Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "veían" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra veían para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Sus ojos no veían.
- Ahora se veían dos.
- Pero a veces se veían.
- Apenas se veían Ana y De Pas.
- Todos los días veían lo mismo.
- A veces se veían y se saludaban.
- Don Fermín y Ana se veían todos los días.
- Casi siempre se veían en casa de Vegallana.
- Los conocidos que las veían entrar, decían.
- Libros, apenas si se veían tres en la escuela.
- Los que estaban detrás, Obdulia y Paco, no veían.
- Los que entraban no veían a quien dentro estuviera.
- Benítez y Frígilis veían en esto síntomas tristes.
- Era el indiano que veían en lontananza ella y las tías.
- No inspiraba simpatías Mauricia a todos los que la veían.
- No se veían ni señales de alma viviente por ninguna parte.
- Comían separados y no se veían ni se dirigían la palabra.
- Se había hecho de noche y los dos interlocutores no se veían.
- Los rosales trepadores, antes tan lozanos, se veían marchitos.
- Las tías veían con impaciencia que se prolongaba aquel estado.
- Se veían casas blancas, azules, rosadas, con sus terrados y azoteas.
- Sólo veían allá arriba nubes que corrían delante de la cara de la luna.
- En las crujías, cerca de los palos, se veían tendidos marineros borrachos.
- Acercándose a tierra, no se veían más que rocas peladas y bancos de hielo.
- Los ojos de Ana no veían las letras ni el papel, estaban llenos de lágrimas.
- Todos los que me veían me juzgaban por comido, y si fuera de piojos, no erraran.
- Y ¿qué se pensaría si le veían allí, espiando a los convidados del Marqués?
- Pero de una capilla a otra no se distinguían las personas, sólo se veían bultos.
- Bisusalde y las casas de Izarte, próximas al acantilado, se veían a la luz de la luna.
- Media hora después, entraban en las calles de Alzate, cuyas puertas se veían cerradas.
- Ella, doña Paula, había acabado por adivinar que su hijo y la Regenta no se veían ya.
- En el primero se veían los dos buques, con las velas desplegadas, que iban acercándose.
- En algunas tabernas obscuras, a la luz de un quinqué de petróleo, se veían grupos de soldados.
- No veían por allí caras de amigos, hasta que una noche se apareció en el local una pareja conocida.
- Cerraban el horizonte montes ceñudos y en los huertos se veían arboledas y bosquecillos de frutales.
- Ilustración A los lados de La Constancia se veían dos grabados en color, con sus respectivas leyendas.
- Extendió y cerró los brazos, cual si en ellos quisiera apretar amorosamente todo lo que veían sus ojos.
- Se veían esculpidos en él dos lobos rampantes con unas manos cortadas en la boca y un roble en el fondo.
- A la Infanzón debieron de agradarle más que las maravillas de Cenceño, sin duda porque se veían mejor.
- La criada y el sobrino hablaban en un rellano de la escalera, desde el cual se veían algunas habitaciones.
- Rafaela y Jacinta respiraron, pasmadas del valor de su amiga, a quien veían como una criatura sobrenatural.
- Desde allí se veían los mástiles entrecruzados de las fragatas y bergantines, de las goletas y pailebots.
- En el escaparate, ancho y de poca altura, se veían fanales de barco, rodeados de alambres gruesos y dorados.
- Por los cristales empolvados se veían los cartelones con letras grandes y los mapas colgados de las paredes.
- El capitán aparecía atado al palo mayor, dando órdenes, y sobre el mar embravecido se veían tablas y cubas.
- Los ambiciosos de los pueblos veían que todas las clases ricas se inclinaban a favor de la monarquía liberal.
- En alguna de aquellas azoteas se veían montones de calabazas surcadas y ventrudas, y de otras redondas y lisas.
- No era este barco como aquellos viejos bombos holandeses que en mi tiempo se veían arrinconados en los puertos.
- En los testeros se veían espejos de toda la pared, y en los pasillos se levantaban estatuas y fuentes de alabastro.
- Efectivamente, la luna salió, iluminando la playa con una fuerza tal que se veían todos los montículos y piedras.
- Se veían en este cuarto una porción de trofeos de caza, que sin duda al actual poseedor del castillo no le agradaban.
- Debajo del árbol, en la tierra y sobre la hierba húmeda, se veían algunas gotas de sangre, pero Martín había huído.
- Así lo habían hecho varones esclarecidos que eran asombro del mundo y se veían cantados y alabados en poemas y tragedias.
- El otro, grueso y majestuoso, con ojillos que apenas si se veían bajo los dos puñados de pelo blanco de sus cejas, era Mislata.
- Estas blusas no eran nada limpias, porque en las mangas, sobre todo, se pegaban piltrafas de carne, que se secaban y no se veían.
- Los vecinos, al ver cómo se reformaba la barraca de Barret, colocándose recta la montera, veían en esto algo de burla y de reto.
- Ya se veían relámpagos extensos en el horizonte por Norte y Oeste, y de tarde en tarde zumbaba rodando un trueno allá muy lejos.
- Pero esto era insigne torpeza, porque si después de encarecer lo tronada y hambrienta que estaba Fortunata, ¡la veían tan hermosa.
- ¡Todo era polvo allá dentro! Y los ojos de Ana fijos en el espanto, veían sobre la alfombra una imagen confusa del recuerdo formidable.
- Los dos dientes centrales superiores eran enormes, y se le veían siempre, porque ni cuando estaba de morros cerraba completamente la boca.
- Uno a uno despreciaba todos los elogios que a su hermosura tributaban los señoritos nobles y los abogadetes de Vetusta y cuantos la veían.
- Sólo las magistraditas y las perchas de López comían con cierto dengue y lanzaban miradas escandalizadas cuando veían en sus copas dos dedos de vino.
- Pues nada menos que igual en todo a los contrabandistas que, procedentes del campo de Gibraltar, se veían en el barrio de la Viña con harta frecuencia.
- La religión con las formas aprendidas en la infancia es para ellos una de las dulces promesas de aquella España que veían en sueños al otro lado del mar.
- Los municipales no veían los cohetes, pues al fijarse en el aire matón de la chavalería que los disparaba, permanecían metidos en el portal, sordos y ciegos.
- En el terrado próximo de una casa, sin duda, abandonada, se veían rollos de esteras, montones de cuerdas de estropajo, cacharros rotos esparcidos por el suelo.
- Ya se veían llanuras con arrozales y naranjos, barracas blancas con el techado negro, alguna palmera que pasaba en la rapidez de la marcha como tocando el cielo.
- Pero cuando se veían a solas y alguno de ellos tenía algún cuidado o preocupación, de esos que piden confidentes y consejeros, se lo decían todo, o casi todo.
- En algunos portales, convertidos en talleres de curtidores, se veían filas de pellejos colgados y en el fondo el agua casi inmóvil del río Ega, verdosa y turbia.
- Casi no se le veían más que los ojos, y como estos eran tan bonitos, muchos se le ponían al lado y le pedían permiso para acompañarla, diciéndole mil cuchufletas.
- Porque no tenía duda de que Juan andaba algo distraído, y esto no lo podían notar sus padres por la sencilla razón de que no le veían nunca tan cerca como su mujer.
- En algunas se veían mezquinos arcos de fábrica para sostener el entramado de las escaleras, y abundaba tanto el yeso en la construcción como escaseaban el hierro y la madera.
- La ganancia era segura y muy superior a lo que pudieran pensar los que no la veían a ella explotar los brutales apetitos, ciegos, y nada escogidos de aquella turba de las minas.
- Desde la altura adonde habíamos subido se veían dos pueblecillos, uno que debía ser una aldea de pescadores, y el otro un pueblo de tierra adentro, rodeado de campos de labranza.
- Llevaba patillas cortas, que entre los marinos franceses solían llamar patas de conejo, y por debajo de la manga se le veían en las dos muñecas unas anclas tatuadas, de color azul.
- Por barlovento se veían algunos navíos desmantelados, y dos de ellos, ingleses, hacían fuego sobre el Santa Ana, que se defendía al amparo de otros dos, un español y un francés.
- No quiero hablar de las otras muchas levitas y gabanes flamantes que se veían por Madrid, ni de las señoras que trocaban sus anticuados trajes por otros elegantes y de última novedad.
- Y estaba seguro de que en tal momento pensaban los fieles en el orador esbelto, elegante, de voz melodiosa, de correctos ademanes a quien oían y veían, no en el Dios de que les hablaba.
- La mazmorra estaba oscura, mas por la puerta entraba la última claridad del día, y las dos mujeres allí encerradas se podían ver y se veían, aunque más bien como bultos que como personas.
- La mayoría pecaban por el extremo de la seriedad insulsa, y en cuanto se veían expuestas a la contemplación del público, tomaban gestos y posturas de estatuas egipcias de la primera época.
- Al volver hacia casa todas juntas, veían cómo en el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos, que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del crepúsculo.
- En el segundo, de techo más bajo, se veían las tinajas de Colmenar, altas, enormes, en fila, y a su lado las hechas en el Toboso, pequeñas, llenas de mugre, que parecían viejas gordas y grotescas.
- Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veían casas de campo derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja, árboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes.
- Al día siguiente las ventanas estaban cerradas, y la criada vieja contaba a las otras que el señorito estaba loco, porque decía que había unas moscas en el aire que no se veían y que las mataba el sol.
- De la pared colgaba una grande y hermosa lámina detrás de cuyo cristal se veían dos trenzas negras de pelo, hermosísimas, enroscadas al modo de culebras, y entre ellas una cinta de seda con este letrero.
- Cuatro años hacía que no perdía baile, ni reunión de confianza, ni teatro, ni paseo, y todavía las damas, cada vez que le veían bailando un rigodón (no se atrevía con el wals ni con la polka) repetían.
- No era que Anita se los impusiese, sino que las cocineras preferían agradar al ama, porque allí veían una voluntad seria, y en el señor sólo encontraban un predicador que les aburría con sermones que no entendían.
- Mientras él pagaba el escote contando chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de don Pedro no usaban los amos, se veían, no lejos de la turbia luz de aceite, relieves de un festín más suculento.
- Doña Paula miraba a su hijo y a Teresina alternativamente, encogía los hombros cuando no la veían ni la doncella, que iba y venía con platos y fuentes, ni su hijo que miraba al mantel distraído, comiendo por máquina y muy poco.
- Todavía se veían en los puertos, alternando con los bergantines y las fragatas vulgares, las carabelas turcas, las saicas greco romanas, las polacras venecianas, las urcas de Holanda, los síndalos tunecinos y las galeotas toscanas.
- Veinte siglos de religión, millones de espíritus ciegos, perezosos, que no veían el absurdo porque no les dolía a ellos, que llamaban grandeza, abnegación, virtud a lo que era suplicio injusto, bárbaro, necio, y sobre todo cruel.
- En las paredes se veían cacerolas de cobre rojizo y lodos los chismes de la cocina de la casa, desde las sartenes y cucharas de palo, hasta el calentador, que también figuraba colgado en la pared como parte integrante de la batería de cocina.
- Mas si en algo podría aprovechar para librarle del peligro y pasión que padecía, por amor de Dios lo hiciese, pues ellos veían clara la culpa del culpado y la verdad y bondad suya, pues a su petición y venganza el Señor no alargó el castigo.
- Los convidados de doña Manuela veían a poca distancia los famosos Silos de Burjasot, gigantesca plataforma de piedra, cuadrada meseta agujereada a trechos por la boca de los profundos depósitos y en la cual hormigueaba un enjambre alegre y ruidoso.
- En el opuesto lado de la huerta, que era el sitio más apartado y feo, había un tinglado, bajo el cual se veían tiestos vacíos o rotos, un montón de mantillo que parecía café molido, dos carretillas, regaderas y varios instrumentos de jardinería.
- Ilustración Como casi todos los miembros de la familia de este nombre y los emparentados con ella habían sido marinos y viajeros, para explicar sus correrías, intercaladas en las amarillentas páginas, se veían cartas de navegar antiguas, bastante raras.
- Se veían los dos por los montes de Navarra y de Guipúzcoa al frente de una partida, viviendo siempre en acecho, en una continua elasticidad de la voluntad, atacando, huyendo, escondiéndose entre las matas, haciendo marchas forzadas, incendiando el caserío enemigo.
- Pero como entre ellos figuraban corredores de Bolsa, que se veían gravemente comprometidos de no proceder inmediatamente contra el deudor, en el cortejo fúnebre se hablaba de embargo, añadiendo que tal vez a aquellas horas estaría el Juzgado haciendo el inventario de la tienda.
- Veían las cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar junto a la puerta, y allá en el testero de las breves estancias la indispensable cómoda con su hule, el velón con pantalla verde y en la pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna lámina al cromo de prospectos o periódicos satíricos, y muchas fotografías.
- Aprendiz siempre hambriento, dependiente después en una época en que los mayores sueldos eran de cincuenta pesos anuales, a fuerza de economías miserables consiguió emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que veían en él un legítimo aragonés capaz de convertir las piedras en dinero, fundó Las Tres Rosas, tiendecilla exigua que en diez años se agrandó hasta ser el establecimiento de ropas más popular de la plaza del Mercado.