Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "vanidad" aquí tienes una selección de 77 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra vanidad para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Esto halagaba su vanidad.
- Satisfacer los sentidos y la vanidad.
- Me cegó la vanidad, no la piedad, pensaba.
- El egoísmo, la ira, la vanidad los impulsan.
- La vanidad solía ayudarle en sus conquistas.
- ¿quién se resiste a los halagos de la vanidad?
- Estas lo hacían por vanidad, a veces de mala gana.
- El Marqués tenía la vanidad de ser anticuario por su dinero.
- Rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad microbiológica.
- La vanidad aumentó la turbación en que el bueno de Izquierdo estaba.
- La habían emborrachado con palabras, con luz, con vanidad, con ruido.
- ¿No podía ser aprensión todo, no podía la vanidad haber visto visiones?
- Se acercó a la jaula del tordo más filarmónico de la provincia, sin vanidad.
- Porque Madrid no tenía de metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula.
- Recibió Izquierdo tan tremendo golpe en su vanidad, que no supo qué contestar.
- Además, Teresa no había ascendido un solo peldaño en la escala de la vanidad.
- Al otro, doña Manuela, la satisfacción de la carne, el alimento de su vanidad.
- En el fondo era un pobre majadero, un caso de pedantería y de vanidad grotescas.
- Otra, la que más halagaba mi vanidad, escribir diciendo que acudiría a la cita.
- Mas a falta de pasión política, le impulsó a aceptar la diputación su vanidad.
- ¿O era que en la vanidad, en el egoísmo estaba la causa de aquel enternecimiento?
- Convídesele, había dicho Mesía y la vanidad satisfecha le inspirará maravillas.
- Tal vez, casi de fijo, por aprensiones de la vanidad y de la malicia torpe y grosera.
- La vanidad del predicador comunicaba luego con la de sus oyentes y se hacía una sola.
- Un asomo de cordura iniciábase en aquella mujer dominada por la vanidad y la soberbia.
- La entrada de la familia le deslumbraba, sintiendo el infeliz una impresión de vanidad.
- Y por vanidad o por fe creía en su regeneración todas las mañanas aquel devoto del Corazón de Jesús.
- La bondadosa y angelical señora quería poner un freno de modestia a la expresión de su vanidad maternal.
- No lo ensuciaré, porque no bajo al patio añadió la pequeña, hinchando de gozo y vanidad sus naricillas.
- Propuso el cura con la hinchazón de vanidad que le daba aquel papel sublime de lañador de almas cascadas.
- En los tiempos a que me refiero, el descrédito era tal que la propia vanidad platónica estaba ya por los suelos.
- Eso sí, ya estaba convencida, don Álvaro no quería vencerla por capricho, ni por vanidad, sino por verdadero amor.
- En 1871 conocí a este hombre, que fundaba su vanidad en haber visto toda la historia de España en el presente siglo.
- De ese fermento malsano, complicado con nuestra pobreza, nuestra ignorancia y nuestra vanidad, vienen todos los males.
- Muy contra su voluntad, a pesar de la desgracia que tenía encima, el cazador sintió el placer de la vanidad satisfecha.
- Ya no se trataba allí de la vanidad suavemente halagada, sino de unas fibras del corazón que no sabía él cómo sonaban.
- Comenzaba este componer constante, este imaginar sin tregua por ser agradable entretenimiento y además halagaba su vanidad.
- III DOLORES DE VANIDAD El domingo siguiente, por la mañana, marchaba yo a casa de doña Hortensia, por las calles de Cádiz.
- Soy algo viejo, pero sin vanidad creo que sirvo para todo, y por fuera y por dentro valgo más que la mayoría de los muchachos.
- Había que perdonarle la vanidad de ostentar en aquella ocasión sus botas como espejos, que sólo se calzaba en tan solemne día.
- Severiana dejó el cesto de la compra, que bien repleto traía, arrojó mantón y pañuelo, y no pudo resistir un impulso de vanidad.
- El Marqués tiene la vanidad de hacer que la entrada al Vivero habitable sea por aquí, por delante de la antigua mansión señorial.
- Porque ella tenía la vanidad, muy bien fundada por cierto, de no desmerecer de las tales señoras en punto a buena crianza y modales.
- Y si no fuera vanidad intolerable, añadiría óigame usted a mí algunos días de los que Dios quiere que no me explique mal del todo.
- Vaya usía muy dichoso, señor marqués, don Pedro sentía un cosquilleo grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora.
- Poseía doña Lupe la aptitud y la vanidad educativas, y para ella no había mayor gloria que tener alguien sobre quien desplegar autoridad.
- Las rentas apenas si daban para los réditos, y hasta la misma casa en que ella vivía era una finca que producía poco, por culpa de su vanidad.
- Petulancia, sentimentalismo, vanidad, tristeza, todo esto se fundía en mi alma, haciéndome creer unas veces que era un héroe y otras un desdichado.
- Soy de encargo para estas cosas fue lo último que pensó, hinchado de vanidad y alegría como caudillo valeroso que ve delante de sí una gran batalla.
- Las cómicas eran la carnaza que preferían para tragar el anzuelo de la lujuria rebozado con la vanidad de imitar costumbres corrompidas de pueblos grandes.
- Lo que no sabía don Álvaro, aunque por ciertos síntomas favorables lo presumiese a veces su vanidad, era que la Regenta soñaba casi todas las noches con él.
- Satisfacía su pueril vanidad dejando los experimentos aparatosos para la conclusión de la clase, con el fin de retirarse entre aplausos, como un prestidigitador.
- Tan general y viva fue la protesta del gran mundo de Vetusta contra los conatos literarios de Ana, que ella misma se creyó en ridículo y engañada por la vanidad.
- La vanidad de Platón cayó de golpe cuando más se remontaba, y no encontrando aplicación adecuada a su personalidad, se estrelló en la conciencia de su estolidez.
- Trabuco, a quien la honra de merecer la confianza de Quintanar había llenado de vanidad, no había podido resistir la tentación de dejar transparentarse su secreto.
- Era fatuo hasta ese extremo, pero dígase en su abono que nadie lo sabía, y que podía citar numerosos hechos que acreditaban el motivo de aquella vanidad monstruosa.
- Por las noches, cuando llegaba a su casa, rendida, su madre gustaba de que estuvieran presentes doña Lupe, Fortunata o las demás amigas, para dar rienda suelta a su vanidad.
- La chiquilla de Moreno fundaba su vanidad en llevar papelejos con figuritas y letras de colores, en los cuales se hablaba de píldoras, de barnices o de ingredientes para teñirse el pelo.
- Mas el asombro y las lamentaciones del Arcipreste arañaron en la vanidad del señor de Ulloa, y consideró que sería de buen efecto, en momentos tales, lavarle la cara, repararla un poco.
- Ballester era el corazón más honrado y generoso del mundo, y tenía cierta vanidad en tomar sobre sí el cumplimiento de los deberes que correspondían a otros y que estos otros olvidaban.
- Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad, desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable.
- Le quería por vanidad, y en cuanto a servirle en lo que él deseaba, también a ella le convenía por satisfacer su pasión favorita, después de la lujuria acaso, por satisfacer sus venganzas.
- Pero allá adentro, en regiones de su espíritu en que él entraba rara vez, veía vagamente algo mejor que el ordinario galanteo, algo más serio que los apetitos carnales satisfechos y la vanidad contenta.
- Algunos padres timoratos oponían algunos argumentos de aquella moralidad privada que no preocupaba al Marqués, pero al fin la vanidad triunfaba y siempre tenía su sobrina en ferias la señora marquesa de Vegallana.
- Cuando ella le había dicho que en la adolescencia había tenido antojos místicos, y que después sus tías y todas las amigas de Vetusta le habían hecho despreciar aquella vanidad piadosa ¿qué había contestado el Magistral?
- Con esto y la natural vanidad que lleva a la mujer a creerse querida de veras, la Regenta podía, si le importaba, creer que el Tenorio de Vetusta había dejado de serlo para convertirse en fino, constante y platónico amador de su gentileza.
- Como yo servía la mesa, pude oír la conversación, y entonces conocí mejor el carácter del viejo Malespina, quien si primero pasó a mis ojos como un embustero lleno de vanidad, después me pareció el más gracioso charlatán que he oído en mi vida.
- Era el caso que, en su opinión, el Magistral era amante de doña Ana hacía mucho tiempo, y que la escena del bosque del Vivero la interpretó la vanidad de la criada como una victoria de su belleza que había hecho caer en pecado de inconstancia al canónigo.
- Como esas casas no son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una sanguijuela que le está chupando cuanto posee.
- Pero no sólo el prurito de darse tormento como a cada hijo de vecino, le había inspirado aquella diablura de coronarse de espinas y dar un gustazo a los recentales de su rebaño pedagógico, sino que era gran parte en aquella exhibición anual la pícara vanidad.
- ¡Ay de usted si desmaya porque ve que para Teresa son pecados muchos actos que usted creía dignos de elogio! Pasará usted la vergüenza de ver que era vanidad muy grande creerse buena mucho antes de serlo, tomar por voces de Dios voces que la Santa llama del diablo.
- Y cegadas por la vanidad herida, recordando sin duda las burlas que ellas habían dirigido a otras familias, turbábanse por momentos, creyendo ver miles de ojos rijos en ellas y que las señoras desde los carruajes las sonreían desdeñosamente, como si fuesen criadas disfrazadas.
- Oh, si le fuera lícito vestir su traje de cazador, su zamarra ceñida, su pantalón fuerte y apretado al muslo, sus botas de montar, su chambergo, entonces sí, iría de paisano, y la vanidad le decía que en tal caso no tendría que temer el parangón con el arrogante mozo a quien aborrecía.
- El que todo lo ve y la veía a ella, estaba satisfecho, y la vanidad de la Regenta necesitaba esta convicción para no dejarse llevar de otros instintos, de otras voces que arrancándola de sus abstracciones, le presentaban imágenes plásticas de objetos del mundo, amables, llenas de vida y de calor.
- Mientras la joven saboreaba aquellos manjares tributando un elogio a la cocinera a cada bocado, doña Águeda, satisfecha en lo más profundo de su vanidad, pasaba la mano pequeña y regordeta con dedos como chorizos llenos de sortijas, por el cabello ondeado entre rubio y castaño de la sobrinita de sus pecados, como ella decía.
- ¡Si apenas podía mantenerse sentado sobre la tabla dura! Pero esta delicia de la vanidad satisfecha no tenía que ver con su propósito firme de buscar en Ana, en vez de grosero hartazgo de los sentidos, empleo digno de la gran actividad de su corazón, de su voluntad que se destruía ocupándose con asunto tan miserable como era aquella lucha con los vetustenses indómitos.
- Hablando luego de que la metían en las Micaelas, todas las presentes elogiaron esta resolución, y doña Lupe se encastilló más en su vanidad, diciendo que había sido idea suya y condición que puso para transigir, que después de una larga cuarentena religiosa podía ser admitida en la familia, pues las cosas no se podían llevar a punto de lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto se dice.