Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tipos" aquí tienes una selección de 30 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tipos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Tipos de casino 242 VII.
- Otros tipos de la casa 124 IX.
- ¿cómo decían aquellos tipos.
- ¡qué tipos!, pues ¿y mi tía?
- Los chicos eran de diversos tipos.
- Sólo el mar puede producir tipos semejantes.
- Otros dos tipos curiosos teníamos en el barco.
- Según él, en la raza blanca no hay más que dos tipos.
- Don Matías y yo nos sentíamos como tipos de distinta raza.
- Eran dos tipos, Zalacaín y el Cacho, completamente distintos.
- Eran los tales tipos muy madrileños y pertenecían al gremio de los randas.
- La misma expresión de los tipos casi lúgubres que acostumbraban a pasear allí.
- Pasaban por ella una porción de tipos extraños del hampa y la pobretería madrileña.
- Usted me suele decir Recalde es uno de los tipos verdaderamente europeos que tenemos en Lúzaro.
- Ni de estos tipos que jamás, ni antes ni después de casados, tuvieron trapicheos, entran muchos en libra.
- La llamaban doña María de las Nieves, y era una de las figuras más notables que presenta Madrid en la variadísima serie de los tipos de café.
- Si empezamos a hacer disparates y a portarnos como dos intrigantas que se meten donde no las llaman, merecemos que nos tome Ido por tipos de sus novelas.
- El viejo, la mujer y los chicos tenían sólo carácter de pobres, eran de esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a millares.
- Entraron en su cuarto, y sentados uno frente a otro, pasaron un rato recordando los graciosos tipos que en el comedor estaban y los equívocos que allí se decían.
- El doctor Iturrioz, tío carnal de Andrés Hurtado, solía afirmar probablemente de una manera arbitraria, que en España, desde un punto de vista moral, hay dos tipos.
- Entre la generalidad de los tipos vulgares, obscuros, borrosos, que iban al casino a leer los periódicos y hablar de política, había dos personajes verdaderamente pintorescos.
- ¡Que siempre se enamoraran de ella tipos así! Obligada a disimular y a hacer ciertos papeles, aunque en verdad no los hacía muy bien, siguió la conversación en aquel terreno.
- Desde tipos cuya vida era una continua serie de maldades y de crímenes, como el doctor Ewaldus, hasta un pobre muchacho irlandés, Patricio Allen, que era un modelo de probidad y de nobleza.
- Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí, un señor pequeñito con anteojos, que era el papá de Isabel, algunos militares y otros tipos que se confundían en su mente con las figuras de los dos mandarines.
- Toma, por distraerme un rato, por verte a ti, por ver a Estupiñá, figuras raras de la humanidad, excentricidades, tipos, como todo esto que yo llevo a Londres para los aficionados a lo característico y al color local.
- Contemplar el mismo paisaje que columbraron Cervantes o Lope, posar en los mismos mesones, charlar con los mismos tipos castizos arrieros e hidalgos, peregrinar por los mismos llanos polvorientos y por las mismas anfractuosas serranías.
- VIII OTROS TIPOS DE LA CASA UNA de las cosas características de Lulú era que tenía reconcentrada su atención en la vecindad y en el barrio de tal modo, que lo ocurrido en otros puntos de Madrid para ella no ofrecía el menor interés.
- Y otros, los tipos socarrones de la Ribera, vestidos de paño negro y fino, la chaqueta al hombro, dejando al descubierto la blanca manga de la camisa, los botines de goma entorpeciéndoles el paso, y en la mano un bastoncillo delgado, casi infantil, movido siempre con insolencia agresiva.
- ¡Cuánto más hermosa, aunque estuviera fuera de toda idea de belleza tradicional, la función de un motor eléctrico, que no este trabajo muscular, rudo, bárbaro y mal aprovechado! VI TIPOS DE CASINO AL llegar el invierno, las noches largas y frías hicieron a Hurtado buscar un refugio fuera de casa, donde distraerse y pasar el tiempo.
- Este buen hidalgo había llegado a identificarse con la vida antigua y a convencerse de que la gente discurría y obraba como los tipos de las obras españolas clásicas, de tal manera, que había ido poco a poco arcaizando su lenguaje, y entre burlas y veras hablaba con el alambicamiento de los personajes de Feliciano de Silva, que tanto encantaba a Don Quijote.