Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra vejete

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra vejete en el contexto de una oración.

Término vejete: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "vejete" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra vejete para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Preguntó el vejete.
  • Vamos a ver a esas señoras murmuró el vejete.
  • ¡Este vejete chocho y mal educado me las ha de pagar todas juntas!
  • El médico de la sala, amigo de Julio, era un vejete ridículo, con unas largas patillas blancas.
  • Le asombraba la fiereza repentina de este vejete, al que toda la huerta había tenido por un infeliz.
  • Señor, qué tiempos! Y el vejete miraba al cielo, mientras su mano arrancaba al paso las hojas de los rosales.
  • Un vejete seco, encorvado, cuyas manos rojas y cubiertas de escamas temblaban al apoyarse en el grueso cayado, era Cuart de Faitanar.
  • Otro lector constante era un vejete semi idiota que jamás se acostaba sin haber leído todos los fondos de la prensa que llegaba al Casino.
  • Y ahora ¡ay! pertenecían á don Salvador, un vejete de Valencia, que era el tormento del tío Barret, pues hasta en sueños se le aparecía.
  • Al incorporarse asomó la cabeza por entre el cáñamo y vió en una revuelta del camino á un vejete que caminaba lentamente, envuelto en una capa.
  • Toda su altivez, su gravedad moruna, desaparecieron de golpe, y arrodillóse ante el vejete pidiendo que no le abandonase, pues veía en él á su padre.
  • Y solamente las Paulinas fueron osadas a acercarse al lecho del vejete para ofrecerle los auxilios materiales de la sociedad y los espirituales de la Iglesia.
  • La gente parábase entre asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase discretamente entre el gentío.
  • ¡Un señor venerable, con cara de santito, entretenerse en tales porquerías! Doña Manuela lanzó una mirada tan severa al vejete de rostro bondadoso, que el sátiro retrocedió, levantando el embozo de la capa con sus audaces manos.
  • Mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la hospitalaria Sabel le ofrecía.