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Ejemplos de oraciones con la palabra tristes

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tristes en el contexto de una oración.

Término tristes: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tristes" aquí tienes una selección de 69 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tristes para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Tristes y apagadas por la distancia.
  • Vaya, niñas, basta de cosas tristes.
  • Poco a poco se fueron tornando tristes.
  • Lo afirmaba con tristes movimientos de cabeza.
  • Volvían a reaparecer las tristes ideas de la tarde.
  • Benítez y Frígilis veían en esto síntomas tristes.
  • Los ojos de cristal, tristes, brillaban en la obscuridad.
  • Asaltáronle pensamientos tristes, y sintió ganas de llorar.
  • ¡Negarle tres o cuatro mil tristes duros para acabar el piso.
  • Desde que esto supo Ana se creyó menos sola en sus noches tristes.
  • Pero estas ideas tristes, aprensiones de la edad, venían de tarde en tarde.
  • Tenía una buena voz, pero nos aburría tocando cosas tristes con su acordeón.
  • Los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al mal logrado Alonso Álvarez.
  • La sala tenía en medio un altar, iluminado con unas lámparas tristes de aceite.
  • ¡Pero qué verdes están las uvas, qué verdes! Los balcones tan tristes como siempre.
  • Están siempre igualmente tristes, igualmente severas, durmiendo, envueltas en la bruma.
  • Se olvidaron los detalles tristes de la jornada, para entregarse a la alegría y al vino.
  • Oyendo, sin piedad y sin indignación, sin lástima siquiera, necedades monótonas, tristes.
  • Yo de mí sé decir que cuando paso la frontera para acá recibo las más tristes impresiones.
  • Caballos tristes, cuyo pellejo parecía agujerearse con lo anguloso de la descarnada osamenta.
  • En los arcos, a la luz de unos faroles tristes de petróleo, paseaban algunos jefes carlistas.
  • Enfrente veo las casas solariegas contempladas por mí en la infancia, tristes, viejas, negras.
  • Los días menguaban, entristeciendo el ánimo de los que ya, por otros motivos, estaban tristes.
  • Tal vez el mundo entero no fuese tan insoportable como decían los filósofos y los poetas tristes.
  • Hay noches que, desvelada en la cama, procuro alejar las ideas tristes pensando en Dios, en su presencia.
  • A pasear por la sala y a escribir, para ver si puedo apartar de mí los tristes pensamientos que me devoran.
  • Los tambores vibraban fúnebres, tristes, empeñados en resucitar un dolor muerto hacía diez y nueve siglos.
  • Estar con los tristes, ésa es la religión eterna, vivir llorando por las penas del mundo, amar entre lágrimas.
  • En el patio seguía cantando el canario con su gorjeo chillón, y a cada paso se oían campanadas lentas y tristes.
  • Estaban tristes y tranquilos, soportando con gravedad la pena del vencimiento y el bochorno de hallarse prisioneros.
  • Consisten en plantar entre ellas, para ayudarlas, otras plantas alegres y animosas que les quiten las tristes añoranzas.
  • ¡El espíritu es inmortal! ¡El espíritu es indestructible! Y luego, exaltado, abriendo mucho sus ojos tristes, golpeándose la frente.
  • Tal vez allí hubiera podido alejar de sí aquellas ideas tristes, desconsoladoras que se clavaban en su cerebro como alfileres en un acerico.
  • En la política y en el trato social es necesario contentarse con eso muchas veces, en los tiempos tristes que alcanzamos, pero eso es otra cosa.
  • En aquellas tristes horas engañaba el insomnio paseándose a ratos por la habitación, a ratos echado y descabezando un ligero intranquilo sueño.
  • De pronto, el español don José se indignó con aquella inhumanidad, y dijo que Cristo nos mandaba cuidar de los enfermos y consolar a los tristes.
  • ¿No habéis visto cuando estáis tristes y un niño o una mujer os miran, cómo en su cara ingenua se refleja instintivamente vuestro gesto triste?
  • Con esos ojazos tristes los de mi hermana, los de mi madre, Dios las tenga en su santa gloria! ¡Esos ojazos de luto que se le meten a uno en el corazón.
  • Les basta encerrarse en su inmenso dolor, lanzarlo en tristes estrofas al rostro de la ingrata, para que ésta desfallezca bajo el más terrible de los castigos.
  • Siempre permanecía en tinieblas caliginosas, que hacían palpables las tristes llamas de las bujías semejantes a lámparas de minero en las entrañas de la tierra.
  • Y sus palabras, lentas, tristes, en este pueblo sin agua, sin árboles, con las puertas y las ventanas cerradas, ruinoso, vetusto, parecen una sentencia irremediable.
  • Y haz el favor, para otra vez, de dejarte en la calle tus agonías y no ponérteme delante con esa cara de viernes, pues bastantes espectáculos tristes tenemos en casa.
  • Despreció un consuelo, una ilusión postrera que otros, ya también un poco viejos, ya también un poco tristes, van buscando afanosamente por el mundo y no los encuentran.
  • Las muchachas animaban por algunas semanas con el ruido de mejores días aquellas salas y pasillos, alcobas y gabinetes, demasiado grandes y tristes cuando estaban desiertos.
  • Juanito huyó de aquella pillería, cuya mirada insolente y burlona nada bueno presagiaba, y siguió por el camino de ronda, sumiéndose al poco rato en sus tristes reflexiones.
  • ¡Tan hechos estaban los ánimos a la desgracia, que el espectáculo de la muerte les era poco menos que indiferente! Las exequias del mar son más tristes que las de la tierra.
  • Mas a la sazón no podía entender una sola línea del filósofo, y sólo oía los tristes ruidos exteriores, el quejido constante de la presa, el gemir del viento en los árboles.
  • Desde el fondo de las habitaciones lejanas, las mujeres enlutadas esas mujeres tristes de los pueblos oirían llenas de espanto y de indignación las melodías de Chopín y Rossini.
  • A lo lejos gritaban las agoreras aves de invierno, que después aparecían bajo las nubes, volando fuera de tiro, sin miedo al cazador, pero tristes, cansadas de la vida, suponía Quintanar.
  • Ya me parecían sonar tristes y acongojadas anunciándonos una desgracia, y a medida que nos alejábamos, aquella música se iba apagando hasta que se extinguió difundida en el inmenso espacio.
  • La señorita Jacinta fue quien primero llevó los parabienes a la cocina, y la pincha perdió el conocimiento por figurarse que con los tristes cinco reales le habían caído lo menos tres millones.
  • Ella y él eran cómplices de chiquillos enfermizos y tristes, que vivían entre harapos, y aquel idiota venía a pedirme dinero creyendo que era un mérito ser padre de su abundante y repulsiva prole.
  • Allí unas tonalidades de color enérgicas y rabiosas sofocaban a otras apagadas y tristes, como el canto de las sirenas, imperioso, enervante, desordenado, intenta sofocar el himno místico de los peregrinos.
  • Entre las manchas de las tierras desnudas aparecían el monte bajo, de trecho en trecho, las pomaradas ahora tristes con sus manzanos sin hojas, con sus ramos afilados, que parecían manos y dedos de esqueleto.
  • La esposa de Cuadros, que respondía a sus amigas con sonrisas de conejo y parecía muy preocupada por pensamientos tristes y misteriosos, abalanzóse a doña Manuela, saludándola con apretado abrazo y sonoros besos.
  • ¡Qué estupidez, pensaba en estos momentos tristes, el considerar a la mujer como una criatura ideal! ¡Qué error mirar la riqueza y el fausto como felicidad! Se acercaba el momento de que la Bella Vizcaína tenía que partir.
  • Y cuando llega la vejez y vemos que los libros no nos han enseñado nada, entonces clamamos por la alegría y el amor, ¡que ya no pueden venir a nuestros cuerpos, tristes y cansados! VII Esta tarde hemos cumplido un deber triste.
  • La primera vez que Maxi lo observó, movíase el disco con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en él los tristes ojos un buen cuarto de hora.
  • Y soñando con la inmensa felicidad de volver a casa con una docena de duros, zapatos para las hijas y un refajo para la mujer, pasean tristes y resignados por entre el gentío, lanzando a cada minuto su grito melancólico como una queja.
  • Fijó sus tristes miradas en el suelo y Fortunata, con los brazos cruzados, mirábale atenta, contemplando los estragos de la degeneración senil en su fisonomía, mientras se alejaban y extinguían en la calle los picantes ritmos del baile.
  • Las ideas tristes habían volado como pájaros de invierno, Ana se había visto en el paseo de San Blas rodeada del mundo, agasajada, y a su lado iba don Álvaro Mesía, enamorado, triste de tanto amor, resignado, cariñoso sin interés, suave y tierno, sin esperanza.
  • Y por si esto no fuera bastante, un librero ha puesto sus estantes de libros profanos a lo largo de una de sus paredes, y unos hombres rápidos, que llevan una escalera al hombro, vienen todos los días y pegan en sus muros tristes grandes carteles blancos, azules, rojos.
  • Próximo al ocaso de su juventud, a los malditos treinta años de que hablaba Espronceda, en vez de tristes desengaños experimentaba la alegría de saber que en el mundo hay algo más grato que adorar a la mamá como un ídolo y plegarse a todos los caprichos de los hermanitos.
  • Caballos de labor, fuertes pero tristes, cual siervos condenados á eterna fatiga, mirando con sus ojos vidriosos á todos los que pasaban, como si adivinasen al nuevo tirano, y pequeñas y vivarachas jacas, hiriendo el polvo con sus cascos, tirando del ronzal que las mantenía atadas al muro.
  • Habían dejado, en obsequio al Crucificado, el regalo de su palacio ancho y cómodo de allá arriba por la estrechez insana de aquella pocilga, mientras sus padres, hermanos y otros parientes regalaban el perezoso cuerpo en las anchuras de los caserones tristes, pero espaciosos de la Encimada.
  • Visitación, la del Banco, en vez de mirar como todos hacia la calle estrecha por donde ya asomaban los pendones tristes y desmayados, las cruces y ciriales, observaba el gesto de don Álvaro Mesía, que estaba solo, al parecer, en el último balcón de la fachada del Casino, en el de la esquina.
  • Aquellas tristes, sucias y estrechas plazas y calles tendrían, como ahora, aspecto feo, pero las llenaría la poesía del tiempo, y las fachadas ennegrecidas por la humedad, las rejas de hierro, los soportales sombríos, las tinieblas de las rinconadas en las noches sin luna, el fanatismo de los habitantes, las venganzas de vecindad, todo sería dramático, digno del verso de un Zorrilla.
  • Sentía el mareo de la caída en las entrañas, pero si algunos días al despertar en vez de pensamientos alegres encontraba, entre un poco de bilis, ideas tristes, algo como un remordimiento, pronto se curaba con la nueva metafísica naturalista que ella, sin darse cuenta de ello, había creado a última hora para satisfacer su afán invencible de llevar siempre a la abstracción, a las generalidades, los sucesos de su vida.
  • Sobre los castañares que semejaban ruinas y mostraban descubiertos los que eran en verano misterios de su follaje, sobre los bosques de robles y sobre los campos desnudos y las pomaradas tristes pasaban de cuando en cuando en triángulo macedónico bandadas de cuervos, que iban hacia el mar, como náufragos de la niebla, silenciosos a ratos, y a ratos lamentándose con graznar lúgubre que llegaba a la tierra apagado, como una queja subterránea.