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Ejemplos de oraciones con la palabra vestido

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra vestido en el contexto de una oración.

Término vestido: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "vestido" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra vestido para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ya estaba vestido.
  • ¿no te has vestido?
  • Va vestido de negro.
  • Aflójele el vestido.
  • Otro un corte de vestido.
  • Nucha le tiró del vestido.
  • Quiero regalarte un vestido.
  • Lo tenía a un palmo de su vestido.
  • No te había visto el vestido nuevo.
  • Vestido enorgullecía a las modistas.
  • Vestido de señorito, tenía algo de gitano.
  • Mentira replicó Fortunata, oliendo su propio vestido.
  • Se tendió vestido, prometiéndose despabilarse al punto.
  • Era él, Santa Cruz, el mismo, vestido de americana y hongo.
  • Dame un abrazo le dijo Maxi arrojándose a ella medio vestido.
  • Hoy, un japonés es un señor civilizado vestido a la europea.
  • Un examen rápido sobre el vestido de él le reprodujo la pena.
  • Luego le hicieron poner un vestido de lana burda y negra muy sencillo.
  • Maximiliano la sujetó por el vestido y la obligó a sentarse otra vez.
  • Pues pasado iré a la capilla con el vestido que he de llevar al baile.
  • Tienes papusa buena y segura, trabajas poco, vas vestido como un siñor.
  • Y se le antojó vestido de rojo, con un traje muy ajustado y muy airoso.
  • Te voy a poner un vestido muy precioso, tu sombrero, tus botas de charol.
  • Lo llevó vestido hasta los veinte años con los desechos de su padrastro.
  • Se levantó, y Fortunata le tiró del vestido para hacerla sentar otra vez.
  • Se fue a su casa, y al día siguiente salió a comprar tela para un vestido.
  • Comí y púseme el vestido con que solía hacer los galanes en las comedias.
  • A ver, Plácido, ¿serías tú capaz de buscarme un vestido de torero completo?
  • Don Fermín quedó satisfecho del vestido, aunque no de que fuéramos al baile.
  • De los dos hombres, uno era alto, viejo, de sotabarba, vestido de negro, con gorra.
  • Un joven alto, de pelo negro y rizoso, muy moreno, vestido con blusa azul, gritaba.
  • ¡Tom! El inglés entró, y a poco, cuando ya su amo estaba vestido, le trajo el té.
  • El crujiente vestido de seda, el velo de blonda, y al puño el rosario de oro y nácar.
  • Enternecíme, y entré algo desconocido de como salí, con punta de barba, bien vestido.
  • Ya lavado y vestido, vacilaba en salir, y se estuvo un ratito con la mano en el picaporte.
  • El hombre bajito, vestido de negro, le hizo la misma advertencia de que allí no se fumaba.
  • Y presidieron el duelo Briones, vestido de uniforme, Bautista Urbide y Capistun el americano.
  • Apretaba con el cuerpo del vestido tempranos frutos naturales, como si fueran una vergüenza.
  • La idea de maníaco de que estaba vestido de máscara llegó a ser una obsesión intolerable.
  • Pues ellos te ponen vestido de santo, o de caballero, o de Padre Eterno, y te sacan el retrato.
  • El, con su intelectualismo, pensó qué clase de tipo sería el hombre bajito, vestido de negro.
  • Un hombrecito vestido de negro, afeitado, con anteojos, le dijo con voz melosa y acento americano.
  • Y lo que Barbarita no dudaba en calificar de encanallamiento, empezó a manifestarse en el vestido.
  • Tuvo la culpa Paco decía Visitación, ceñidas con una cuerda las piernas, por encima del vestido.
  • Si don Álvaro se figuraba al Magistral vestido de levita, acudiendo a un duelo a que él le retaba.
  • ¿Cree que toda la vida la hemos de pasar como unos miserables, con pan y cebolla y un vestido viejo?
  • La Fenelón estaba como desmayada, y sus alumnas le desabrocharon el vestido para aflojarle el corsé.
  • A mi lado había un hombre borracho, vestido de negro, con el sombrero ladeado y una flor roja en el ojal.
  • Por el vestido se diferenciaban poco, y menos aún por el lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.
  • Fortunata sentía en su alma tanta admiración por aquella mujer, que le habría besado la orla del vestido.
  • Pero las mamas abandonaron, sus asientos perezosamente, estirándose el arrugado cuerpo del vestido de seda.
  • El tal hombre era un aldeano alto, flaco, vestido con un uniforme destrozado y una pipa de barro en la boca.
  • Unas horas después, en la cubierta, encontramos a un portugués vestido sólo con un pantalón y una camisa.
  • Pero le vio entre los primeros disparates del ensueño, vestido de toga y birrete, con una espada en la mano.
  • Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin soltar de la otra el saquillo de viaje.
  • Era gruesecillo, adamado, tenía aires de comisionista francés vestido con traje talar muy pulcro y elegante.
  • Púsose la novia su vestido de seda negro, y doña Lupe se empeñó en plantarle un ramo de azahar en el pecho.
  • Las señoritas pobres, que son las más, no se resignan a enseñar el mismo vestido una tarde y otra y siempre.
  • Un mendigo, con redondo y ancho sombrero tieso, vestido de buriel pardo, discurre al sol, agachado sobre su palo.
  • Y a la viciosa le faltaba tiempo para comprarle un vestido a su nuera, quien solía pasarlo a alguna de sus hermanas.
  • Cuando yo llego ante esta puerta llega también un hombre vestido de pana gris y ceñido el cuerpo por ancha faja negra.
  • Despachados los más urgentes quehaceres del día, peinose con mucha sencillez, se puso su vestido negro, las botas nuevas.
  • él mismo, vestido de canónigo con traje de coro, casaba en la iglesia parroquial del Vivero a don Álvaro y a la Regenta.
  • Jacinta y su marido fueron al comedor, donde le encontraron hecho un adefesio, cara, manos y vestido llenos de aquella pringue.
  • Al mediodía estaba solo en ella, y el cuerpo de Fortunata, ya vestido con su hábito negro de los Dolores, yacía en el lecho.
  • Se mordían los labios con rabia y dudaban de su laboriosidad cuando no podía convertir en vestido flamante un guiñapo viejo.
  • Jamás había hecho tanta sensación ella, la viudita, con el vestido más escandaloso, como Ana con su hábito y su beatería.
  • Azorín, alto, inquieto, nervioso, vestido de negro, con un bastón que lleva diagonal, cogido cerca del puño a modo de tizona.
  • El gentío presentaba igual aspecto en todas las calles, como si la ciudad entera se hubiese vestido con arreglo al mismo patrón.
  • Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso.
  • Di traza con los que me ayudaron de mudar de hábito y ponerme calza de obra y vestido al uso, cuellos grandes y un lacayo en menudos.
  • En esto estábamos, cuando vino uno con sus botas de camino y su vestido pardo, con un sombrero prendidas las faldas por los dos lados.
  • Este hombre, que no se sabía de dónde había venido, andaba vestido con una blusa negra, alpargatas y un crucifijo colgado al cuello.
  • Determinaron de irse fuera, y yo dije que antes trazasen mi vestido, porque quería gastar los cien reales en uno, y quitarme la sotana.
  • Se le ocurrió poner, colgado en el balcón, el cuerpo de vestido que pegada tenía la cosa falsa con que doña Lupe engañaba al público.
  • Hacía una cosa muy indecente, ¡vaya!, que era levantarse el vestido por detrás, dar media vuelta echándose a reír y enseñar el culito.
  • Mas a sus tres hermanas eclipsaba Jacinta, que estaba guapísima, con un vestido muy sencillo de rayas negras y blancas sobre fondo encarnado.
  • Compré un vestido pardo, cuello y espada, y despedíme de Valcázar, que era el pobre que dije, y busqué por los mesones en qué ir a Toledo.
  • Quedose sola Fortunata, y se puso a hacer en su vestido de gro negro, que había de lucir en la ceremonia, ciertos arreglos de escasa importancia.
  • ¡Cosa más rara! Estaba tocando el vestido y a veces hasta sentía una rodilla de la Regenta, de la mujer que deseaba ¿cuándo se vería él en otra?
  • Yendo en estas conversaciones, topamos en un borrico un ermitaño, con una barba tan larga que hacía lodos con ella, macilento y vestido de paño pardo.
  • Y hasta el emblema de la casa, aquel maniquí vestido de labradora, parecía mirar al través de los cristales la extensa y alegre plaza con ojos de muerto.
  • A esta mesa solía ir Nicolás Rubín, vestido de seglar como los otros, sirviendo de transición entre aquel círculo y el próximo, donde su hermano estaba.
  • Se presentó Manolo el Chafandín, vestido de día de fiesta, muy elegante, muy empaquetado, con un sombrero ancho torero y una gran cadena de reloj de plata.
  • San Antonio, vestido de azul, mira extático, cruzados los brazos, a un niño que desciende entre una nube amarillenta y le ofrece un ramo de blancas azucenas.
  • Ella había heredado la aplicación de la palabreja, que ya le disgustaba por ser como desecho de una pasión anterior, un vestido o alhaja ensuciados por el uso.
  • Afortunadamente, después del curso con don Gregorio Azurmendi, que nos explicaba matemáticas vestido de frac y corbata blanca, llegaron las vacaciones de verano.
  • Y así, para no hacer más gasto no teniendo dinero, determiné de salirme con dos muletas de la casa, y vender mi vestido, cuellos y jubones, que era todo muy bueno.
  • Todos los años va en el entierro de Cristo, Vinagre, o sea don Belisario Zumarri, el maestro más sanguinario de Vetusta, vestido de nazareno y con una cruz a cuestas.
  • Frailecillo blanco y melancólico, vestido con franela fina, la cruz roja al pecho y los ojos en alto, como si filase el lamento tierno, interminable, de las almas heridas.
  • Desde que Jacinta apareció al extremo del corredor, Fortunata no quitó de ella sus ojos, examinándole con atención ansiosa el rostro y el andar, los modales y el vestido.
  • Teresa, con vestido negro de seda, grueso y crujiente, sólido aderezo con más oro que piedras, mantilla de blonda y los dedos cargados, como siempre, de sortijería barata.
  • El Mochuelo principal era el alcalde, un hombre delgado, vestido de negro, muy clerical, cacique de formas suaves, que suavemente iba llevándose todo lo que podía del Municipio.
  • En uno de los sillones laterales está un señor vestido con un traje blanquecino, con un cuello a listitas azules, con un sombrero de jipijapa que tiene una estrecha cinta negra.
  • Tenía un pecho medio descubierto, el cuerpo del vestido hecho girones y las melenas cortas le azotaban la cara en aquellos movimientos del hondero que hacía con el brazo derecho.
  • Detrás venía Josué, un mozo de cordel vestido de centurión romano, apuntando con una espada enmohecida a un sol de hoja de lata y caminando a grandes zancadas como un pájaro raro.
  • Después de esta observación, y otras por el estilo, Petra se paraba a coger florecillas en los setos, se pinchaba los dedos, se enganchaba el vestido en las zarzas, daba gritos, reía.
  • Y Andresito, como si se viera ya vestido de blanco, errante por poética selva, con el pelo cortado en flequillo y los brazos cruzados sobre el pecho, canturreaba con voz dulce y lacrimosa.
  • ¡Ah, aquella! Sí, sombrero, y de muchísimo gusto dijo el compinche con tanto énfasis como si continuara narrando el suceso histórico, y vestido azul elegantísimo y abrigo de terciopelo.
  • El vestido era negro, hábito de los Dolores, con una correa de charol muy ancha y escudo de plata chillón, ostentoso, en la manga, ceñida a la muñeca de gañán con presillas de abalorios.