Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "valía" aquí tienes una selección de 76 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra valía para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Más valía esperar.
- Más valía no hacerle caso.
- Más valía maña que fuerza.
- Más valía no darse por entendida.
- El opio valía entonces una enormidad.
- Lo demás se confesaba que valía poco.
- Mejor, más valía que alguno lo pasara bien.
- El muchacho valía, pero más valía su madre.
- Cualquier cosa, en fin, aquello no valía nada.
- Otra preguntaba si valía el quinqué de petróleo.
- ¡Más te valía ir a la escuela! le decía Catalina.
- Cada uno por su estilo, aquella pareja valía un imperio.
- ¡Y qué pie! Más valía que ningún cristiano lo viera.
- ¿Valía para el tribunal la palabra de un hombre honrado?
- Valía esto tanto como llamar la atención de la justicia.
- Él valía más que todos, pero su madre valía más que él.
- Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se valía sin él.
- Ella manifestó una ternura que él le agradeció en lo que valía.
- ¡pero de qué manera! Más valía que dijese terminantemente que no.
- Pero decía él que su cazadora valía por la piel de un proboscidio.
- Ya era propietario de inmuebles, y más valía esto que el dinero contante.
- Ya era casi de noche, y valía más que el señor examinase de día el género.
- Valía apuntar en los intervalos de las palmadas que habían de ser muy breves.
- Yo le diré que es un gandul y que más le valía trabajar y no vivir de su suegra.
- Era un orador verdadero, valía más que en el papel, en el púlpito, en la ocasión.
- Don Juan hizo un gesto como indicando que le era igual y no valía la pena molestarse.
- Y además estaba sujeta a una deuda que mal se podría enjugar con lo que ella valía.
- Tenía sobre mí la ventaja de hablar castellano bien, y se valía de ella para humillarme.
- Más valía que no la viera jamás, porque si la veía, de fijo se le iba el santo al Cielo.
- La traían en carros desde una distancia de cuatro leguas, y cada cántaro valía diez céntimos.
- Doña Paula creía que endiosarse valía tanto como elevar el pensamiento a las regiones celestes.
- Todo aquello de haber llorado de amor leyendo a San Agustín y a San Juan de la Cruz no valía nada.
- Aquello no valía nada, y otorgó el cocinero su indispensable permiso con un desdén mal disimulado.
- La niña fue aprendiendo lo que valía el dinero, por la gran pena con que los suyos lo lloraban ausente.
- Solía ella enviarle con algún mensaje a casa de su costurera, o se valía de él para recados y compras.
- Una voz, una voz en el desierto solitario en que yo vivía, no puede usted figurarse lo que valía para mí.
- Y esto era en todo, y si alguna vez compraba yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo.
- Mucho valía la castidad del lecho nupcial, o ex nupcial mejor dicho, pero ¿no valía más la castidad de la esposa misma?
- Pero mi desgracia quiso que él me tuviera en más de lo que yo valía, y la emprendió conmigo en los siguientes términos.
- ¿Quién le llamaba a él en aquella casa donde en otro tiempo tanto valía su consejo, tanto se le respetaba y hasta quería?
- Tanto valía entonces esto como dedicarse a bandolero sin protección, por lo que toca a la necesidad de vivir a salto de mata.
- Si Izquierdo hubiera respondido que sí, ¡cómo se habría lanzado Jacinta sobre él! Pero no había tal retrato, y más valía así.
- Más que la firma manifestó Moreno muy serio, poniéndose la mano sobre aquel corazón que no valía ya dos cuartos, vale mi palabra.
- Si la Providencia no tenía en cuenta estas circunstancias, ¿de qué le valía a uno portarse bien y ser un modelo de orden y buena fe?
- El Magistral un sabio, un literato, un orador, un hombre de gobierno, y lo que valía más que todo, en su concepto, un hombre de mundo.
- Más valía despreciarle, dejándole entregado a su conciencia, sí, a su conciencia, que buen jaleo le había de armar tarde o temprano.
- ¡Sí, pues buena se pondría doña Lupe si él le contara su aventura y el empleo que daba a sus ahorros! Valía más callar, y adelante.
- ¡Mare! mare! Teresa, mientras tanto, examinaba con rostro grave la compra de su marido, calculando detenidamente si aquello valía treinta duros.
- Pero con el marqués de Casa Muñoz no le valía su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era capaz de poner puntos sobre las haches.
- Le había dicho una vez que sabía más que el Tostado, elogio que él supo apreciar en todo lo que valía, por haber leído al ilustre hijo de Ávila.
- ¡Qué pequeñas eran! ¡qué frágiles! ¡cuánto más tenían de apariencia que de nada! Lo único que en ellas valía no era de ellas, era de Dios, era cosa prestada.
- Acordose entonces de una cosa esencial, esto es, que en la nueva existencia, la hermosura física no valía un pito y que lo que importaba y tenía valor era la del alma.
- Su Juanito, el paria de la casa, era el que valía algo, y ahora estaba allí, agitando su pecho para escapar del brazo de la muerte, cansado de sufrir desdenes y olvidos.
- Comprendían que valía más, mucho más de lo que habían pagado por él, abusando de la situación apurada de don Carlos, que además era un aturdido en materia de intereses.
- Pero una de aquellas señoras creía que era pecado mortal no indicar algo a doña Lupe, porque esta al fin lo tenía que saber, y más valía prepararla para tan tremendo golpe.
- No temía que las intrigas del Cabildo pudiesen gran cosa contra el prestigio de su Fermín, que era el instrumento de que ella, doña Paula, se valía para estrujar el Obispado.
- Había allí un San José, cuadro grande, de familia, que como pintura valía poco, pero Moreno lo tenía en gran estima, porque estuvo muchos años en la alcoba donde él nació.
- A doña Lupe (no lo podía remediar) le daba asco el modo de comer de su sobrino, considerando que más le valía saber menos de cosas teológicas y un poquito más de arte de urbanidad.
- Yo me sentía otra cosa, pero no tenía el valor ni la fuerza para creer que mi espíritu, más concentrado y más sobrio, valía tanto como el de ellos, todo expansión, palabras y muecas.
- Tellagorri poseía un huertecillo que no valía nada, según los inteligentes, en el extremo opuesto de su casa, y para ir a él le era indispensable recorrer todo el balcón de la muralla.
- Pero ella le quería, estaba segura de ello, le quería con un cariño filial, mezclado de cierta confianza conyugal, que valía por lo menos tanto, a su modo, como una pasión de otro género.
- Para tales comisiones se valía de doña Clara, que tenía amigos entre los prestamistas, y hacía las operaciones diciendo que los objetos eran de una señora distinguida cuyo nombre no podía revelar.
- Pero duró poco la eficacia de aquel impulso en que no había piedad acendrada sino gratitud, el deseo de complacer al hombre que tanto trabajaba por salvarla, y que era tan elocuente y que tanto valía.
- Primero llegaban las ovejas á la puerta de la escuela, metían la cabeza, husmeaban curiosas é iban retirándose con cierto desprecio, convencidas de que allí no había más pasto que el intelectual y valía poco.
- Lo que le valía el continuo acarreo de pellejos hinchados de vino ó de aceite perdíase en manos de chalanes y constructores de carros, hasta que llegó el momento en que, viendo próxima su ruina, abandonó el oficio.
- Una aureola de una gloria desconocida para él parecía rodear a aquella mujer que encerraba en el breve espacio de un contorno adorado todo lo que valía algo en la vida, el mundo entero, infinito, de la pasión única.
- Pero su chaleco escotado dejaba al descubierto una botonadura maciza, enorme, con diamantes antiguos de gran valía, y en los dedos sortijas pesadas, de complicada labor, que evocaban el recuerdo de los suntuosos marqueses del pasado siglo.
- Los admiradores de Pimentó le hacían repetir el procedimiento de que se valía todos los años para no pagar á la dueña de sus tierras, y lo celebraban con grandes risotadas, con estremecimientos de maligna alegría, como esclavos que se regocijan con las desgracias de su señor.
- Decía los versos de doña Inés con voz cristalina y trémula, y en los momentos de ceguera amorosa se dejaba llevar por la pasión cierta porque se trataba de su marido y llegaba a un realismo poético que ni Perales ni la mayor parte del público eran capaces de apreciar en lo mucho que valía.
- E dícese que la causa della foe sobre envidia é a cual valía mas, é ficieron muchos malheficios é los de Zalacaín quemaron vivo al senyor de Sant Pedro en una pelea que ovyeron en el llano del Somo é porque no dexo fijo el dicho senyor de Sant Pedro casaron una su fija con Martín López de Zalacaín, home muy andariego.
- Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
- Ya que amistades nocivas le apartaban otra vez del buen camino y le envenenaban el alma con insinuaciones malévolas, con sospechas torpes e impías, más valía dejarle en paz, apartar de su vista el espectáculo inocente, mas para él poco agradable, de dos almas hermanas que viven unidas, con lazo fuerte, en la piedad y el idealismo más poético.
- Llegada la hora de rezar el rosario, acto solemne que se verificaba en el comedor con asistencia de todos los de la casa, mi amo, que otras veces solía dormirse, murmurando perezosamente los Pater noster, lo cual le valía algunas reprimendas, estuvo aquella noche muy despabilado y rezó con verdadero empeño, haciendo que su voz se oyera entre todas las demás.
- Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados, porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras, recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo del espeso soconusco.
- Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.
- Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su parva o desayuno, el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país mataburrillo, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre bromas y risotadas! ¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en la sala de la rectoral?