Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tren" aquí tienes una selección de 88 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tren para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El tren parte.
- El tren avanza.
- VII EN EL TREN.
- Otra vez al tren.
- Al tren otra vez.
- Es la hora del tren.
- El tren va a partir.
- El tren echó a andar.
- Viene en el tren de hoy.
- ¡Traían un tren, chico!
- El tren volvió a moverse.
- ¿Tomaré el tren otra vez?
- Y otra vez el tren en marcha.
- El tren se ha puesto en marcha.
- Su marido es no sé qué del tren.
- Las monjas han descendido del tren.
- El tren describía amplísima curva.
- Con el ruido del tren, no oigo el mío.
- En el tren su estado nervioso empeoró.
- De allí a un rato ha aparecido el tren.
- Es preciso que yo coja el tren otra vez.
- Al día siguiente, sin falta tomaría el tren.
- ¡Si el tren saliese dos horas antes, menos mal!
- Volvían los esposos de Cádiz en el tren correo.
- Al llegar a Aranjuez se decidió a bajar del tren.
- Pero su tren era de los que no llaman la atención.
- No podía ser, no había tren hasta el día siguiente.
- ¡Valientes pícaros! Se burlan del tren y de nosotros.
- ¡Pero Torrijos también es fueno ! Va a partir el tren.
- Pero el tren huía de Vetusta, silbaba, le silbaba a él.
- Después midió el paso del tren con los de cierta polka.
- Llega el silbido ondulante, apagado, de un tren que pasa.
- El tren corre frenético por la llanura infinita de la estepa.
- Se preparó, y al detenerse el tren saltó al andén, desierto.
- ¡Todo sea por Dios! Este viejo ha venido esta mañana en el tren.
- Se remueve el tren con chirridos de herrumbres y atalajes mohosos.
- Y van a Elda porque Azorín ha de tomar el tren que por allí pasa.
- Unas semanas después tomaron el tren, don Pedro, Margarita y Luisito.
- Se acomodaron los cómicos en el tren y se oyó gritar de vagón a vagón.
- El monótono golpeteo del tren acompañaba el soliloquio interior de Andrés.
- El tren marchaba por la llanura castellana y el alba apuntaba en el horizonte.
- Han subido al tren las dos jóvenes y se han quedado en tierra las dos viejas.
- Varios españoles residentes en Londres le acompañamos en el tren hasta Dover.
- Esto fue dicho en el tren, que corría y silbaba por las angosturas de Pancorvo.
- Es buena chica, y con los cuartos que me dio, trinqué el judío tren, y a Madriz.
- (La anterior ha llegado en las primeras horas de la mañana, por el tren mixto.) Petrel.
- Al día siguiente, muy temprano, se levantó Martín y con Ospitalech tomó el tren para Bayona.
- Y el tren silba y corre, con formidable estrépito de trastos viejos, por la campiña solitaria.
- Está casada con uno que fue de la ronda secreta, y ahora tu señor me le ha colocado en el tren.
- La comandanta empezaba a disponer el tren de limpieza, y a sacar los trastos para barrer con desahogo.
- Esta mañana, lo ha visto medio Vetusta, al ir Mesía a tomar el tren de Madrid, el correo, el que sube.
- Y de los confines remotos llega y retumba en todo el valle el formidable y sordo rumor de un tren que pasa.
- Cuando el tren paraba, se sentía el gotear del agua que los techos de los coches arrojaban sobre los estribos.
- Pepita le ha dicho si estaba constipado y él ha contestado que sí, que había cogido un enfriamiento en el tren.
- ¡El tío jefe dice una de ellas nos vido montar en el tren el lunes! Sí corrobora la otra, el tío jefe nos vido.
- Había pasado por debajo de la cadena, y el empleado acababa de detenerle casi en la misma cabeza del tren que avanzaba.
- ¡Soy un miserable, soy un miserable! gritaba por dentro Quintanar mientras el tren volaba y Vetusta se quedaba allá lejos.
- La portera declaraba con notoria agudeza que, a su parecer, el señor se había largado por el tren, y la individua, señora.
- Empezaba a cambiar el paísaje, y el suelo, antes llano, mostraba colinas y árboles que iban pasando por delante de la ventanilla del tren.
- Allí esperaron el tren de Andalucía, tomaron chocolate, y vuelta a rodar por otra zona manchega, la más ilustre de todas, la Argamasillesca.
- Media hora después llegaban a la estación en que dejaban el tren para tomar a pie la carretera que los conducía a las marismas de Palomares.
- ¡Molina, que la característica te llama! ¡A ver ese traspunte que se ha perdido! Se tranquilizaron los cómicos, y el tren siguió su marcha.
- Bedoya había acompañado a Mesía, que pocas horas después tomaba el tren de Madrid, tres días más tarde de lo que Frígilis había pensado.
- También don Víctor opinó que aquello no sería nada, pero de todos modos, lamentó en el alma no haber venido en el tren de las cuatro y media.
- El tren que los llevaba a las marismas y montes de Palomares salía este año un poco más tarde y no necesitaban levantarse antes del ser de día.
- ¡Andar así, llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre, para las almas jóvenes, de dragón de fábula, era tan dulce, tan entretenido.
- Algo tarde era para comenzar la persecución de los patos y alcaravanes, pero no había de establecer la empresa un tren especial para los cazadores.
- Pero Frígilis, que tiene cierta influencia sobre don Álvaro, le obligó a darle palabra de honor de que al día siguiente tomaría el tren de Madrid.
- Y cuando el tren se detiene de pronto ante una estación solitaria, oigo, en el profundo reposo de la llanura, el tric trac del telégrafo, sonoro y presuroso.
- Y a lo lejos, cuando se perdía el tren en la penumbra de los grandes focos eléctricos, Sarrió, asomado a la ventanilla, agitaba su antiguo sombrero cónico.
- El tren se lanzaba por aquel campo triste, como inmenso lebrel, olfateando la vía y ladrando a la noche tarda, que iba cayendo lentamente sobre el llano sin fin.
- ¡pobre ángel! El infeliz estaría ayer con sus compañeros posado en el alambre tan contento, tan guapote, viendo pasar el tren y diciendo allá van esos brutos.
- Lo primero que se le ocurrió a Cracasch, un día que se le figuró que ya tenía confianza con la familia de Arizmendi, fué, a los postres, imitar el ruido del tren.
- No sospechaba aquel ciego, tan inoportunamente alegre y decidor, que su amigo, su mejor amigo, al romper la marcha el tren había tenido tentaciones de arrojarse al andén.
- Y cuando se ha puesto otra vez el tren en marcha, la vieja requerida ha añadido hoscamente, mientras se pasaba el reverso de la mano por las narices y se apretaba el pañuelo.
- Sí, la semana pasada, cuando fuimos a la Casa de Campo, y se puso usted a contar el cuento de aquella inglesona que le quiso pegar un tiro porque le dijo no sé qué, en un tren.
- Al día siguiente, 27 de Diciembre, don Víctor y Frígilis debían tomar el tren de Roca Tajada a las ocho cincuenta para estar en las Marismas de Palomares a las nueve y media próximamente.
- Hacía frío, y aunque no lo hiciera, los viajeros lo tendrían sólo de ver las estaciones encharcadas, los empleados calados y los campesinos que venían a tomar el tren con un saco por la cabeza.
- Se salía al ser de día, en el tren correo, se llegaba a Roca Tajada una hora después, y a las diez de la noche entraban en Vetusta silenciosos, cargados de ramilletes de pluma y como sopa en vino.
- Parecía que, según el tren se alejaba de los tejados de un rojo sucio, casi pardo de la ciudad triste, sumida en sueño y en niebla, el alma de Frígilis se ensanchaba, respiraba a su gusto aquel pulmón de hierro.
- Las locomotoras chorreaban agua y fuego juntamente, y en los hules de las plataformas del tren de mercancías se formaban bolsas llenas de agua, pequeños lagos donde habrían podido beber los pájaros, si los pájaros tuvieran sed aquel día.
- Entonces se dio cuenta de que estaba a pocos pasos de un tren que, conmoviendo el suelo, dando mugidos, por la chimenea y rugiendo por las válvulas de escape, salía de la estación, abofeteando a los más próximos con el viento de su rápido paso.
- Bueno, pues, cátate que nuestro Alvarito, en vez de tomar el tren que subía, el de Madrid, toma el que baja, da órdenes a su criado, para que recoja corriendo el equipaje y se meta en el reservado que traía la ministra, un coche salón con cama y demás.
- Sí, todo esto había querido hacer don Víctor que se sintió morir de vergüenza y de cólera contra los infames adúlteros y contra sí mismo, en cuanto notó que el tren se movía y le alejaba del lugar del crimen, de su deshonra y de su venganza necesaria.
- En un decir Jesús se vestía, se lavaba, salía al parque donde solía esperar dos o tres minutos a Frígilis, si no le encontraba ya allí, y en esto y en el viaje a la estación se empleaba el tiempo necesario para llegar algunos minutos antes de la salida del tren mixto.
- Figúrese el lector cuál sería el asombro de doña Lupe la de los Pavos, cuando vio entrar en la sala a su sobrino, no con zapatillas ni en tren de andar por casa, sino empaquetado para salir, con su capa de vueltas encarnadas, su chaqué azul y su honguito de color de café.
- Agradabilísimo día pasaron, viendo el risueño país que a sus ojos se desenvolvía, el caudaloso Ebro, las marismas de su delta, y por fin, la maravilla de la región valenciana, la cual se anunció con grupos de algarrobos, que de todas partes parecían acudir bailando al encuentro del tren.
- De noche, en el tren, cuando volvían solos a Vetusta en un coche de segunda, por miedo al frío de los de tercera, Frígilis que miraba el paisaje triste a la luz de la luna, que aquella vez había podido más que el sol y había roto las nubes, Frígilis sintió un suspiro como un barreno detrás de sí, y volvió la cabeza diciendo.