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Ejemplos de oraciones con la palabra villa

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra villa en el contexto de una oración.

Término villa: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "villa" aquí tienes una selección de 32 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra villa para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Con estas y otras cosas, llegamos a la villa.
  • Era villa de importancia, de ocho a diez mil habitantes.
  • Faltaban a su casa unos metros para formar parte de la villa.
  • Después bajó, y al llegar a los Almacenes de la Villa, otra vez para arriba.
  • A un hombre del norte de Europa le debe dar la impresión de una villa andaluza.
  • Los Ohandos constituyeron durante mucho tiempo la única aristocracia de la villa.
  • El vecino del 6, que es no sé qué de la Villa, me ha prometido traer rama de pino y carrasca.
  • Pero en la villa, dominada por gentes que protegía Trampeta, se contaban horrores de los Pazos.
  • El soñoliento silencio de los pueblecillos pequeños y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre.
  • Su casa era la mejor de la calle, su calle la mejor del barrio, y su barrio el mejor de la villa.
  • Creía que una villa para el verano es el complemento de una familia distinguida que tiene coche.
  • Si los Silos son el balcón de España, ¿qué será Villa Conchita, que está más alta que ellos?
  • Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y dióme un pedazo de longaniza que la asase.
  • Y fue ansí, que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes.
  • No hay arboleda ninguna en estas huertas ni en la villa declaran en 1575 los vecinos, porque no se dan a ello.
  • Pasó el joven más allá de los Almacenes de la Villa y examinó las casas de un solo piso alto que allí existen.
  • Montaron Briones y Zalacaín a caballo y charlando de muchas cosas llegaron a esta villa, centro del valle del Baztán.
  • Diez días estuvo en esta villa, donde ninguna dificultad de importancia le ofreció la toma de posesión del caudal heredado.
  • Ciertamente, cuando un habitante del centro o del Norte de la Villa visita aquellos barrios, ni las casas ni los rostros le resultan Madrid.
  • Al llegar junto a los almacenes de la Villa, pasó junto a varios chicos, barrenderos, que estaban sentados en sus carretillas con las escobas en la mano.
  • Verdad que Madrid apenas tenía elementos de defensa contra esta invasión, porque las iglesias de esta villa, además de muy sucias, son verdaderos adefesios como arte.
  • Y dejéle en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomé la puerta de la villa en los pies de un trote, y antes que la noche viniese di conmigo en Torrijos.
  • El viento pasaba con la hora en brazos por encima de la Plaza Mayor y se iba hasta Palacio, y aún más allá, cual si fuera mostrando la hora por toda la Villa y diciendo a sus habitantes.
  • Don Víctor, loco de contento, salió del Vivero con su mujer y con Petra y se instaló en el puerto mejor de la provincia, La Costa, villa floreciente más rica que Vetusta, emporio del cabotaje y vestida muy a la moda.
  • Oyoles la conversación sin aparentar oírla, aunque nada interesante tenía para él, pues versó sobre si la Villa iba a suprimir tantas y tantas mulas del ramo de jardines y paseos para repartirse la cebada entre los concejales.
  • Pero a la tarde siguiente, Pseudo Narcissus odoripherus, fue a buscarle a la botica de Samaniego, y le dijo que Fortunata tenía citas con un señor en una casa del paseo de Santa Engracia, un poquito más arriba de los almacenes de la Villa.
  • La viuda había empeñado y perdido para siempre un centenar de hanegadas de tierra de arroz que le producían muy buenos cuartos, para adquirir aquella ratonera brillante y frágil, a la que puso el título de Villa Conchita, no sin protestas ni rabietas de Amparo.
  • Esta es una encrucijada lóbrega, constituida por una pared de la iglesia con varias rejas tapiadas, por la Casa del Ayuntamiento con sus balcones volados y su gran portón coronado por el escudo de la villa, y por un caserón enorme en cuyo bajo se halla instalado el almacén de Azpillaga.
  • Después, en un prado anejo a la Ciudadela y del cual se había apoderado la villa, iba el tamborilero y la gente bailaba alegremente, al son del pito y del tamboril, hasta que el toque del Ángelus terminaba con la zambra y los campesinos volvían a sus casas después de hacer una estación en la taberna.
  • Esto añadió es una copia de una narración que hace el cronista Iñigo Sánchez de Ezpeleta acerca de cómo fué vertida la primera sangre en la guerra de los linajes, en Urbia, entre el solar de Ohando y el de Zalacaín, y supone que estas luchas comenzaron en nuestra villa a fines del siglo XIV o a principios del XV.
  • Al centro de la Villa no venía nunca, y para las relaciones y amistades que en las partes más animadas de Madrid tenía, aquella existencia paralítica y con tantos achaques, aquella vida circunscrita al barrio extremo, eran como una muerte anticipada, pues del verdadero Feijoo, tal como le conocimos, no quedaba ya más que una sombra.
  • A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto entusiasmaba a doña Manuela, el tal chalet no pasaba de ser una casa de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de Villa Teresa, Villa María, etcétera, según fuese el nombre de la propietaria.