Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "veinticinco" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra veinticinco para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Al veinticinco.
- Veinticinco mil.
- Veinticinco mil reales.
- Nicolás, de veinticinco.
- Al veinticinco, don Manuel.
- He cumplido veinticinco años.
- ¡Mare de Dios! ¡Veinticinco duros!
- Tenía la doncella algo más de veinticinco años.
- Veinticinco pasos, pudiendo avanzar cinco cada cual.
- El veinticinco por ciento y tú el cincuenta por ciento.
- Hoy he hecho yo unas cincuenta arrobas a veinticinco reales.
- Tenemos quince navíos, y los francesitos veinticinco barcos.
- Cada uno me tiene que dar el veinticinco por ciento para mi obra.
- Había pasado veinticinco años en las pampas hasta enriquecerse.
- Los niños, veinticinco duros antes de bautizar y cincuenta después.
- El veinticinco por ciento es mucho para la gente menuda dijo Don Baldomero.
- ¡Si parece una marquesa en un baile! ¿Y eso vale para usted veinticinco duros?
- Estas rayas de papel, azules y verdes, se quiebran a distancia de veinticinco centímetros.
- Al entrar el año de 1874, tenía Maximiliano veinticinco y no representaba aún más de veinte.
- ¡qué gracia! Los tengo yo del propio Senquá, mucho más floreados que ese y los doy a veinticinco.
- Hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en corporación con los susodichos dependientes.
- Comerciantes que no podían pagar una letra de veinticinco pesetas jugaban millones, dándose una vida de príncipes.
- Tú y tus hermanos heredáis a Melitona, que por mis cuentas debía tener un capitalito sano de veinte o veinticinco mil duros.
- Encendía un fósforo con una bala a veinticinco pasos, mataba un mosquito a treinta y se lucía con otros ejercicios por el estilo.
- Veinticinco personas había en la mesa, siendo de notar que el conjunto de los convidados ofrecía perfecto muestrario de todas las clases sociales.
- Observó que el Delfín, cuya edad se aproximaba a los veinticinco años, tenía horas de infantil alegría y días de tristeza y recogimiento sombríos.
- ¡Dios mío, qué soso era! Ya tenía veinticinco años, y no sabía decir a una mujer o señora sino que usted lo pase bien, y de ahí no me sacaba nadie.
- Veinticinco años había pasado Páez en Cuba sin oír misa, y el único libro religioso que trajo de América fue el Evangelio del pueblo del señor Henao y Muñoz.
- Yo me acordaba de las fantasías de Yurrumendi acerca de la sima que hay en aquel sitio en el mar, y me veía bajando al insondable abismo con una velocidad de veinticinco millas por minuto.
- Don Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén.
- Cuarenta años y alguno más contaba el presidente del Casino, de veinticinco a veintiséis el futuro Marqués y a pesar de esta diferencia en la edad congeniaban, tenían los mismos gustos, las mismas ideas, porque Vegallana procuraba imitar en ideas y gustos a su ídolo.
- Y Juanito sintióse feliz, en aquella temporada de Cuaresma, cada noche que cenaba con la familia, puesta de veinticinco alfileres, comiendo incómoda con la toilette de teatro y estremeciéndose de impaciencia, mientras abajo sonaban las coces del caballo contra los guijarros del patio y los tirones que daba a la galerita.
- Nos ha prometido escribir la biografía de su excelsa pariente cuando se muera, y entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace veinticinco años, la pasión de la beneficencia.
- ¡Pobre don Melchor! ¡Cuan caro le costaba ser esposo de una mujer hermosa y rica! Aburríase con el trato de unas personas a las que no podía entender, su esposa sólo le hablaba para proporcionarle nuevos tormentos, y únicamente se sentía feliz cuando, puesto de veinticinco alfileres, huía de casa, buscando en el Mercado a sus antiguos amigos.