Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra tomás

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tomás en el contexto de una oración.

Término tomás: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tomás" aquí tienes una selección de 60 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tomás para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Don Tomás.
  • ¿No estaba don Tomás?
  • Tomas por el peor camino.
  • Tomás Albandos, de Añoa.
  • Deja, yo llamaré a Tomás.
  • Una y no más, Santo Tomás.
  • ¡Eso no, eso no, don Tomás.
  • ¡Vaya un trabajo que te tomas!
  • Don Tomás Solana era de allí.
  • Tal era la divisa de don Tomás.
  • Deje usted la flora, don Tomás.
  • ¿Anda don Tomás por la huerta?
  • ¿se llevó la perdiz don Tomás?
  • ¿Por quién me tomas, bobalicón?
  • Tomás, necesito que me aconsejes.
  • ¡De noche! Usted sueña, Don Tomás.
  • Yo creo Tomás, aquí para interinos.
  • Él estaba pensando en Tomás Kempis.
  • ¿Querrás saber más que Santo Tomás?
  • En cuanto ladre don Tomás iré a llamarle.
  • Lo que entiende usted de modas, don Tomás.
  • Por lo pronto seguir a Tomás a la estación.
  • Don Tomás tampoco se encontraba en el pueblo.
  • Bonito camino, sí señor, bonito camino tomas.
  • Se lo tengo dicho a Tomás Crespo muchas veces.
  • Tomás debía comprender que aquello era demasiado.
  • ¡Qué tendrán que ver Santo Tomás ni el padre Suárez con.
  • Pero confiesa, Tomás, que todo eso se dice mejor que se hace.
  • Me hablaron Santonja y don Tomás Capdepón, diputado por Orihuela.
  • No, hija, lo que es, si tú lo tomas por donde quema, yo no insisto.
  • Por si Anselmo se duerme y no oye la señal de don Tomás (Frígilis).
  • Por Dios, don Tomás, no me atormenten, no me atormenten con ese empeño.
  • Si te digo que no la quería, te enfadas conmigo y tomas partido por ella.
  • O subo y la mato ahora mismo, antes que llegue Tomás, o ya no la mato hoy.
  • El caballero las miraba de lejos, mientras don Tomás se detenía a saludarlas.
  • Desde mañana vendrá el petrolero de casa y le tomas lo que se gaste en el día.
  • Don Tomás, el médico aristócrata del pueblo, se llevaba toda la clientela rica.
  • Si lo tomas como golpe de muerte, tómalo manifestó Rubín con implacable frialdad.
  • De todas suertes la elección era una honra para ellos, aunque lo negase el sarraceno de Tomás.
  • Don Tomás, el médico aristócrata, en su informe hacía equilibrios, y en conjunto no decía nada.
  • Cuando Aurora sale de su obrador, él la espera en la calle de Santo Tomás y van juntos hacia el Ave María.
  • Era gran madrugador, y por la mañanita con la fresca se iba a Santa Cruz, luego a Santo Tomás y por fin a San Ginés.
  • Detrás venía don Tomás Crespo, Frígilis, con sombrero gris arrugado, tapabocas de cuadros y zapatos blancos de triple suela.
  • Don Tomás era una de las pocas personas a quien ella estimaba de veras, por ver en él prendas morales raras en Vetusta, a saber.
  • Te personas en casa de don Tomás, y le pides de mi parte, con la mayor energía y seriedad, la perdiz, esté como esté, ¿entiendes?
  • El escritor de Hacienda se apresuró a dar su opinión favorable al café de Santo Tomás, porque allí daban más azúcar que en ninguna parte.
  • Le parecía imposible que se pudiera hablar tanto de un hombre tan insignificante como don Tomás Crespo, a quien él creía loco de nacimiento.
  • Fortunata tenía los ojos como dos estrellas, muy semejantes a los de la Virgen del Carmen que antes estaba en Santo Tomás y ahora en San Ginés.
  • Y a la vuelta, a la vuelta acaso tendría ya formado su plan, y consultaría con Tomás y le mandaría a desafiar al otro, si era esto lo que procedía.
  • Durante la enfermedad de su amiga, don Tomás Crespo, desconfiando del celo de Anselmo y de Servanda, y sin pedir permiso a nadie, se instaló en el caserón de los Ozores.
  • Poco después había vuelto a presentarse don Víctor, el tonto de don Víctor, con sombrero bajo y sin gabán, de cazadora clara, acompañado de don Tomás Crespo, el del tapabocas.
  • Y si sabía que los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con dineros que con letras y con reverendas se ordena, hacíase entre ellos un Santo Tomás y hablaba dos horas en latín.
  • Y don Fermín de Pas llegó al caserón de los Ozores, vio a don Tomás Crespo desaparecer por la plaza, entró en el portal y se decidió a saludar a don Víctor, que abría la puerta, y subió con él.
  • Al saberlo Andrés fué a ver al juez y le pidió nombrara a don Tomás Solana, el otro médico, como árbitro para presenciar la autopsia, por si acaso había divergencia entre el dictamen de Sánchez y el suyo.
  • La única persona con quien ella se atrevía a hablar algo de lo que le pasaba por dentro era don Tomás Crespo, libre, decía él, de todas las preocupaciones, inclusive la de no tenerlas, que era de las más tontas.
  • En la pared del fondo se veía un cuadro de azulejos blancos y azules con figuras que representaban a Santo Tomás de Villanueva vestido de obispo, con su báculo en la mano y un negro y una negra arrodillados junto a él.
  • Salía Quintanar de la servidumbre ignorada de su domicilio para entrar en el poder dictatorial, aunque ilustrado, de Tomás Crespo, aquel pedazo de su corazón, a quien no sabía si quería tanto como a su Anita del alma.
  • A don Tomás le llamaban Frígilis, porque si se le refería un desliz de los que suelen castigar los pueblos con hipócritas aspavientos de moralidad asustadiza, él se encogía de hombros, no por indiferencia, sino por filosofía, y exclamaba sonriendo.
  • Llegó a quejarse don Tomás de que sus ladridos no siempre despertaban al amo ni a la doncella, de que se le hacía esperar mucho tiempo, y para evitar reyertas y plantones, se acordó que Crespo y Quintanar acudiesen al parque a la misma hora sin necesidad de ladrar a nadie.
  • ¡Quién hubiera dicho a doña Anuncia que aquel novio soñado, que ya empezaba a tardar, pasaba todos los días cerca de ellas, en el Espolón, el Paseo de invierno, o en la carretera de Madrid, orlada de altos álamos que se juntaban a lo lejos! Ana había notado que todas las tardes se encontraban con don Tomás Crespo, el íntimo de la casa, y un caballero que se la comía con los ojos.