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Ejemplos de oraciones con la palabra visitas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra visitas en el contexto de una oración.

Término visitas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "visitas" aquí tienes una selección de 97 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra visitas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Podía quitarle visitas.
  • ¿qué tenemos con esas visitas?
  • Del hospedaje de su tío, y visitas.
  • Andrés hacía las visitas por la mañana.
  • Creo que tiene visitas respondió el paje.
  • Es una falta recibir visitas con esta facha.
  • A la mañana siguiente llegaron las visitas.
  • Lo más del tiempo lo empleaban en pagar visitas.
  • Por la tarde aún fueron más numerosas las visitas.
  • Las visitas le daban cumplida enhorabuena por su boda.
  • Mucho agradecía la desdichada joven aquellas visitas.
  • Hija, con tantas ocupaciones, no tiene una tiempo para visitas.
  • Y bien mirado, ¿qué necesidad tenía ella de visitas de curas?
  • Que padecía un reumatismo, pues podían ser hasta veinte visitas.
  • Don Pompeyo recibía las visitas como si él fuera el amo de casa.
  • Hacía muchas visitas y buscaba modo de no aburrirse metido en casa.
  • Andrés tuvo que ir varias veces a hacer estas visitas domiciliarias.
  • Viii Las visitas a la casa de Cirila prosiguieron durante dos semanas.
  • Pero no pudo vigilarla, porque toda la tarde estuvieron entrando visitas.
  • Se presentaba únicamente cuando las visitas eran tales que lo requerían.
  • Hasta le llegaron á decir que ya que no pagaba podía ahorrar sus visitas.
  • Que el tío Fulano cogía un catarro fuerte, pues eran seis visitas para él.
  • Molestaban a Fortunata las visitas que, según ella, sólo iban por curiosear.
  • Sí, porque después se llena aquello de visitas y tengo que hablarle a solas.
  • En las últimas visitas, Maxi no hablaba más que de la proximidad de su dicha.
  • Como que a todas las visitas iba la prójima con mantón y pañuelo a la cabeza.
  • Había que hacer treinta y cuarenta visitas al día en los barrios más lejanos.
  • Ii Por la tarde pidió Moreno su coche y estuvo haciendo visitas hasta las siete.
  • El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de las visitas.
  • Y desde aquel día, el enamorado, sin abusar de la tolerancia, continuó sus visitas.
  • Suéltese usted, y cuando salude a las visitas, hágalo con serenidad y sin atropellarse.
  • Gastamos el día en pláticas desatinadas y en pagar las visitas a los personajes dichos.
  • Estaba deseando que vinieras para decirte que esas visitas del señor de Feijoo me cargan.
  • Había resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal estado de su salud.
  • En otras circunstancias, una enfermedad hubiese atraído inmediatamente innumerables visitas.
  • La soledad le iba pesando un poco a don Víctor y aquellas visitas las agradecía en el alma.
  • El día de Corpus, después de misa mayor, empezaron las visitas que duraron casi toda la tarde.
  • XV Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la aristocracia circunvecina.
  • Me temo por la pobre muchacha vaticinó don Juan, el médico, un viudo que menudeaba sus visitas.
  • Mientras lo tomaba, hablaron de las visitas que tía y sobrina hacían a la calle de Mira el Río.
  • Meses enteros sin querer teatros, ni visitas, ni más que escapadas a la Alhambra y al Generalife.
  • Por efecto de las continuas visitas le trataron como amigo íntimo los de la familia de don Manuel.
  • Quien más murmuraba contra tales visitas era don Juan, el hermano austero, huraño y de pulcra rectitud.
  • Ayer no pasó usted le dijo ella con amabilidad, porque yo no sabía quién era, y no quiero recibir visitas.
  • Don Álvaro no iba a casa de los Ozores sino muy de tarde en tarde y sólo hacía visitas de cumplido, muy breves.
  • En una de sus visitas habló a solas con su amiga, en términos tan paternales que a ella le faltó poco para llorar.
  • Cortaban estas cavilaciones las visitas de Maximiliano todos los jueves y domingos, entre las cuatro y seis de la tarde.
  • Poco después de anochecer se retiró dando las órdenes más rigurosas a los hermanos Izquierdo con respecto a visitas.
  • No recibía visitas de mujeres de conducta dudosa, y la suya era estrictamente ajustada a las prácticas de una vida regular.
  • Estas visitas, que he hecho a Don Fulano o a Doña Zutana, no las he querido cobrar porque, la verdad, no he estado acertado.
  • Doña Ana jamás había hablado a solas con el Magistral, y después que cesaron las visitas apenas volvió a verle de cerca.
  • Pero cuando él no está entran como visitas los corredores jóvenes, toda la pollería de la Bolsa, que se burla de mi marido.
  • Lo que era una catarata de mala crianza, según doña Paula, la madre del Provisor, que nunca había querido pagarle las visitas.
  • Si doña Ana recibía visitas, quién entraba cuando no estaba don Víctor o se quedaba después de salir el amo, etc., etcétera.
  • Los cumplimientos del Magistral fueron escaseando, sin saberse por qué, cuando se jubiló don Víctor, y por fin cesaron las visitas.
  • Recibía y devolvía muchas visitas, y este cuidado, uno de los más fastidiosos, pero de los más importantes, le robaba mucho tiempo.
  • Iban a tener visitas y había que estar presentables, para que las amigas, en vez de sonreírse compasivamente, se mordieran los labios.
  • Pero lo más particular era que a la misma Fortunata, al mes de aquella vida, empezaron a serle menos gratas las visitas de Don Evaristo.
  • Para Visita era el tiempo siempre el mismo, no pensaba en él, y sólo le servía de tópico de conversación en las visitas de cumplido.
  • ¡Exíjase de mí cualquier cosa menos hacer visitas de cumplido! Yo soy artista, no sirvo para esas nimiedades decía para sus adentros.
  • En Vetusta y toda su provincia la sabiduría no deslumbraba a casi nadie, y así la mayor parte de las visitas pasaban al salón inmediato.
  • Ha de estar cerca de Vetusta para que Benítez pueda hacernos frecuentes visitas y para trasladar a Ana pronto a la ciudad en caso de apuro.
  • Después de cruzar salas y pasadizos llegó al salón claro, como se llamaba en Palacio el que destinaba el Obispo a sus visitas particulares.
  • Harto tenía que hacer con ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del señorío montañés, de suerte que el guía de Julián era Primitivo.
  • A ver si encuentra usted para Andrés algún trabajo en que tenga que salir poco de casa, porque haciendo visitas está siempre de un humor malísimo.
  • Anita recibía las pocas visitas que don Álvaro se atrevía a hacerle, sin alterarse, tranquila en su presencia, y tranquila después que se marchaba.
  • Estas visitas las pagaba con la exactitud que usaba en estos asuntos el señor Quintanar, el más cumplido caballero de la ciudad, después de Bermúdez.
  • La frecuencia de las confesiones de Anita Ozores, lo mucho que duraban las visitas del Provisor al Caserón, las visitas de la Regenta a doña Petronila.
  • Antes de arreglarse había almorzado precipitadamente, con poca gana, porque no le gustaban visitas tan serias, ni sabía lo que en ellas había de decir.
  • Oíase llamar torpe a todas horas porque en las visitas cerraba la boca, o si la abría era para soltar ingenuidades y franquezas que recordaban su origen.
  • Sus hermanas se vistieron de negro y en el gran salón, en el estrado, recibieron a toda la aristocracia de Vetusta, como si se tratara de visitas de duelo.
  • ¡Ah, señora hermosa, sea Dios en su ánima! Y las más, porque las llamase así, le daban limosna y pasaban por allí aunque no fuese camino para sus visitas.
  • Se había librado de doña Clara, aquella posma que nunca terminaba relato alguno, saltando de una conversación a otra, lo que hacía sus visitas interminables.
  • El padre, siempre silencioso é impasible, recibía las visitas, estrechaba manos, agradecía con movimientos de cabeza los ofrecimientos y las frases de consuelo.
  • ¡Calla, déjale que hable! Y las visitas de Gertrudis, que con su cara grave y sus grandes ojazos de luto a que se asomaba un espíritu embozado, parecía decirles.
  • Hay que decir de paso que doña Lupe estaba algo desilusionada, pues había creído que Guillermina iba siempre a sus visitas benéficas con un regimiento de señoras.
  • En ver esto, en recordar los sitios donde anduve de chico, en paladear y saborearlo todo, he pasado más de un mes sin hacer mucho caso de visitas y de prácticas sociales.
  • Cuando iban visitas a la casa la enseñaba como una cosa rara, sonándola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo arregladito y previsor que era el niño.
  • Cruzaban la plaza y pasaban sobre los tejados golondrinas gárrulas, inquietas, que iban y venían, como si hiciesen sus visitas de despedida, próximo el viaje de invierno.
  • En dicha sala recibían visitas las monjas, y las recogidas a quienes se permitía ver a su familia los jueves por la tarde, durante hora y media, en presencia de dos madres.
  • ¡Buena estaba doña Manuela para tales indicaciones! Sabía lo que significaban las asiduas visitas, unas veces por la tarde y otras por la noche, que la hacía aquel cincuentón.
  • Los dos, tiesos, majestuosos, dentro de estos trajes que, al través de innumerables reformas, venían subsistiendo desde su boda y sólo salían a luz en visitas de días o entierros.
  • Y además de esto, para que cunda el ejemplo, manda que sus damas principales acompañen a doña Teresa en las visitas que todos los viernes y durante la cuaresma hace a los hospitales.
  • Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno.
  • Su intempestivo cariño, sus dengues, la insistencia con que solicitaba mi compañía, diciendo que le encantaba mi conversación y persona, me impedían seguir a mi amo en sus visitas a bordo.
  • Ya había hecho dos visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompañado una vez a Guillermina en sus excursiones a las miserables zahúrdas donde viven los pobres de la Inclusa y Hospital.
  • La Marquesa, Visitación, Obdulia, doña Petronila y otras amigas que habían hecho compañía a la Regenta mientras duró el mal tiempo, ahora la visitaban cada dos o tres días y las visitas eran breves.
  • Aquel traje sórdido, que tal contraste mostraba con la elegancia, riqueza y pulcritud que ante el mundo lucía el Magistral, desaparecía concluido el trabajo, al aproximarse la hora de las visitas probables.
  • Aseguraba que tenía gran semejanza fisionómica con Pío IX, y algo había en él que recordaba al difunto Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta, que no soltaba ni aun en las visitas.
  • La del Banco se la comía a besos, le hablaba de modas, le mandaba patrones a casa, y le recordaba visitas que tenía que pagar y a que ella la acompañaba, porque don Víctor se negaba a perder el tiempo en estos cumplidos.
  • Pero ahora, al pensar en las audacias que se permitió el día de Corpus y otras muchas realizadas por el bolsista en sus diarias visitas, doña Manuela deteníase avergonzada, y a estar iluminado el salón, se hubiera visto su rubor.
  • XVII GERTRUDIS, molesta por las insinuaciones de don Juan, el médico, que menudeaba las visitas para los niños, y aun pretendió verla a ella como enferma, cuando no sabía que adoleciese de cosa alguna, le anunció un día hallarse dispuesta a cambiar de médico.
  • Con el ajetreo que traía aquellos días, en los cuales hizo dos visitas a doña Lupe, celebró muchas conferencias con Juan Pablo y otra muy sustanciosa con Nicolás Rubín, que andaba desalado detrás de una canonjía, tuvo el buen señor una recaída en su enfermedad.
  • Veía la joven con gusto llegar la ocasión de aquellas visitas, las deseaba y las esperaba, porque Maximiliano era el único lazo efectivo que con el mundo tenía, y aunque el sentimiento religioso conquistara algo en ella, no la había desligado de los intereses y afectos mundanos.
  • Algunos millones más tenía don Frutos, pero al Vespucio de las Águilas ni don Frutos ni San Frutos ni nadie le ponía el pie delante tocante al rumbo y él era el único vetustense que hacía visitas en coche y tenía lacayos de librea con galones a diario, si bien a estos lacayos jamás conseguía hacerles vestirse con la pulcritud, corrección y severidad que él había observado en los congéneres de la Corte.
  • Aunque en la primer ocasión oportuna Don Álvaro se había hecho ofrecer por el mismo Quintanar el caserón de los Ozores, y ya había aventurado algunas visitas, comprendió que por entonces no debía ser aquel el teatro de sus tentativas, y donde se insinuaba era en el Espolón, con miradas y otros artificios de poco resultado, o en casa de Vegallana y en las excursiones al Vivero con más audacia, aunque no mucha, pero con escasa fortuna.
  • Severiana tenía su cama en la alcoba interior, y la sala primera estaba destinada a recibir visitas, como lo declaraban el relativo lujo de la cómoda, las sillas de Vitoria nuevecitas, el sofá de lo mismo, la mesa con cubierta de hule, el cuadrito de los dos corazones amantes, el de la Numancia en mar de musgo, los retratos de militares cuñados de Severiana, la estera de esparto flamante y sin ningún agujero, de empleitas rojas y amarillas, y en fin, las laminotas que recientemente habían sido adquiridas en el Rastro por una bicoca.