Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra tuve

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra tuve en el contexto de una oración.

Término tuve: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "tuve" aquí tienes una selección de 78 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra tuve para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Tuve suerte.
  • Porque yo lo tuve.
  • Tuve uno, sí señora.
  • Fue un pronto que tuve.
  • Tuve que contarlo todo.
  • Tuve que ponerte árnica.
  • Tuve fiebre, guardé cama.
  • Tuve que jugar al escondite.
  • No tuve más remedio que decir.
  • Tuve que arrestar a aquel loco.
  • Me enfadé, me tuve que enfadar.
  • No tuve valor para resistir a las.
  • Una vez tuve yo que hacer un viaje.
  • Tuve que salir yo mismo a decírselo.
  • La última idea mala la tuve hace días.
  • Tuve miedo a su pudor y su pudor me la pega.
  • Cuando tuve a mi niño, me consolaba con él.
  • Aquel día que tuve la zaragata con Visitación.
  • Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese.
  • Volví a hablar, volvió a votarse, y tuve mayoría.
  • En el verano de 1883 tuve una ligera indisposición.
  • Tuve que darle mil noticias del asilo, explicarle todo.
  • , pues no fue bastante y tuve que traer diez varas más.
  • Puede creerme que hace tiempo no tuve un disgusto igual.
  • Así lo hice yo, y hasta que lo hice no tuve tranquilidad.
  • Por eso tuve tanto gusto en hacerte rabiar con el teniente.
  • No tuve ningún inconveniente en contarle mi vida, sin ocultarle nada.
  • Primero tuve el delirio persecutorio, después el delirio de grandezas.
  • No tuve alma para seguir adelante sin mirar para atrás, y miré y le vi.
  • Además tuve ocasión de persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel.
  • ¡Ya usted me comprende! Con el señorito Gabriel sí que tuve algún trato.
  • Hablé con el capitán para que me llevara, y tuve que vencer su resistencia.
  • Esta tarde tuve la palabra en la boca para contarle a Baldomero tu calaverada.
  • Tuve esta idea cuando estaba aquí sin habla, y al despertar me agarré a ella.
  • A pesar de todo le escribí, y la carta no debió llegar, porque no tuve contestación.
  • Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro patrón San Julián.
  • Pues decía que tuve un niño y se me murió, sí señora, y si me viviera, le digo a usted que.
  • Con el primer dinero que tuve compré una chaqueta, un morral y unas botas grandes con polainas.
  • Y tuve que pensar en ti un poquito para sentirme tranquilo y poder dormir como un hombre vulgar.
  • Levantóse, tratamos largo en mis cosas, y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y rústico.
  • Muy joven comencé a navegar, y en el barco tuve que ir olvidando cuantas enseñanzas me dio mi madre.
  • La tuve a usted por extraviada, no por corrompida, y ahora veo que es usted lo que se llama un monstruo.
  • Como me había dicho Allen, el caballo sabía el camino y tuve que refrenarlo para que no partiera al galope.
  • Desde entonces le taché por hombre vanidoso y mentirosísimo, como tuve ocasión de ver claramente más tarde.
  • De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena.
  • ) Llegamos este Hamlet indiano y yo a Bayona, y yo tuve la suerte de encontrar un patache de cabotaje que iba a Lúzaro.
  • Del corredor de la panera salté al callejón como pude, y tuve que emprender, ya sin fuerzas, nueva lucha con el perro.
  • Lo dije porque tuve un sueño, y al despertar se me quedó parte de él en la cabeza, y me andaba aquí dentro como un cascabel.
  • Añadiré que jamás, durante aquellas escenas, tuve un pensamiento, una sensación, que no emanara del más refinado idealismo.
  • Yo tuve que prestar auxilio en una faena tristísima, cual era la de transportar heridos a la bodega, donde estaba la enfermería.
  • Que no he visto cosa tan parecida a un criado que yo tuve en Segovia, que se llamaba Pablillos, hijo de un barbero del mismo lugar.
  • Tuve, por tanto, que librarme de sus manos con la ligereza de mis pies, dejando para mejor ocasión el desahogo de mis sentimientos.
  • Pero es verdad, los tuve y le hablo de ellos, para que me ayude a agradecer al médico (de quien tanto hablo) mi salvación intelectual.
  • Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática a otras cosas.
  • Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde que me engañó aquel, y entonces veríamos las perfecciones que nos sacaba la mona esta.
  • Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban servir a don Diego, a quien siempre tuve el respeto que era razón por el mucho amor que me tenía.
  • También tuve la indecible satisfacción de ayudar a los carpinteros, que a toda prisa procuraban aplicar tapones a los agujeros hechos en el casco.
  • A mí diéronme la vida unas mujercillas hilanderas de algodón, que hacían bonetes y vivían par de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento.
  • ¡Cuántas veces sentía tentaciones de quemar aquellas cartas, no llevándolas a su destino! Pero por mi suerte, tuve serenidad para dominar tan feo propósito.
  • Entretúveme a ver mi tierra toda la tarde, pasé por la casa de Cabra, tuve nueva de que ya era muerto, y no cuidé de preguntar de qué sabiendo que hay hambre en el mundo.
  • ¡qué país! Yo entré en Penales con ocho, después me pasaron a Instrucción Pública con diez, luego cesante, y al fin, para no morirme de hambre, tuve que aceptar seis en Loterías.
  • En una fonda de la calle del Arenal tuve ocasión de conocer bien a esa Obdulia, a quien antes apenas saludaba aquí, a pesar de que éramos contertulios en casa del Marqués de Vegallana.
  • Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro.
  • Muy a disgusto mío tuve que ofrecer mi cooperación para tan triste servicio, y algunos cuerpos cayeron al mar soltados desde la borda por mi mano, puesta en ayuda de otras más vigorosas.
  • Iba a marcharme a casa, cuando los pescadores porfiaron en que les acompañara, y tuve que prometerles que por la noche iría al Guezurrechape del muelle a comentar los acontecimientos del día.
  • Mi Isabelita vino al mundo el día mismo en que el cura Merino le pegó la puñalada a Su Majestad, y tuve a Rupertito el día de San Juan del 58, el mismo día que se inauguró la traída de aguas.
  • Tuve ocasión para dar en esto porque una a cuya petición había yo hecho muchos villancicos se aficionó en un auto del Corpus de mí viéndome representar un San Juan Evangelista (que lo era ella).
  • Anduve detrás de mi madre, cogido a su falda, sin dejarla hacer nada, hasta que vino el viejo Irizar, con su traje negro y su sombrero de copa, y me tuve que sentar junto a él en el banco del centro.
  • Y en cuanto esto pasaba, a la memoria me vino una cobardía y flojedad que hice, por que me maldecía, y fue no dejalle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello que la meitad del camino estaba andado.
  • Allí tuve nuevas de cómo mi rocín, viéndose en aprieto, se esforzó a tirar dos coces, y de puro flaco se le desgajaron las dos piernas y se quedó sembrado para otro año en el lodo, bien cerca de expirar.
  • Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvíme a ella y roguéla me declarase si le podía desmentir con verdad o que me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo de mi padre.
  • Y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie que medre sino los que le tienen.
  • Cuando tuve edad para meterme de cabeza en los negocios por cuenta propia, con objeto de ganar honradamente algunos cuartos, recuerdo que lucí mi travesura en el muelle, sirviendo de a los muchos ingleses que entonces como ahora nos visitaban.
  • Yo soy médico, le digo, y no sólo no tuve hijos de mi mujer, que era viuda, y perdimos el que ella me trajo al matrimonio, ¡aún le lloro al pobrecillo!, sino que sé, sé positivamente, sé con toda seguridad, que no he de tener nunca hijos propios, que no puedo tenerlos.
  • Recuerdo que una vez, estando en Palacio, me suplicaron que les mostrase cómo era una, y tuve que capear, picar y matar una silla, lo cual divirtió mucho a toda la Corte, especialmente al Rey Jorge III, quien era muy amigote mío y siempre me decía que le mandase a buscar a mi tierra aceitunas buenas.
  • Pero algunas me recibieron con injurias, recordando las proezas de mi niñez y haciendo comentarios tan chistosos sobre mi nuevo empaque y la gravedad de mi persona, que tuve que alejarme a toda prisa, no sin que lastimaran mi decoro algunas cáscaras de frutas lanzadas por experta mano contra mi traje nuevo.
  • Sí, hermano mío, hermano muy querido, me complazco en llamárselo, aquí, ahora, segura del secreto, sin oídos profanos que entenderían las palabras con la impureza ruin que ellos llevarán dentro de sí, feliz yo mil veces que a la primera ocasión en que tuve idea de ser buena, hallé quien me ayudara a serlo.
  • Pero el cólera morbo, que ya en 1834 atacó a mi madre y la dejó enfermiza para toda su vida, volvió a herir a mi familia en 1860, arrebatándonos a mi hermano Julio, letrado notabilísimo, y atacándome también a mí, que, habiendo quedado sumamente débil, tuve que trasladarme a la provincia de Alicante, donde tenían mis padres unas tierras.