Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra verdugo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra verdugo en el contexto de una oración.

Término verdugo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "verdugo" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra verdugo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Se parece a tu verdugo.
  • Todo verdugo es por sí odioso.
  • No había verdugo que no hubiese probado la mano en él.
  • Porque usted me la ha matado, so verdugo, caribe, usted, usted.
  • Tu víctima y tu verdugo serán felices y tendrán muchos hijos.
  • Sube después por el callejón del Verdugo a la plaza de Provincia.
  • Verdugo era, si va a decir la verdad, pero una águila en el oficio.
  • Tu verdugo no se acuerda ya de ti para nada, y ahora tiene amores con otra mujer.
  • Cuando estaba displicente, pegaba Demóstenes el negro, un marinero que con frecuencia hacía de verdugo.
  • Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un centelleo eléctrico de ojos de gato rabioso y moribundo.
  • Cuando el alcaide le reñía por alguna travesura, le llamaba botiller del verdugo y depositario general de culpas.
  • Vista ésta, os podéis venir aquí, que con lo que vos sabéis de latín y retórica, seréis singular en el arte de verdugo.
  • Pero, tontín, si no es por él, no hubiéramos tenido con qué enterrarle dijo Fortunata saliendo a la defensa de su propio verdugo.
  • ¡A esta mujer, por ladrona! Llevábale el compás en las costillas el verdugo, según lo que le habían recetado los señores de los ropones.
  • Su madre era hechicera y un poco puta, y su padre ladrón y su tío verdugo, y él el más ruin hombre y más mal inclinado tacaño del mundo.
  • Cuatro ducados di yo a Flechilla, verdugo de Ocaña, porque aguijase el burro, y porque no llevase la penca de tres suelas cuando me palmearon.
  • ¡Qué sería de los pobrecitos reos si no tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su cuello al verdugo! A las diez de la mañana concluía Estupiñá invariablemente lo que podríamos llamar su jornada religiosa.
  • Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza.