la guitarra, venga de ahí, comer magras.
  • Pero les diré que consistía en variar diametralmente de rumbo, es decir, que si antes el viento impulsaba nuestros navíos por estribor, después de aquel movimiento nos daba por babor, de modo que marchábamos en dirección casi opuesta a la que antes teníamos.
  • Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.