Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "vuestra" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra vuestra para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Suplico a vuestra M.
- ¿Y en vuestra casa?
- Mantenga Dios a vuestra merced.
- Las mujeres están de vuestra parte.
- Vuestra felicidad necesita de testigos.
- Pero Vuestra Majestad vencerá a la hidra.
- Eso es cosa vuestra, hijo mío, cosa vuestra.
- Entonces vuestra ciencia se basa en la utilidad.
- Beso las manos de vuestra merced, o por lo menos.
- A todos os doy las gracias por vuestra atención.
- Más va en vuestra salud que en haberos ensuciado.
- No os parecéis a vuestra madre decía a sus hijos.
- Vuestra Majestad va a gobernar el país de la ingratitud.
- Bastante relación es ésta para cobrar vuestra deuda, aunque mejor fuese.
- Harto hay más que decir de vos y de vuestra falsedad, mas por agora basta.
- Que en verdad, más me predica ella que los predicadores de vuestra alteza.
- Pues don Carlos no ha triunfado ya por vuestra culpa, por culpa de los curas.
- En el cual el día de hoy vivo y resido a servicio de Dios y de vuestra merced.
- En vuestra casa yo me acuerdo que solía andar una culebra, y ésta debe ser sin dubda.
- No, señor dije yo, que aún no eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré.
- Quiero decir que no me libré del contagio de vuestra manía de meter chicos en esta casa.
- Desengáñese Vuestra Majestad, han de pasar siglos antes de que esta nación sea presentable.
- Por vuestra vida, veáis si en ésas que traéis hay alguna que le haga, que yo os lo pagaré.
- No tenéis formado el criterio, hijo, no tenéis formado el criterio, ésa es vuestra desgracia.
- ¡Todo ese lujo, esa altivez que ostentáis, son debidos a la trampa, a la desvergüenza, a que vuestra madre es una.
- Señor, de mí dije yo ninguna pena tenga vuestra merced, que sé pasar una noche y aun más, si es menester, sin comer.
- Entonces sería vuestra madrasta pensó Gertrudis, pero no se atrevió a desnudar este pensamiento pecaminoso ante el niño.
- ¡Dilo, Tula, por lo que más quieras, por nuestra madre dímelo! No, es que os aburrís de vuestra felicidad y de vuestra soledad.
- Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna, de lo que de aquí adelante me sucediere avisaré a vuestra merced.
- Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa.
- De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.
- Porque no renieguen nuestra santa fe y vayan a las penas del infierno, siquiera ayudadles con vuestra limosna y con cinco paternostres y cinco avemarías, para que salgan de cautiverio.
- Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes regocijos, como vuestra merced habrá oído.
- ¡Oh, qué maravillosamente lo ha hecho vuestra reverencia! Justó muy ruinmente el señor don Fulano, y dio el sayete de armas al truhán, porque le loaba de haber llevado muy buenas lanzas.
- Señora, suplico a vuestra alteza que me firme este negocio, que traigo quebrada la cabeza de las persuasiones que doña Teresa me ha hecho diciéndome que despache los negocios y que haga limosnas.
- Mas también quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que adquiría, jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataba a mí de hambre, y así no me demediaba de lo necesario.
- En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de mi persona el señor arcipreste de Sant Salvador, mi señor, y servidor y amigo de vuestra merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró casarme con una criada suya.
- Pensad un poco en lo que representan, en lo que valen, en la riqueza y el ingenio que consagra a producirlos la ciudad más industriosa del mundo, y sin querer, vuestra mente os presentará entre los pliegues de las telas de moda todo nuestro organismo mesocrático, ingente pirámide en cuya cima hay un sombrero de copa.