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Ejemplos de oraciones con la palabra universo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra universo en el contexto de una oración.

Término universo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "universo" aquí tienes una selección de 25 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra universo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No hay nada estable en el universo.
  • Habría que hacer de nuevo el universo.
  • Una explicación del Universo físico y moral.
  • Azorín piensa en cómo sería ese otro universo.
  • Allí, en aquel rincón del universo, vive Jesucristo.
  • Ya el universo no tiene comienzo en el tiempo ni límite en el espacio.
  • Dios estaba en el cielo presidiendo y amando su obra maravillosa, el Universo.
  • La ciencia nos da la descripción de una falange de este mamuth, que se llama universo.
  • Farsa, hipocresía, hipocresía inconsciente, como la propia, como la del universo entero.
  • Por eso damos a todo el universo, desde la gota de agua hasta Sirio, una intención humana.
  • Calla, tonta, mi mujer se vuelve loca por todos los niños del universo, sean de quien fueren.
  • ¿qué mundos tan grandes, qué Universo de soles no la había dado aquella vida del claustro?
  • La plasticidad de los cuerpos era una especie de bienestar de la materia, una prueba de la solidez del universo.
  • Se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador.
  • El Universo, a juzgar por Vetusta y sus contornos, más que un sueño efímero, parecía una pesadilla larga, llena de imágenes sucias y pegajosas.
  • El mapa espiritual del universo de aquella época era como un plano de diferentes colores, en donde se apreciaban no sólo las entonaciones fuertes, sino los más ligeros matices.
  • Lo que había hecho, hacíalo, a juicio suyo, por disposición de las misteriosas energías que ordenan las cosas más grandes del universo, la salida del Sol y la caída de los cuerpos graves.
  • La inmensa tristeza, el horror infinito de la ingratitud del hombre matando a Dios, absurdo de maldad, los sintió Fortunato en aquel momento con desconsuelo inefable, como si un universo de dolor pesara sobre su corazón.
  • Sólo con recordar la dulzura de San Agustín al reconciliarse en su cátedra con un amigo que asistió a oírle, del cual vivía separado, sentía Ana inefable ternura que le hacía amar al universo entero en aquel obispo.
  • El canónigo Döllinger, de quien no sabía más sino que existía y que se había separado de la Iglesia, le seducía por su tenacidad, que le recordaba la de su tierra, Aragón, el reino más noble y testarudo del Universo.
  • él iba lejos, muy lejos, llevado del sentimiento más que de la reflexión, y aunque no tenía base de estudios en qué apoyarse, pensaba en las causas que ordenan el universo e imprimen al mundo físico como al mundo moral movimiento solemne, regular y matemático.
  • Y todos convenían en que el origen de sus males era la inteligencia, que por medio de la observación y el autoanálisis les mostraba su insignificancia en el universo y les hacía sentir la inutilidad de la existencia en esta ciega y perdurable corriente de las cosas.
  • Contra la tendencia agnóstica de un Du Boie Reymond que afirmó que jamás el entendimiento del hombre llegaría a conocer la mecánica del universo, están las tendencias de Berthelot, de Metchnikoff, de Ramón y Cajal en España, que supone que se puede llegar a averiguar el fin del hombre en la Tierra.
  • Vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
  • A los treinta y seis años, cuando él creía que ya nadie podía enseñarle nada, una señora inocente, joven, sin mundo, venía a mostrarle un universo nuevo, donde sin más que una sonrisita, una palabra que era como la letra de una música que había en el modo de decirla, se veía uno de repente entre los ángeles, gozando como en el Paraíso, sin querer nada más, sin pensar en nada más.