Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra tristemente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tristemente en el contexto de una oración.

Término tristemente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tristemente" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tristemente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Moreno se sonreía tristemente.
  • Ladraban los perros tristemente.
  • Más que a mí dijo tristemente el padre.
  • Sonriendo tristemente, expresaba la joven su incredulidad.
  • ¡Ahora, ánimo, y a otra! La enferma sonrió tristemente.
  • Calló un buen rato, y al fin comenzó á murmurar tristemente.
  • Y Azorín, que le ha leído a Sarrió este suelto, ha dicho tristemente.
  • Mirolo tristemente, y después lo arrojó con fuerza lejos de sí, diciendo.
  • gimoteaba tristemente la más vieja, moviendo sus grandes ojos mates y sin luz.
  • En seguida de regar, la tierra se secaba, y las plantas se doblaban tristemente sobre su tallo.
  • Pero Jacinta era muy incrédula en este particular, y miraba tristemente a la pareja cuando pasaba.
  • ¡Oh, no no, tampoco! Entonces el viejo ha movido la cabeza como conformándose con su desgracia, y ha exclamado tristemente.
  • ¡Sarrió! Y entonces el hombre gordo ha vuelto la cara, una cara con ojos pequeños y ribeteados de rojo, y he visto tristemente que no era Sarrió.
  • En tanto, el héroe se consumía tristemente en Vejer viendo sus laureles apolillados y roídos de, y meditaba y discurría a todas horas sobre un tema importante, es decir.
  • Estos recuerdos de la gloria pasada, que doña Leonarda evocaba accionando con el abanico cerrado como si fuera una batuta, le hacían poner los ojos en blanco y suspirar tristemente.
  • Y después de esta molesta expansión, que dejó aturdida a la niña e hizo torcer el gesto a doña Manuela, dejóse caer de golpe en una silla, que crujió tristemente bajo las gigantescas posaderas.
  • Aquí verá usted dice el clérigo cómo Voltaire era un sofista y cómo Rousseau, el tristemente célebre autor del Emilio, como le ha llamado el señor obispo de Madrid, era un corruptor de las buenas costumbres.
  • Todos los años, al oír las campanas doblar tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentía una angustia nerviosa que encontraba pábulo en los objetos exteriores, y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro invierno húmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellos bronces.
  • En momentos de tregua, teniendo Rosa entre sus manos, húmedas y febriles, las manos temblorosas de Ramiro, clavados en los ojos de éste sus ojos henchidos de cansancio de vida, sonreía tristemente, volviéndolos luego al niño, que dormía allí cerca, en su cunita, y decía con los ojos, y alguna vez con un hilito de voz.