Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "travieso" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra travieso para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Es un diablillo, más travieso que un mico.
- Y es tan listo y tan travieso que tiene alborotado todo el asilo.
- Y el travieso bebé decía esto con tonillo irritado, levantando el puño.
- Con estas y otras cosas, comencé a cobrar fama de travieso y agudo entre todos.
- Mi amo, por cierto que no hay servicio como el de Pablicos, si él no fuese travieso.
- De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo Zalamero daba quince y raya.
- Y el travieso bebé experimentaba satisfacción al oírse llamar hermosa por aquella boca de ochenta años.
- Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso, que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio.
- Comprábale un tricornio flamante, y no acababa el día sin que el travieso muchacho le recortase los bordes caprichosamente hasta darle el aspecto de una fantástica cresta.
- El travieso y maleante clérigo gozaba lo indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el fusique en las narices.
- Lo más particular era que la misma Fortunata, al correr el cerrojo con tanto cuidado, había sentido, allá en el más apartado escondrijo de su alma, un travieso anhelo de volverlo a descorrer.
- No aspiraba ella a tener uno solo, sino que quería verse rodeada de una serie, desde el pillín de cinco años, hablador y travieso, hasta el rorró de meses que no hace más que reír como un bobo, tragar leche y apretar los puños.
- Pero ninguno de estos accidentes me confundió tanto como la transformación de su voz, que adquirió cierta sonora gravedad bien distinta de aquel travieso y alegre chillido con que me llamaba antes, trastornándome el juicio, y obligándome a olvidar mis quehaceres, para acudir al juego.