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Ejemplos de oraciones con la palabra tula

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tula en el contexto de una oración.

Término tula: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tula" aquí tienes una selección de 82 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tula para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Pero, Tula.
  • Adiós, Tula.
  • La tía Tula.
  • ¡Tula! gimió.
  • Por Dios, Tula.
  • ¿Otra vez, Tula?
  • Tula, mamá Tula.
  • ¿qué dices, Tula?
  • Creí morirme, Tula.
  • Amor! ¡Tula! Basta.
  • Tienes razón, Tula.
  • Pero, por Dios, Tula.
  • Pues bien, mira, Tula.
  • ¿Puedes dudarlo, Tula?
  • Ahí te los dejo, Tula.
  • Gracias, Tula, gracias.
  • Dios te lo pague, Tula.
  • Tienes unas cosas, Tula.
  • ¿Me perdonas todo, Tula?
  • ¿Por qué lo dices, Tula?
  • XXIV ¿MURIÓ la tía Tula?
  • Mira, Tula, yo no le entiendo.
  • Que serás tú su mujer, Tula.
  • ¡Qué cosas se te ocurren, Tula.
  • Tienes razón, Tula, perdónamelo.
  • Cosas de hombres, que diría Tula.
  • Tengo malos presentimientos, Tula.
  • ¿Y si llegases a serlo tú, Tula?
  • ¿Qué quieres decir con eso, Tula?
  • Nada de Tula, ya te lo tengo dicho.
  • Estoy perdido, Tula, estoy perdido.
  • ¿Y por qué me dices tú eso, Tula?
  • Aquel plazo, Tula, aquel plazo fatal.
  • ¡Nada de Tula! ¿La quieres, sí o no?
  • Pero papá no se ha muerto, mamá Tula.
  • ¡Pero, Tula! Nada de Tula, te he dicho.
  • Yo me muero, Tula, me muero sin remedio.
  • Y ya sabes, Caridad, Tula, Tula como yo.
  • Tienes, Tula, una manera de decir las cosas.
  • ¡Te he dicho que nada de Tula! ¿La quieres?
  • ¿Y no dirán, Tula, que tengo ganas de novio?
  • ¡vamos a jugar al escondite, rico! Pero Tula.
  • Mira, Tula, yo me muero y me muero sin remedio.
  • ¡Tula! gimió el enfermo, abriendo los brazos.
  • XXII LA tía Tula no podía ya más con su cuerpo.
  • ¡Y a ti, Tula, a ti! exclamó entre sollozos Rosa.
  • Vamos, sí, que tú, como tía Tula, vas para tía.
  • Vaya, no te pongas así, Tula, que no es para tanto.
  • Me muero, y es hora, Tula, de decirte toda la verdad.
  • ¡Qué bien has hecho en no casarte, Tula! ¿De veras?
  • Dime, mamá Tula, ¿es Manuela también hermana nuestra?
  • La tía Tula que todos conocemos y veneramos y admiramos.
  • ¿Pero crees tú, Tula, que yo estoy rabiando por casarme?
  • ¡No pensaste en eso al pedir la entrada aquí! Pero, Tula.
  • ¡Gertrudis! ¡Tula! Pero has dicho que no la puedes echar.
  • La tía Tula era el cimiento y la techumbre de aquel hogar.
  • Por Dios, Manuela, por la memoria de tía Tula, cállate ya.
  • Y eso de las amas, Tula, ¡eso me aterra! Y así era, en verdad.
  • Vete, que allí es tu puesto, y déjame con el niño! Pero, Tula.
  • ¡Ay, Tula, tú no conoces a los hombres! Tú no conoces a mi marido.
  • ¡Hasta mañana no podrá venir, señorita! Mira, Tula empezó Ramiro.
  • ¡Adiós, mi Tula!, rindió el espíritu con el último huelgo Ramiro.
  • Y la tía Tula, con su voz más seria y delante de todos, le contestó.
  • ¡pecho a la vida! ¡Ah, si tú hubieras querido, Tula! Te di un año de plazo.
  • ¡Qué cosas se te ocurren, mamá Tula! No ves que me he pasado la vida soñando.
  • Pues a nadie le convencerás, Tula, de que no te has venido a vivir aquí por eso.
  • Para ellos no existían sino en las palabras de mamá Tula, que así la llamaban todos.
  • No le digas que yo no soy todavía más que su tía, la tía Tula, y que seré su mamá.
  • Y el pequeñito, Ramirín, al ver llorar a su tía, a tita Tula, se echó a llorar también.
  • ¡Tula! ¡Nada de Tula! Tú te pusiste con ella en relaciones para hacerla tu mujer y madre de tus hijos.
  • ¡Tía! ¡Tía! ¡Es la Tía, la tía Tula, la que tiene que perdonarnos y unirnos y guiarnos a todos! concluyó Manuela.
  • Y luego se sentaba la tía Tula junto a la cama de la enferma y se estaba allí, y ésta no hacía sino mirarle en silencio.
  • ¡Dilo, Tula, por lo que más quieras, por nuestra madre dímelo! No, es que os aburrís de vuestra felicidad y de vuestra soledad.
  • Ahora era ya para sus hijos, sus sobrinos, la Tía, no más que la Tía, ni madre ya ni mamá, ni aun tía Tula, sino sólo la Tía.
  • Te he dicho y para decirle esto se le acercó, teniendo cojido de la mano al niño, y se lo dijo al oído que no me llames Tula, y menos delante de los niños.
  • ¡Sí, la de papá! ¿Y por qué papá nos dice que no te llamemos mamá, sino tía, tiíta Tula, y tú nos dices que te llamemos mamá y no tía, no tiíta Tula.
  • En rigor la tía Tula había ya hecho, por su parte, su elección y se proponía ir llevando dulcemente a su Ramirín a aquella que le había escojido, a Caridad.
  • ¡pobre tía Tula! Y recuerdo que como a uno de aquellos modelos geométricos le cayera una mancha de grasa, hizo otro porque decía que con la mancha no se veía bien la demostración.
  • Volvió a mirar la luz del sol dando en el verdor de los árboles del jardincito de la casa, pero la tía Tula cayó con una broncopneumonía cojida durante la convalecencia de Manolita.
  • ¡Ay, hijo, todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades! Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada, que rehuía darle su nombre, mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula.
  • Repasaba en su mente Ramiro, lo recordaba bien, cómo la presencia de Gertrudis, la tía Tula de sus hijos, le contenía y desasosegaba, cómo ante ella no se atrevía a soltar ninguna de esas obligadas bromas entre novios, sino a medir sus palabras.
  • Su pobre tío, don Primitivo, el sacerdote ingenuo que las había criado a las dos hermanas y les enseñó el catecismo de la doctrina cristiana explicado según el Mazo, sintió siempre un profundo respeto por la inteligencia de su sobrina Tula, a la que admiraba.